Cobos no, De Narváez sí, Kirchner veremos

Alperovich se vio en la obligación de dar mensajes políticos públicos y privados, como desmentir a Manzur para no dañar su relación con el matrimonio presidencial y hablar con De Narváez por pura conveniencia

Por Juan Manuel Asis 21 Febrero 2010
Para los kirchneristas con dudas existenciales crecientes aún no llegó el tiempo de adoptar definiciones políticas que los distancien del núcleo de poder patagónico, cada día más debilitado. Todavía están condicionados, deben seguir guardando las formas y mostrar en público la cucarda de pingüino, pero tienen que cuidarse de soltar la lengua o hacer gestos que provoquen interpretaciones equivocadas, so pena de sufrir el rigor del poder. En ese sentido, la semana que pasó fue rica en mensajes en Tucumán. Por ejemplo, el ministro de Salud de la Nación, Juan Manzur, afirmó que "estaba charlando con José" sobre la fecha de su regreso a Tucumán. La frase es cuanto menos impolítica a los fines del mantenimiento de la sociedad del mandatario con el matrimonio presidencial.

Imaginemos a Cristina y a Néstor en El Calafate leyendo esas declaraciones. Lo menos que pueden pensar, en momentos en que todo lo miden con el termómetro de las lealtades y de las traiciones, es que Alperovich ya está pensando en abandonar el barco. Es una grave señal en falso que dio el ministro. Hoy por hoy, el pragmatismo le indica al gobernador que debe estar en la nave, aunque lleve el nombre de Titanic II. Y reaccionó antes de que el comentario se convirtiera en una aplanadora bola de nieve. Alperovich salió a negar que esté pensando en la vuelta de Manzur. "Va a seguir en el ministerio hasta que la Presidenta diga", recalcó, como para que no queden dudas sobre quién es el (la) que manda en esta relación de intereses mutuos.

No es lo mismo que él le diga a Manzur que dé el portazo a que Cristina le ponga fin a su gestión en la cartera de Salud. Las connotaciones políticas son completamente distintas; en el primer caso significaría una nítida señal de que Alperovich empezó a despegarse de sus socios nacionales, sin temor a las represalias económicas o a los ahogos financieros a los que lo puedan someter. El mandatario, como muchos otros, debe estar esperando el momento más oportuno para tomar una decisión crítica, que se dará cuando en el peronismo aparezca el hombre que pueda garantizar el triunfo en 2011. Cuando esa figura asome con peso propio, será la hora.

¿Quién será esa persona? Los nombres en danza son pocos: los Kirchner, Reutemann, Solá, De Narváez, Duhalde, Das Neves. O el del propio Alperovich, cuya postulación a presidente "la vendió su amigo" Néstor en enero. El que diseñe la mejor estrategia política para instalarse como el que lleva las de ganar -de eso se trata en el fondo la acción política-, será el que usufructuará el respaldo final de los compañeros. Es comentado, casi como la verdad 21, que los peronistas siempre terminan yendo detrás del que les pueda asegurar la continuidad en el poder, porque "lo huelen" y porque no tienen drama en abandonar una loma para treparse a otra.

En suma, de lo que se trata es de ganar; si los Kirchner no garantizan eso en los meses que vienen, aparecerán otros apellidos en el horizonte. Los disidentes, por llamarlos de alguna forma, juegan con ese "olfato" del peronismo, por lo que lo único que tienen que hacer es "usar el mejor perfume" que encuentren y pavonearse frente a las huestes justicialistas. ¿Cuándo? Los tiempos políticos tienen su propio calendario, pero se estima que el lanzamiento de las campañas electorales presidenciales ocurrirá en el segundo semestre; el actual sólo sirve para la instalación de las posibles candidaturas, con el fin de hacer mediciones posteriores y desechar o profundizar ambiciones. El trabajo político de los interesados en suceder a los Kirchner se concentra en tratar de presentarse ante la sociedad como alternativas reales de poder, en generar una imagen, hacerla creíble y "venderla".

