El juego de los miles de millones se puso en marcha. Como en "El Estanciero", los que quieran jugar deberán seguir las reglas que establece la banca, comprando la tranquilidad financiera de corto plazo e hipotecando el futuro si es que se acaba el dinero. Aún más, los jugadores suelen caer en las casillas que marcan la suerte y el destino. Si se portan mal, seguramente marcharán preso y hasta pueden perder uno o dos turnos electorales si es que los dados políticos no los favorecen. Así es el juego. Cada vuelta por el tablero kirchnerista significa un pedido de dinero. Pasar por la Residencia de Olivos o por la Casa Rosada significará para cada jugador una capitalización para mantenerse en el juego político, ese que no le importa los efectos del incremento del gasto público con tal de mantenerse vigente.
Así se desenvuelve la historia entre el kirchnerismo y los gobernadores. Los mandatarios del interior se hacen consultas permanentes. ¿Cuánto ganamos y cuánto perderemos si apostamos nuestras fichas a la sanción de la coparticipación total del impuesto al Cheque?, es casi una pregunta obligada entre los gobernadores. José Alperovich picó en punta. El tucumano marcó el camino del resto de los leales al Gobierno nacional. Más que por convicción, el clamor del mandatario provincial está imbuido de necesidad. Públicamente dijo que Tucumán pierde más de $ 500 millones si sus representantes en el Congreso le dan el voto al proyecto que impulsa la oposición. En realidad, al alperovichismo le conviene vivir de prestado, mediante créditos para pagar deudas y para encarar obras públicas.
Cristina Fernández de Kirchner no está dispuesta a dejar de ser la banca. Durante la reunión del sábado, en Olivos, con senadores y diputados afines, la presidenta de la Nación afirmó que es ella la que debe instalar el debate sobre la coparticipación y no la oposición. La jefa de Estado está convencida que va por el camino correcto, sobre todo ahora que el canje de la deuda aparece como una posibilidad de abrir el mercado de créditos para la Argentina. Y se explayó en ese sentido durante los 70 minutos de su alocución del sábado.
Claro que el discurso presidencial vino precedido de una suerte de "reglamento" de este Estanciero K. Miguel Pichetto, jefe de la bancada de senadores del Frente para la Victoria, había adelantado la posibilidad de rediscutir sobre cómo se reparte la plata coparticipable. En realidad, marcó la cancha por si alguien se animaba a tirar porcentajes deseados de distribución de fondos federales. "Aclaren que todo, en mayor o menor medida, sale de los fondos destinados al Plan de Asistencia Financiera (PAF) y de la plata de la soja", dicen que expuso el jefe de bloque. En resumen, se trata de un juego de suma cero, en el que el Gobierno nacional fortalece el control sobre los recursos ya presupuestados, con el fin de dar la idea que está cediendo en la pelea por la coparticipación.
A estas alturas del año, en otros períodos, la mayoría de las provincias ya tenía acordado el PAF (el préstamo para pagar las deudas provinciales a los acreedores) y definido el esquema de la distribución de las retenciones que se aplican a la exportación de soja. El kirchnerismo volvió a ganar tiempo a costa de la desesperación de las provincias. En suma, los gobernadores están frente a un verdadero escenario del "dilema del prisionero" de la teoría de los juegos, con conflictos de intereses que puede llevar a la cooperación entre pares o, directamente, a la traición, con tal de obtener la tajada más grande de la torta de recursos.
El precio del tiempo
Apenas se reincorporó a sus funciones, Alperovich recibió un llamado del bonaerense Daniel Scioli, que sorprendió a su entorno. El ex presidente de la Nación quería saber qué postura iba a adoptar el tucumano en la discusión que se profundizará el lunes, durante la convocatoria que hizo Cristina a los mandatarios. Scioli está desesperado por conseguir plata. Su distrito está conduciendo al resto de las provincias hacia el déficit fiscal y hasta agobia a las empresas radicadas en el interior mediante interpretaciones antojadizas de la Agencia de Recaudación de Buenos Aires (ARBA) para cobrarles Ingresos Brutos. Los empresarios están que trinan. Sienten que hay cada vez más provincias que está imitando a la más grande, creando una suerte de aduana interna que pide cobrar por el solo hecho de pasar por su territorio. Algo así como en "El Estanciero".
Alperovich ya hizo los deberes. Cree que la presidenta de la Nación le aprobará un crédito de $ 550 millones mediante el PAF y que la deuda no será problema este año. Desde la Nación le han prometido otros $ 600 millones para ejecutar obras pública. Esto último es lo que se perdería realmente en caso de que decida dar su aprobación al reparto total de la recaudación del impuesto al Cheque. "Perderemos la mitad de la plata si vamos en esa dirección", afirmó el gobernador ante sus colaboradores. En el fondo, no hay intenciones oficiales serias de debatir un nuevo esquema de coparticipación. No le conviene políticamente. Todo es pour la galerie. En la distribución, ningún gobernador estará dispuesto a ceder porcentajes respecto de otros. Sería un suicidio político, como que la Presidenta ceda el control de la caja a la liga de gobernadores, un año antes de las elecciones generales. La banca en este juego de intereses políticos (el Gobierno nacional) sólo ganó tiempo.
