02 Marzo 2010 Seguir en 
Se han realizado ayer, en el Congreso de la Nación y en la Legislatura de Tucumán, los solemnes actos de iniciación de las sesiones de ese poder del Estado, con el mensaje del Ejecutivo. Ocioso sería ponderar la significación intrínseca de estos actos dentro de nuestra tradición republicana.
Narra la historia que, en lo nacional, se iniciaron el 22 de octubre de 1854, cuando el presidente Justo José de Urquiza pronunció aquel mensaje cerrado con la histórica frase: "Quedan abiertas las sesiones del primer Congreso Legislativo Federal". Es conocido que la ceremonia se realizó en Paraná, capital de la Confederación, de la que Buenos Aires estaba entonces separada. Tras la solución -finalmente bélica- de los conflictos entre ambas, el Congreso Nacional se abrió en Buenos Aires, con palabras del presidente Bartolomé Mitre, el 25 de Mayo de 1862.
En cuanto a nuestra provincia, el comienzo de la época constitucional coincidió con sangrientos enfrentamientos militares. Por eso, el primer mensaje normal de apertura de sesiones de la entonces denominada Sala de Representantes, fue pronunciado por el gobernador José María del Campo, el 31 de diciembre de 1855, ya pacificada la provincia y elegidas sus autoridades legales.
De todos modos -y sin contar por cierto los tramos "de facto"- hace más de un siglo y medio que los gobiernos abren las sesiones del Poder Legislativo y rinden cuentas de su gestión. Los cambios de tiempos y de costumbres han dejado atrás las comitivas de pecheras almidonadas y sombreros de copa, que hasta mediados del siglo XX prestaban peculiar brillo de gala a estos actos. Pero su solemnidad y lo que representan no se ha alterado. Las formas que lo rodean siguen siendo tocantes. La apertura de sesiones de las Cámaras -que ha restablecido felizmente su habitualidad desde 1983- sigue constituyendo un acto de mayúscula importancia, dentro de la vida de la República. Y también la de las Legislaturas.
No corresponde a esta columna un análisis pormenorizado del contenido de los mensajes pronunciados en el Congreso y en la Legislatura Provincial. Solamente apuntaremos un par de notas que entendemos notables, sobre ambas exposiciones.
En el caso de la Legislatura, merece destacarse un rasgo novedoso. Tradicionalmente, la parte central de los mensajes de apertura se destinaba a la exposición de lo realizado. No ocurrió así, en este caso. En los tramos finales de su exposición, el Poder Ejecutivo eligió referirse al "Tucumán que nos proponemos alcanzar en 2020". Y aparte de formular los principales ítems relativos a ese propósito, se preocupó de distribuir posteriormente a los legisladores, una publicación específica dedicada a tal planificación y a sus posibilidades. La misma ha sido realizada tras la consulta a diversos sectores, y su confección debe calificarse de positiva. Hubiera sido deseable, eso sí, que los partidos de oposición hubieran sumado sus puntos de vista a esa tarea.
En el Congreso de la Nación, en cambio, lo más saliente del contenido del mensaje del Poder Ejecutivo, fue la declarada intención de rectificar el decreto del Bicentenario, en torno al cual se desencadenó la conocida tormenta política, en estos últimos meses.
Parece inevitable marcar el contraste entre ambos mensajes. El del Congreso tuvo, como aspecto más notorio, una mirada hacia atrás, hacia el pasado, con la promesa de enmendar errores. En la Legislatura de la Provincia, la parte más significativa fue una mirada hacia delante, hacia el futuro. Claro que, más allá de estas apreciaciones, el voto íntimo de la ciudadanía es que, en ambas esferas, Poder Legislativo y Poder Ejecutivo, en sus respectivas órbitas, coordinen esfuerzos para el bien de la nación y de la provincia. Nadie puede desear otra cosa.
Narra la historia que, en lo nacional, se iniciaron el 22 de octubre de 1854, cuando el presidente Justo José de Urquiza pronunció aquel mensaje cerrado con la histórica frase: "Quedan abiertas las sesiones del primer Congreso Legislativo Federal". Es conocido que la ceremonia se realizó en Paraná, capital de la Confederación, de la que Buenos Aires estaba entonces separada. Tras la solución -finalmente bélica- de los conflictos entre ambas, el Congreso Nacional se abrió en Buenos Aires, con palabras del presidente Bartolomé Mitre, el 25 de Mayo de 1862.
En cuanto a nuestra provincia, el comienzo de la época constitucional coincidió con sangrientos enfrentamientos militares. Por eso, el primer mensaje normal de apertura de sesiones de la entonces denominada Sala de Representantes, fue pronunciado por el gobernador José María del Campo, el 31 de diciembre de 1855, ya pacificada la provincia y elegidas sus autoridades legales.
De todos modos -y sin contar por cierto los tramos "de facto"- hace más de un siglo y medio que los gobiernos abren las sesiones del Poder Legislativo y rinden cuentas de su gestión. Los cambios de tiempos y de costumbres han dejado atrás las comitivas de pecheras almidonadas y sombreros de copa, que hasta mediados del siglo XX prestaban peculiar brillo de gala a estos actos. Pero su solemnidad y lo que representan no se ha alterado. Las formas que lo rodean siguen siendo tocantes. La apertura de sesiones de las Cámaras -que ha restablecido felizmente su habitualidad desde 1983- sigue constituyendo un acto de mayúscula importancia, dentro de la vida de la República. Y también la de las Legislaturas.
No corresponde a esta columna un análisis pormenorizado del contenido de los mensajes pronunciados en el Congreso y en la Legislatura Provincial. Solamente apuntaremos un par de notas que entendemos notables, sobre ambas exposiciones.
En el caso de la Legislatura, merece destacarse un rasgo novedoso. Tradicionalmente, la parte central de los mensajes de apertura se destinaba a la exposición de lo realizado. No ocurrió así, en este caso. En los tramos finales de su exposición, el Poder Ejecutivo eligió referirse al "Tucumán que nos proponemos alcanzar en 2020". Y aparte de formular los principales ítems relativos a ese propósito, se preocupó de distribuir posteriormente a los legisladores, una publicación específica dedicada a tal planificación y a sus posibilidades. La misma ha sido realizada tras la consulta a diversos sectores, y su confección debe calificarse de positiva. Hubiera sido deseable, eso sí, que los partidos de oposición hubieran sumado sus puntos de vista a esa tarea.
En el Congreso de la Nación, en cambio, lo más saliente del contenido del mensaje del Poder Ejecutivo, fue la declarada intención de rectificar el decreto del Bicentenario, en torno al cual se desencadenó la conocida tormenta política, en estos últimos meses.
Parece inevitable marcar el contraste entre ambos mensajes. El del Congreso tuvo, como aspecto más notorio, una mirada hacia atrás, hacia el pasado, con la promesa de enmendar errores. En la Legislatura de la Provincia, la parte más significativa fue una mirada hacia delante, hacia el futuro. Claro que, más allá de estas apreciaciones, el voto íntimo de la ciudadanía es que, en ambas esferas, Poder Legislativo y Poder Ejecutivo, en sus respectivas órbitas, coordinen esfuerzos para el bien de la nación y de la provincia. Nadie puede desear otra cosa.







