Los familiares de Garmendia dieron detalles del secuestro

La empleada doméstica culpa a policías.

16 Abr 2010

El 21 de junio de 1977, al mediodía, Angel Mario Garmendia, fue secuestrado de la casa de su madre, donde había ido a almorzar con su esposa, Carmen Perilli, con quien tenía dos hijos. El licenciado en química había sido dirigente de la Federación Universitaria del Norte y fue profesor universitario hasta que lo dejaron cesante en 1976.

En su declaración, Perilli confirmó los acontecimientos y admitió que con su marido estaban preocupados por amigos desaparecidos, en especial por Ricardo Torres Correa y Adriana Mitrovich.

"Todos estaban armados, y uno me agitó una credencial que decía ?Coordinación Federal?. Mi esposo, que le decíamos Coqui, quiso tranquilizarme, pero me di cuenta de que estaba aterrado. Creo que uno de ellos era (Roberto) Albornoz, pero no estoy segura", relató quebrada por la emoción. Visiblemente conmovida, leyó la nota que presentó el desaparecido pidiendo su reincorporación como docente en la UNT, con el respaldo de reconocidos investigadores: "no tengo ninguna relación, conexión, pertenencia o afiliación a ninguna organización política, grupo, partido, asociación o secta, legalmente reconocida y mucho menos subversiva. Soy un ciudadano digno y respetuoso de las leyes y de las tradiciones nacionales. No tengo ni tuve actividades disociadoras de la sociedad. Mi conducta es valorada en un sentido ampliamente positivo".

Búsqueda infructuosa
"Entró la Policía y dijo que venían a detenerlo porque había atropellado a una persona. Lo metieron en un auto y se lo llevaron. Todos gritaban. Nos miramos por última vez y nunca más se supo nada de él", recordó Lidia Argentina Sosa, la empleada doméstica que presenció el operativo. Ella advirtió que los efectivos estaban vestidos de civil, pero reconoció a uno de ellos porque lo había visto antes en la Jefatura de Policía.

Los pormenores de la búsqueda fueron relatados por su hermano, César Garmendia, quien detalló el peregrinar con entrevistas infructuosas con Julio Ballofet, Antonio Arrechea y Albino Mario Zimmermann ("todos dijeron lo mismo: que las fuerzas no actuaban así sino claramente", dijo); con el Arzobispado de Tucumán y con la Nunciatura en el país. También habló de las gestiones en el Ministerio del Interior; en la Justicia, con hábeas corpus; y ante Amnesty International, la comisión de Derechos Humanos de la OEA ("por gestión de Francisco Sassi Colombres, hablé con su titular, Edmundo Vargas Carreño, quien me dijo que no quedaba nadie vivo de los desaparecidos", recordó) y la Conadep, ya en democracia.

"Agotamos los caminos posibles, y le pedí a la Conadep que vengan con urgencia para que no se pierdan pruebas, pero se demoraron. Es hora de que se haga Justicia", afirmó Garmendia.

El testigo se mostró indignado porque en la elevación a juicio oral se mencionó a su hermano como militante del Partido Comunista. "Se cometió un grave error al transcribir una descripción errada de él, basada en una ficha de Inteligencia de la Policía, que paradójicamente la conseguí yo en las búsquedas que hice. Son las manifestaciones de los secuestradores, todo falso, lo que me causó un daño moral", puntualizó.

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