Vivir en guardia; esperar hasta que alguna vez aclare; armar y defender empresas a prueba de gobiernos. Una suma de preocupaciones cruza el ánimo del mundo empresario en estos días. La falta de certidumbre respecto del rumbo económico y político en el que está inmersa la Argentina es lo que tiene a mal traer a ejecutivos de empresas, comerciantes, hombres de negocio de todos los niveles y dirigentes del sector. Muchos aguardaban oír definiciones que sienten las bases para desarrollar iniciativas de largo plazo, pero la ratificación del camino y los procedimientos que se propuso la presidenta Cristina Kirchner no les allana las decisiones. Un momento especialmente complejo para la economía mundial (el comportamiento de Grecia, los coletazos de la crisis que no terminan de conjugarse) y el enrarecimiento del clima político interno, toda vez que el Gobierno nacional y los sectores de la oposición no dan brazo a torcer en sus planes convergen en el mantenimiento de un escenario complicado y difícil. Esta falta de certezas deriva también en un incremento de la inflación y en una mayor presión impositiva. Ese cóctel que tira a la baja los pronósticos agrega temor a un ambiente ya marcado por la inquietud. Miguel Kiguel, ex secretario de Financiamiento, lo expone de este modo. "La política está complicando mucho la economía y hasta hay riesgo de que se judicialice todo. Lo cierto es que la Argentina no va a entrar en default, pero este dinero del fondo que se creó es plata que se va a ir para afuera del país. Y me parece que esos pagos que se harán tampoco va a ayudar a que desde el exterior modifiquen la visión sobre la Argentina, porque se sabe que este Gobierno, aunque muestre voluntad de pago, mañana puede hacer otra cosa distinta. Aquí hay una pelea política, más que problemas económicos o financieros y todo se ha vuelto errático. Antes que aclararse las cosas, yo veo que se oscurecen más". Ese panorama sale a la luz enseguida en cualquier diálogo con los empresarios tucumanos, aunque aquí suman -como cosecha local- el agobio que les impone la renovada presión fiscal que ejerce Rentas de la provincia.
"No hay una política clara, sólo incertidumbre; por ejemplo, no se sabe qué va a pasar con la cosecha de soja, que es el producto que genera más divisas; si no se la puede comercializar habrá más problemas de caja y entonces cómo se va a resolver esto", plantea un supermercadista importante.
Hay quienes creen que no sólo no está garantizada la rentabilidad de las pocas inversiones que se concretan -condición principal para buscar que se reinvierta el dinero- sino que el cuadro aleja hasta los inversores vernáculos, los únicos que se animaron a tomar posiciones por estos lares en estos años. "Aquí no hay inversiones de gente que no sea de Tucumán o que tenga intereses en la provincia y ni a esos empresarios se los apoya; hay trabas hasta para conseguir un libre deuda y todo eso genera una retracción que lleva a una menor velocidad del crecimiento de la provincia", añade un hombre de la dirigencia empresarial.
Se habla de que el Instituto Provincial de la Vivienda liquidó unos $ 500 millones durante 2009 por pagos de certificados de obras de viviendas, pero entre los constructores dudan de que un monto similar pueda pagarse durante este año. "Si hubiera previsibilidad uno puede hacer planes de compras de bienes de capital o pensar en nuevas iniciativas, pero así como vienen las cosas no sólo se disminuyó el ritmo de obras, sino que vamos hacia una descapitalización de empresas y a una caída en los niveles de ocupación", se sinceró uno de los constructores más importante. El escenario muestra también que nada es gratis en el mundo de la economía. Cuando se espera que las principales producciones tonifiquen la demanda laboral, sólo en la construcción -entre noviembre y enero pasado- se perdieron 3.000 puestos de trabajo en la provincia.
