Un cuadro de preocupación

El impacto de la inflación se hace sentir en todos lados. Complica la situación de la economía tucumana, marcada por la informalidad

Un año de perspectivas complejas comienza a tomar fuerza en estas horas. Tras un 2009 con picos de recesión y mejoras que instaló un crecimiento promedio apenas perceptible (0,9%), 2010 se asomaba con un mejor horizonte. Pero reiterados errores en la gestión política del Gobierno (lo nuevo, el caso Redrado y la ceguera en mantener como buenos los informes del Indec) y de política económica (la emisión monetaria como principal variable para sostener el consumo) han ido construyendo un cóctel preocupante en la evolución del modelo. Los bajos niveles de inversión existentes no se compadecen con el estímulo que se busca dar a la demanda. Así, se generaliza la percepción de que 2010 será un período de crecimiento "con muletas", a mitad de camino entre quienes avizoran al año con "exceso" de optimismo o "exceso" de pesimismo. El frente internacional, con un nuevo tiempo de tormentas (Grecia, ahora) no agrega certidumbre a este difícil panorama interno.

En este contexto, es el avance progresivo de los niveles de inflación el tema que instaló la luz de alarma. "El Gobierno no tiene de dónde financiar el gasto de la Nación y las provincias, entonces tiene que apelar al uso de las reservas, vía Fondo del Bicentenario o cualquier otro y eso es emisión pura, creo que vamos hacia un año fiero, como en la selva", dice un respetado consultor con sede en Buenos Aires. Lejos de las cifras increíbles que ofrece el Indec, la mayoría de las consultoras mostraron a diciembre con un 1,8%, a enero con el 2,1% y ven a febrero más o menos con el 2%. Ayer, Carlos Melconián fue un poco más allá en su diagnóstico para el mes en curso: "Para mí, está arriba del 3%, y no sólo por la carne, si le sacás la carne, el índice da arriba del 2%, yo creo que estamos en inflación fiscal, monetarista", sostiene. Otros advierten que el costo de vida anual puede rondar en el 25%, una cifra que podría esterilizar las proyecciones de crecimiento del PBI, estimadas entre un 4% y el 4,5% para todo 2010. "Va a ser un año marcado por las presiones inflacionarias y políticas, con un poco de crecimiento, devaluación, inseguridad y mucha política, en el que la clave va a ser controlar la inflación", advierte el economista Orlando Ferreres.

Sin medición propia, pero con los parámetros comunes a la media nacional (Tucumán es una provincia importadora neta de alimentos) el andamiaje social de nuestra provincia -como no- se ve cruzado por este viento pernicioso. La estructura endeble de la economía provincial, marcada en gran medida por elevados niveles de informalidad en las distintas actividades (en torno del 50%) le agrega problemas a un cuadro que se ensaña con el mundo del trabajo y con los sectores sociales más indefensos. Estrategias erradas en la construcción de un perfil económico más sólido para Tucumán muestran ahora que el esfuerzo de los últimos años puede caer en esos agujeros. Aunque se impulsaron políticas que lograron disminuir el desempleo, la pobreza y la indigencia en Tucumán resulta también evidente que la provincia aun no consiguió armar un proyecto de mayor volumen y profundidad, integrador de sus capacidades y perspectivas, que llegue a contener a su población económicamente activa. Así, miles de familias tucumanas, la gran parte de ellas vinculadas a las actividades de la construcción, el comercio, el tabaco, la frutilla, los arándanos y los limones se ubican en la primera fila de las más golpeadas por la trepada de los precios, toda vez que la mayoría de ellos trabaja al filo la informalidad. "Además de los desempleados, que son muchos, estos son los sectores más golpeados por el aumento del costo de vida. La mayoría de ellos apenas si ganan el salario mínimo y sólo pueden comprar alimentos o productos de primera necesidad, que son los que mas subieron", define un conocedor de la realidad social. Y ya en los supermercados comenzó a sentirse el impacto de una caída en los niveles de compras. "El principal responsable de cómo estamos es el Gobierno provincial que no ha creado puesto genuinos de trabajo, pero también hay empresarios aprovechadores de la situación", marca Jesús Pellasio, jefe de la CGT opositora. La historia, se sabe, sigue con el empuje para recuperar la capacidad adquisitiva de los salarios. Los gremios hacen cálculos para encauzar su reclamo y es el Estado provincial el que se ve en figurilla para contenerlos. ¿A qué cifras podrían llegar las empresas, según el sector y la rentabilidad esperada? ¿Cómo impactará toda esta puja en el mundo de la informalidad? Algunos hablan de que una mejora superior al 20% en los salarios -en sectores con más atraso- podría servir para enfrentar la subida de los precios por aquí. Pero, Felipe Salas, presidente de la Unión Industrial de Tucumán, ve que muchas empresas ni siquiera podrán sentarse a discutir. "Todo el gasto público está exagerado y no se lo quiere contener, no hay incentivo a la inversión y ya hay sectores que están trabajando a pérdida; nos estamos endeudando para poder cumplir las obligaciones; la presión impositiva es enorme y no se está viendo el grado de riesgo en el que están entrando muchas empresas",

Sin una brújula que oriente el rumbo económico, lejos de los consensos centrales para conjurar estos espasmos inquietantes, lo que queda es esperar una reacción de responsabilidad y un viaje a los tiempos del sentido común para no empeorar las cosas.

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