13 Abril 2003 Seguir en 
Nada está definido en la batalla por la sucesión de Duhalde. El país deberá ir a una segunda vuelta, el 18 de mayo, en la que se enfrentarán los dos más votados.
Las elecciones siempre abren esperanzas. En estos días previos aumentan las especulaciones, aunque con poca pasión, sobre la pulseada nacional. El desinterés ciudadano inquieta en Tucumán a los operadores políticos.
No hay muchos actos públicos y los contactos con la gente se limitan a lo necesario para tener a los candidatos en la calle y llamar la atención.
A dos semanas de los comicios del 27, los indecisos y los promotores del voto-bronca conforman una legión que no está tan segura de que el periódico reemplazo de funcionarios garantice que surjan mejores gobiernos.
Aunque la renovación presidencial no despierta interés, por el desencanto derivado de la ineficiencia política y la corrupción, siempre la ansiedad democrática perfora la indiferencia y es capaz de encender las ilusiones.
Es como el cambio del calendario. Muchos piensan que el mecanismo de las urnas funciona como una bisagra que facilitará las transformaciones y que permitirá que la gente viva mejor.
En realidad, con tantos fracasos sobre sus espaldas, Tucumán es un ejemplo de que nada garantiza que la democracia (el mejor sistema político cuando funciona bien) conduzca siempre a tener éxito, si no se afianzan las instituciones, si no hay transparencia en la gestión o si se quiebra el estado de derecho.Esta provincia necesita inversiones productivas sólidas, para compensar la caída que soportan actividades que no se ven beneficiadas con el dólar caro o a las que quebró la devaluación.
La creación de empleo es un desafío del que dependen las 250.000 personas que no tienen trabajo o sólo consiguen ocupaciones precarias. Miles de jóvenes se encuentran cada año sólo con un hondo vacío laboral.
Tampoco se logrará, como un hecho milagroso, que mejoren la educación y el sistema de atención sanitaria, o que el Estado sea capaz de generar una estructura eficiente, que evolucione en base a las necesidades de los ciudadanos, sobre todo de los más desprotegidos.
La seguridad, tanto como el crecimiento económico, merece esfuerzos especiales, porque ahí son más visibles los dramas sociales y los estallidos provocados por el desempleo. No se trata de reprimir o de elevar las penas. Hay aspectos sociales que crean un explosivo clima de alta inestabilidad y que reducen la credibilidad del gobierno.
El sector privado hace esfuerzos para superar la crisis y aprovechar la coyuntura, aunque surgen dudas sobre quién será el presidente dentro de un mes y medio. No todos los candidatos tienen las mismas estrategias.
Puede ser un buen año en Tucumán para las actividades que aprovechan la megadevaluación. Granos, limones y azúcar, aunque no batirán récords por la sequía, se beneficiarán con los precios. La pesificación 1 a 1 de las deudas también ayuda y se reactiva la reparación de fábricas y la compra de máquinas agrícolas.
Aumentan las exportaciones; la temporada de turismo tendrá mucho movimiento en el país y hay sectores que sustituyen importaciones, como la industria textil.
En cambio, las muertes de chicos desnutridos y las que pueden venir este invierno golpean el corazón, pero no sacuden a los funcionarios. Tucumán está enferma y la agenda social no funciona o no interesa al poder.
También se trabaja en un planteo de extrema confusión en el millonario canje de los Bocade. Varias empresas amenazan con dejar de recibir bonos y Lecop, frente a la posibilidad de que la pérdida sea superior al 15% y al peligro de que aparecan muchos papeles falsos o mellizos.
Saben que en algún momento la Operatoria FET morirá y que, si no consigue dinero fresco en abundancia, el mirandismo puede verse obligado a armar otro corralito. El bono empieza a provocar miedo. "Aquí puede haber una masacre, si nadie quiere recibir bonos, estalla el desagio y los pesos verdaderos no alcanzan para todos", dicen los bancos.
Las elecciones siempre abren esperanzas. En estos días previos aumentan las especulaciones, aunque con poca pasión, sobre la pulseada nacional. El desinterés ciudadano inquieta en Tucumán a los operadores políticos.
No hay muchos actos públicos y los contactos con la gente se limitan a lo necesario para tener a los candidatos en la calle y llamar la atención.
A dos semanas de los comicios del 27, los indecisos y los promotores del voto-bronca conforman una legión que no está tan segura de que el periódico reemplazo de funcionarios garantice que surjan mejores gobiernos.
Aunque la renovación presidencial no despierta interés, por el desencanto derivado de la ineficiencia política y la corrupción, siempre la ansiedad democrática perfora la indiferencia y es capaz de encender las ilusiones.
Es como el cambio del calendario. Muchos piensan que el mecanismo de las urnas funciona como una bisagra que facilitará las transformaciones y que permitirá que la gente viva mejor.
En realidad, con tantos fracasos sobre sus espaldas, Tucumán es un ejemplo de que nada garantiza que la democracia (el mejor sistema político cuando funciona bien) conduzca siempre a tener éxito, si no se afianzan las instituciones, si no hay transparencia en la gestión o si se quiebra el estado de derecho.Esta provincia necesita inversiones productivas sólidas, para compensar la caída que soportan actividades que no se ven beneficiadas con el dólar caro o a las que quebró la devaluación.
La creación de empleo es un desafío del que dependen las 250.000 personas que no tienen trabajo o sólo consiguen ocupaciones precarias. Miles de jóvenes se encuentran cada año sólo con un hondo vacío laboral.
Tampoco se logrará, como un hecho milagroso, que mejoren la educación y el sistema de atención sanitaria, o que el Estado sea capaz de generar una estructura eficiente, que evolucione en base a las necesidades de los ciudadanos, sobre todo de los más desprotegidos.
La seguridad, tanto como el crecimiento económico, merece esfuerzos especiales, porque ahí son más visibles los dramas sociales y los estallidos provocados por el desempleo. No se trata de reprimir o de elevar las penas. Hay aspectos sociales que crean un explosivo clima de alta inestabilidad y que reducen la credibilidad del gobierno.
El sector privado hace esfuerzos para superar la crisis y aprovechar la coyuntura, aunque surgen dudas sobre quién será el presidente dentro de un mes y medio. No todos los candidatos tienen las mismas estrategias.
Puede ser un buen año en Tucumán para las actividades que aprovechan la megadevaluación. Granos, limones y azúcar, aunque no batirán récords por la sequía, se beneficiarán con los precios. La pesificación 1 a 1 de las deudas también ayuda y se reactiva la reparación de fábricas y la compra de máquinas agrícolas.
Aumentan las exportaciones; la temporada de turismo tendrá mucho movimiento en el país y hay sectores que sustituyen importaciones, como la industria textil.
En cambio, las muertes de chicos desnutridos y las que pueden venir este invierno golpean el corazón, pero no sacuden a los funcionarios. Tucumán está enferma y la agenda social no funciona o no interesa al poder.
También se trabaja en un planteo de extrema confusión en el millonario canje de los Bocade. Varias empresas amenazan con dejar de recibir bonos y Lecop, frente a la posibilidad de que la pérdida sea superior al 15% y al peligro de que aparecan muchos papeles falsos o mellizos.
Saben que en algún momento la Operatoria FET morirá y que, si no consigue dinero fresco en abundancia, el mirandismo puede verse obligado a armar otro corralito. El bono empieza a provocar miedo. "Aquí puede haber una masacre, si nadie quiere recibir bonos, estalla el desagio y los pesos verdaderos no alcanzan para todos", dicen los bancos.