Mientras sus entidades madres mantienen reuniones en el Ministerio de Economía para buscar algún resquicio que abra la férrea política impositiva comarcana, reconocidos hombres de negocios tachan hasta de "anárquica" la actitud del Gobierno en esta materia. "No sólo la carga es alta, parece que hasta se han vuelto locos, porque ni insumos de otras provincias se pueden comprar; pero resulta que desde el Ministerio de la Producción apoyan y promueven muchos proyectos, mientras que Rentas o Economía parecen de otro lugar. Ese doble discurso no es bueno y lleva a que sólo se invierta apenas lo necesario. Incluso parece que Rentas es peor que la AFIP ", añade otro empresario de fuste.
Se aguardaba un mejor ambiente para 2010, pero ya en el tercer mes del año las perspectivas vienen calvas. Este día a día no aparece aun en las palabras oficiales. No obstante, un viejo reclamo de amplios sectores de la provincia parece tomar cuerpo: el Gobierno proyecta planes de largo plazo para Tucumán y aseguró que está dispuesto a cumplirlos. Pero ese salto estratégico en la política no debiera dejar para después respuestas que requieren de decisiones urgentes. La administración provincial también podría hacer lo suyo para mejorar el clima de negocio.
"No hay una política clara, sólo incertidumbre; por ejemplo, no se sabe qué va a pasar con la cosecha de soja, que es el producto que genera más divisas; si no se la puede comercializar habrá más problemas de caja y entonces cómo se va a resolver esto", plantea un supermercadista importante.
Hay quienes creen que no sólo no está garantizada la rentabilidad de las pocas inversiones que se concretan -condición principal para buscar que se reinvierta el dinero- sino que el cuadro aleja hasta los inversores vernáculos, los únicos que se animaron a tomar posiciones por estos lares en estos años. "Aquí no hay inversiones de gente que no sea de Tucumán o que tenga intereses en la provincia y ni a esos empresarios se los apoya; hay trabas hasta para conseguir un libre deuda y todo eso genera una retracción que lleva a una menor velocidad del crecimiento de la provincia", añade un hombre de la dirigencia empresarial.
Se habla de que el Instituto Provincial de la Vivienda liquidó unos $ 500 millones durante 2009 por pagos de certificados de obras de viviendas, pero entre los constructores dudan de que un monto similar pueda pagarse durante este año. "Si hubiera previsibilidad uno puede hacer planes de compras de bienes de capital o pensar en nuevas iniciativas, pero así como vienen las cosas no sólo se disminuyó el ritmo de obras, sino que vamos hacia una descapitalización de empresas y a una caída en los niveles de ocupación", se sinceró uno de los constructores más importante. El escenario muestra también que nada es gratis en el mundo de la economía. Cuando se espera que las principales producciones tonifiquen la demanda laboral, sólo en la construcción -entre noviembre y enero pasado- se perdieron 3.000 puestos de trabajo en la provincia.
Mientras sus entidades madres mantienen reuniones en el Ministerio de Economía para buscar algún resquicio que abra la férrea política impositiva comarcana, reconocidos hombres de negocios tachan hasta de "anárquica" la actitud del Gobierno en esta materia. "No sólo la carga es alta, parece que hasta se han vuelto locos, porque ni insumos de otras provincias se pueden comprar; pero resulta que desde el Ministerio de la Producción apoyan y promueven muchos proyectos, mientras que Rentas o Economía parecen de otro lugar. Ese doble discurso no es bueno y lleva a que sólo se invierta apenas lo necesario. Incluso parece que Rentas es peor que la AFIP ", añade otro empresario de fuste.
Se aguardaba un mejor ambiente para 2010, pero ya en el tercer mes del año las perspectivas vienen calvas. Este día a día no aparece aun en las palabras oficiales. No obstante, un viejo reclamo de amplios sectores de la provincia parece tomar cuerpo: el Gobierno proyecta planes de largo plazo para Tucumán y aseguró que está dispuesto a cumplirlos. Pero ese salto estratégico en la política no debiera dejar para después respuestas que requieren de decisiones urgentes. La administración provincial también podría hacer lo suyo para mejorar el clima de negocio.







