08 Marzo 2010 Seguir en 
BAGDAD/MOSUL.- Para acudir a las urnas en Irak no se necesita sólo confiar en los candidatos que aparecen en la papeleta electoral. Se necesita, sobre todo, valor. Las primeras explosiones se escucharon por la mañana en Bagdad. Los rebeldes no escatimaron esfuerzos para asustar a aquéllos dispuestos a hacer cola frente a los locales.
Delante del colegio femenino Al Sawari, en la calle de Palestina en el este de Bagdad, hombres y mujeres hicieron filas por separado. La mayoría de las madres fueron con sus niños. A todos se los registró dos veces antes de entrar a los locales para ver si portaban armas o explosivos. Y de repente se escuchó una fuerte detonación en la calle.
Las ventanas saltaron hechas añicos y varias mujeres comenzaron a gritar. Los niños lloraban a coro. "No tengan miedo, es sólo una granada de mortero que hizo un agujero en el asfalto a 100 metros de aquí. Nadie resultó herido, ¡tranquilícense!", arengaba un vigilante.
El pánico cedió poco a poco en el colegio, ubicado en un barrio mayoritariamente chiíta. Los votantes van depositando uno tras otro su papeleta en las urnas. A la salida del local, introducen el dedo en un recipiente con tinta violeta, para evitar que puedan rellenar una segunda papeleta. Pero el miedo también estuvo presente en la provincia de Nínive, donde los partidos de kurdos y árabes se disputan desde hace años el poder.
"Temprano había mucha gente en los locales electorales, pero después de las primeras explosiones desaparecieron los votantes", señaló Jassim Mohammed, el portavoz de la comisión electoral en Mosul. (DPA)
Delante del colegio femenino Al Sawari, en la calle de Palestina en el este de Bagdad, hombres y mujeres hicieron filas por separado. La mayoría de las madres fueron con sus niños. A todos se los registró dos veces antes de entrar a los locales para ver si portaban armas o explosivos. Y de repente se escuchó una fuerte detonación en la calle.
Las ventanas saltaron hechas añicos y varias mujeres comenzaron a gritar. Los niños lloraban a coro. "No tengan miedo, es sólo una granada de mortero que hizo un agujero en el asfalto a 100 metros de aquí. Nadie resultó herido, ¡tranquilícense!", arengaba un vigilante.
El pánico cedió poco a poco en el colegio, ubicado en un barrio mayoritariamente chiíta. Los votantes van depositando uno tras otro su papeleta en las urnas. A la salida del local, introducen el dedo en un recipiente con tinta violeta, para evitar que puedan rellenar una segunda papeleta. Pero el miedo también estuvo presente en la provincia de Nínive, donde los partidos de kurdos y árabes se disputan desde hace años el poder.
"Temprano había mucha gente en los locales electorales, pero después de las primeras explosiones desaparecieron los votantes", señaló Jassim Mohammed, el portavoz de la comisión electoral en Mosul. (DPA)
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