La censura es una sola, pero existen distintas formas de ejercerla. Con amenazas directas, a través de presiones políticas, con leyes u organismos censores, mediante acoso judicial o condicionamientos económicos y laborales, o con saturación informativa, generalmente ejercida por monopolios públicos o privados para ningunear a los mensajes disidentes.
Existen muchos otros tipos de censura, sutiles, brutales, milenarios, modernos y sofisticados, pero nunca antes la censura fue tan necesaria como ahora, para quienes buscan impedir que un mensaje trascienda, ya sea porque una madre quiere evitar que su hijo acceda a un contenido inapropiado o porque un gobernante quiere ocultar alguna información a sus ciudadanos.
"Los televisores ya no cuestan lo que antes y por eso masificaron su alcance y las computadoras le dieron voz a la clase media. Antes, todo estaba reservado a las clases altas, pero ahora eso se amplió", describe Jorge Ortega, presidente de The Jeffrey Group, una de las agencias de comunicación, mercadotecnica y relaciones públicas más importantes de la costa este de EEUU.
Lo que dice Ortega es que hasta hace unas pocas décadas el 10 % de la población decidía lo que leía y veía el otro 90 %. Con el acceso masivo a los medios electrónicos la clase media empezó a tener voz (y voto) y a mostrar que esa inmaterializada y mal llamada "opinión pública", ya no se manifestaba a "través de" (los medios, los votos, las encuestas, las tendencias de consumo...) sino que es capaz de expresarse por sí misma y a pesar de los medios, a pesar de los votos y a pesar de las encuestas y las ventas.
Google ataca Kamtchatka
Hasta ahora, nadie ha entendido esto mejor que Google, que ha hecho de la libertad de acceso a la información un sello de la corporación, aunque esto no sea del todo cierto. Se sabe que en los resultados de búsqueda y en las herramientas que facilita Google a sus usuarios, aunque está todo, la prioridad la tienen sus socios y sus clientes.
Siempre atenta a los avances hegemónicos, China le puso un freno al megabuscador y lo ha obligado a censurar contenidos en internet, argumentando que "el fin último de Google no es otro que imponer su propia cultura".
Beijing exigió a la corporación, concretamente, que bloquearan palabras e imágenes que el Partido Comunista consideraba inaceptables, en especial cualquier disidencia política o molestas referencias históricas.
En respuesta, Google insistió con que la libertad de información es uno de sus principios irrenunciables y anunció su retiro de China, que se concretará el 10 de abril próximo. Para ello, está mudando sus oficinas a Hong Kong y ya redireccionó su dominio en China, google.cn, a su dominio en la isla, google.com.hk. En China, la censura es directa y clara y cae sobre sus oponentes con todo el peso del Estado, con pena de muerte incluida. Lo mismo pasa en Cuba, aunque sin las oportunidades de negocios que los asiáticos le ofrecen al mercado de capitales.
En Venezuela, con controles impositivos y legales, Chávez empezó a alambrar a los medios opositores -lo que no significa que sean independientes-, y a respaldar financiera y políticamente a emprendimientos mediáticos más amigables, unos estatales, otros privados, con programas conducidos hasta por el propio presidente bolivariano.
El monopolio porteño
Sería una falacia intentar comparar a la Argentina con China, Cuba o Venezuela, como irresponsablemente hacen algunos miembros de la oposición, los de hoy y los de ayer. De hecho, Reporteros sin Fronteras, una organización internacional de prestigio (y depende de qué es lo que diga, será más prestigiosa para algunos que para otros), difundió en su último informe que la libertad de prensa en la Argentina está a los niveles de países como Francia, EEUU y Japón (LA GACETA 10/2).
Sin embargo, tampoco pueden negarse las presiones del gobierno nacional contra los medios que lo critican y el reparto discrecional de la publicidad oficial.
El principal problema de la Argentina es el monopolio porteño de la información, privado o estatal, de derecha o de izquierda, monopolio al fin, y sin perspectivas de cambio. La mayoría de los medios importantes del país pertenecen a grupos con base en Buenos Aires.
La pauta oficial
Pero Tucumán -¿acaso podía ser de otra manera?- es la excepción. El gobernador Alperovich, en persona, se encargó varias veces de aclarar: "la única oposición que tengo es LA GACETA". Quizás, el mandatario entiende que "oposición" es todo medio que no diga solamente lo que él quiere. Y casi lo logra. De los dos canales de aire que tiene la provincia, el estatal no da una sola mala noticia y el privado retransmite 22 de las 24 hs programación porteña. Casi todas las radios, excepto algunos programas aislados, tienen una sola voz, la del gobernador. Fuera de LA GACETA, ningún medio gráfico sobrevive o ha logrado sobrevivir sin la pauta -o la voz- oficial.
En Tucumán hay más de 100 medios digitales de noticias (¡sí, leyó bien, más de 100!) y el 90 % subsiste gracias a la publicidad oficial, del Gobierno, municipios, comunas o entes autárquicos como la Caja Popular, entre otros. Algunos de estos sitios tienen menos de 100 visitas por día y en la mitad de ellos se encuentran los mismos títulos: obras públicas, más empleo, más salud, y algo de policiales y deportes. ¿Cómo se dice Alperovich en Chino?