Así se desenvuelve la historia entre el kirchnerismo y los gobernadores. Los mandatarios del interior se hacen consultas permanentes. ¿Cuánto ganamos y cuánto perderemos si apostamos nuestras fichas a la sanción de la coparticipación total del impuesto al Cheque?, es casi una pregunta obligada entre los gobernadores. José Alperovich picó en punta. El tucumano marcó el camino del resto de los leales al Gobierno nacional. Más que por convicción, el clamor del mandatario provincial está imbuido de necesidad. Públicamente dijo que Tucumán pierde más de $ 500 millones si sus representantes en el Congreso le dan el voto al proyecto que impulsa la oposición. En realidad, al alperovichismo le conviene vivir de prestado, mediante créditos para pagar deudas y para encarar obras públicas.
Cristina Fernández de Kirchner no está dispuesta a dejar de ser la banca. Durante la reunión del sábado, en Olivos, con senadores y diputados afines, la presidenta de la Nación afirmó que es ella la que debe instalar el debate sobre la coparticipación y no la oposición. La jefa de Estado está convencida que va por el camino correcto, sobre todo ahora que el canje de la deuda aparece como una posibilidad de abrir el mercado de créditos para la Argentina. Y se explayó en ese sentido durante los 70 minutos de su alocución del sábado.
Claro que el discurso presidencial vino precedido de una suerte de "reglamento" de este Estanciero K. Miguel Pichetto, jefe de la bancada de senadores del Frente para la Victoria, había adelantado la posibilidad de rediscutir sobre cómo se reparte la plata coparticipable. En realidad, marcó la cancha por si alguien se animaba a tirar porcentajes deseados de distribución de fondos federales. "Aclaren que todo, en mayor o menor medida, sale de los fondos destinados al Plan de Asistencia Financiera (PAF) y de la plata de la soja", dicen que expuso el jefe de bloque. En resumen, se trata de un juego de suma cero, en el que el Gobierno nacional fortalece el control sobre los recursos ya presupuestados, con el fin de dar la idea que está cediendo en la pelea por la coparticipación.
A estas alturas del año, en otros períodos, la mayoría de las provincias ya tenía acordado el PAF (el préstamo para pagar las deudas provinciales a los acreedores) y definido el esquema de la distribución de las retenciones que se aplican a la exportación de soja. El kirchnerismo volvió a ganar tiempo a costa de la desesperación de las provincias. En suma, los gobernadores están frente a un verdadero escenario del "dilema del prisionero" de la teoría de los juegos, con conflictos de intereses que puede llevar a la cooperación entre pares o, directamente, a la traición, con tal de obtener la tajada más grande de la torta de recursos.
El precio del tiempo
Apenas se reincorporó a sus funciones, Alperovich recibió un llamado del bonaerense Daniel Scioli, que sorprendió a su entorno. El ex presidente de la Nación quería saber qué postura iba a adoptar el tucumano en la discusión que se profundizará el lunes, durante la convocatoria que hizo Cristina a los mandatarios. Scioli está desesperado por conseguir plata. Su distrito está conduciendo al resto de las provincias hacia el déficit fiscal y hasta agobia a las empresas radicadas en el interior mediante interpretaciones antojadizas de la Agencia de Recaudación de Buenos Aires (ARBA) para cobrarles Ingresos Brutos. Los empresarios están que trinan. Sienten que hay cada vez más provincias que está imitando a la más grande, creando una suerte de aduana interna que pide cobrar por el solo hecho de pasar por su territorio. Algo así como en "El Estanciero".
Alperovich ya hizo los deberes. Cree que la presidenta de la Nación le aprobará un crédito de $ 550 millones mediante el PAF y que la deuda no será problema este año. Desde la Nación le han prometido otros $ 600 millones para ejecutar obras pública. Esto último es lo que se perdería realmente en caso de que decida dar su aprobación al reparto total de la recaudación del impuesto al Cheque. "Perderemos la mitad de la plata si vamos en esa dirección", afirmó el gobernador ante sus colaboradores. En el fondo, no hay intenciones oficiales serias de debatir un nuevo esquema de coparticipación. No le conviene políticamente. Todo es pour la galerie. En la distribución, ningún gobernador estará dispuesto a ceder porcentajes respecto de otros. Sería un suicidio político, como que la Presidenta ceda el control de la caja a la liga de gobernadores, un año antes de las elecciones generales. La banca en este juego de intereses políticos (el Gobierno nacional) sólo ganó tiempo.