Existen muchos otros tipos de censura, sutiles, brutales, milenarios, modernos y sofisticados, pero nunca antes la censura fue tan necesaria como ahora, para quienes buscan impedir que un mensaje trascienda, ya sea porque una madre quiere evitar que su hijo acceda a un contenido inapropiado o porque un gobernante quiere ocultar alguna información a sus ciudadanos.
"Los televisores ya no cuestan lo que antes y por eso masificaron su alcance y las computadoras le dieron voz a la clase media. Antes, todo estaba reservado a las clases altas, pero ahora eso se amplió", describe Jorge Ortega, presidente de The Jeffrey Group, una de las agencias de comunicación, mercadotecnica y relaciones públicas más importantes de la costa este de EEUU.
Lo que dice Ortega es que hasta hace unas pocas décadas el 10 % de la población decidía lo que leía y veía el otro 90 %. Con el acceso masivo a los medios electrónicos la clase media empezó a tener voz (y voto) y a mostrar que esa inmaterializada y mal llamada "opinión pública", ya no se manifestaba a "través de" (los medios, los votos, las encuestas, las tendencias de consumo...) sino que es capaz de expresarse por sí misma y a pesar de los medios, a pesar de los votos y a pesar de las encuestas y las ventas.
Google ataca Kamtchatka
Hasta ahora, nadie ha entendido esto mejor que Google, que ha hecho de la libertad de acceso a la información un sello de la corporación, aunque esto no sea del todo cierto. Se sabe que en los resultados de búsqueda y en las herramientas que facilita Google a sus usuarios, aunque está todo, la prioridad la tienen sus socios y sus clientes.
Siempre atenta a los avances hegemónicos, China le puso un freno al megabuscador y lo ha obligado a censurar contenidos en internet, argumentando que "el fin último de Google no es otro que imponer su propia cultura".
Beijing exigió a la corporación, concretamente, que bloquearan palabras e imágenes que el Partido Comunista consideraba inaceptables, en especial cualquier disidencia política o molestas referencias históricas.
En respuesta, Google insistió con que la libertad de información es uno de sus principios irrenunciables y anunció su retiro de China, que se concretará el 10 de abril próximo. Para ello, está mudando sus oficinas a Hong Kong y ya redireccionó su dominio en China, google.cn, a su dominio en la isla, google.com.hk. En China, la censura es directa y clara y cae sobre sus oponentes con todo el peso del Estado, con pena de muerte incluida. Lo mismo pasa en Cuba, aunque sin las oportunidades de negocios que los asiáticos le ofrecen al mercado de capitales.
En Venezuela, con controles impositivos y legales, Chávez empezó a alambrar a los medios opositores -lo que no significa que sean independientes-, y a respaldar financiera y políticamente a emprendimientos mediáticos más amigables, unos estatales, otros privados, con programas conducidos hasta por el propio presidente bolivariano.
El monopolio porteño
Sería una falacia intentar comparar a la Argentina con China, Cuba o Venezuela, como irresponsablemente hacen algunos miembros de la oposición, los de hoy y los de ayer. De hecho, Reporteros sin Fronteras, una organización internacional de prestigio (y depende de qué es lo que diga, será más prestigiosa para algunos que para otros), difundió en su último informe que la libertad de prensa en la Argentina está a los niveles de países como Francia, EEUU y Japón (LA GACETA 10/2).
Sin embargo, tampoco pueden negarse las presiones del gobierno nacional contra los medios que lo critican y el reparto discrecional de la publicidad oficial.
El principal problema de la Argentina es el monopolio porteño de la información, privado o estatal, de derecha o de izquierda, monopolio al fin, y sin perspectivas de cambio. La mayoría de los medios importantes del país pertenecen a grupos con base en Buenos Aires.
La pauta oficial
Pero Tucumán -¿acaso podía ser de otra manera?- es la excepción. El gobernador Alperovich, en persona, se encargó varias veces de aclarar: "la única oposición que tengo es LA GACETA". Quizás, el mandatario entiende que "oposición" es todo medio que no diga solamente lo que él quiere. Y casi lo logra. De los dos canales de aire que tiene la provincia, el estatal no da una sola mala noticia y el privado retransmite 22 de las 24 hs programación porteña. Casi todas las radios, excepto algunos programas aislados, tienen una sola voz, la del gobernador. Fuera de LA GACETA, ningún medio gráfico sobrevive o ha logrado sobrevivir sin la pauta -o la voz- oficial.
En Tucumán hay más de 100 medios digitales de noticias (¡sí, leyó bien, más de 100!) y el 90 % subsiste gracias a la publicidad oficial, del Gobierno, municipios, comunas o entes autárquicos como la Caja Popular, entre otros. Algunos de estos sitios tienen menos de 100 visitas por día y en la mitad de ellos se encuentran los mismos títulos: obras públicas, más empleo, más salud, y algo de policiales y deportes. ¿Cómo se dice Alperovich en Chino?