Por ahora, Alperovich también tiene que mostrar una imagen creíble, pero frente a los Kirchner. Debe seguir actuando como un socio leal, como el que los acompañará hasta el último día, aunque los patagónicos deben entender, y aceptar, que si el naufragio se acerca, sería de lo más normal que los marineros resuelvan saltar del barco. Para el matrimonio, esa hora aún no llegó; y pelean para mantener el kirchnerismo a flote y salir otra vez al ruedo en 2011. Si no lo consiguen, seguramente querrán elegir a un sucesor que les afirme que no mirará hacia el pasado y que no apurará causas judiciales que los tengan a maltraer. ¿Alperovich querrá ser ese delfín? Todo indica que la idea le da comezón y que, en algún momento -a fin de año o a principios del otro- ya estará diciéndole a los Kirchner "muchas gracias por la ayuda prestada".

Hoy por hoy, el titular del PE no puede darse el lujo de tomar ese arriesgado paso, tiene una tremenda dependencia económica de la Nación, lo que lo obliga a seguir siendo un alumno obediente y disciplinado (por eso el tirón de orejas a Manzur). Así lo señaló con elegancia Francisco de Narváez a LA GACETA. Con la prudencia del que sabe que más adelante puede necesitar de los votos del gobernador, el diputado nacional midió sus palabras y se cuidó de cuestionar la gestión del tucumano o su relación con los Kirchner. Más bien, con diplomacia táctica, apuntó que Alperovich, como el resto de sus pares, sufre la extorsión y la asfixia de la billetera de los Kirchner. De Narváez no es ingenuo, sabe que los votos "son de José" y que los puede necesitar en su carrera hacia la presidencia (lo mismo debe pasar por la mente de los otros postulantes, sea Reutemann o quien sea). Intuye que si es ungido candidato por el peronismo todos irán al pie, incluso Alperovich, si es que quiere repetir un tercer mandato en la provincia. Si De Narváez es Presidente -u otro, como Reutemann, o Solá, o Macri, o quien sea- al gobernador no le quedará más remedio que repetir la experiencia con los Kirchner, apuntalando al nuevo -si es que hay desplazamiento-, sea del color que sea; ya que esa política de sumisión -reconocida públicamente desde el Ejecutivo- le permitió a Tucumán gozar de la ayuda nacional. Es puro pragmatismo, un toma y daca admitido por lo bajo, lealtad a cambio de recursos, o recursos a cambio de sufragios.

Tal vez por eso Alperovich y De Narváez cruzaron telefónicamente unas palabras el martes por la tarde; formales, pero no exentas de un interés mutuo con una proyección a futuro. Ambos están condenados a abrir puertas y a dejar abiertas otras, por lo que pudiera venir. De Narváez lo llamó para anticiparle que visitaría a Tucumán, y Alperovich le apuntó que no iba a estar en la provincia. Lo interesante e importante de la anécdota no pasa por lo que conversaron, sino porque el mandatario le atendió el teléfono, lo cual a los kirchneristas les puede sonar a pecado. Lo que es inevitable es inevitable, el diputado nacional es potencialmente uno de los candidatos a la presidencia (aunque su condición de colombiano de nacimiento conspire contra sus chances) y, de última, un serio aspirante a la gobernación de Buenos Aires (ya le ganó a Néstor allí); por lo que por donde se lo vea la conveniencia de la comunicación es mutua.

¿Le costará caro a Alperovich haber atendido la llamada? El gobernador debe haber merituado que los patagónicos no están en condiciones de castigarlo, ya que es uno de los pocos fieles seguidores que le responde con gestos y palabras, más allá de los incómodos deslices verbales de sus colaboradores. Por lo menos, dejará que Manzur siga integrando el gabinete nacional "hasta que la Presidenta lo diga". Ya dio muestras de fidelidad ninguneando al vicepresidente, Julio Cobos, cada vez que este vino a Tucumán (ni guardia policial le puso, y lo tacha de traidor). Claro que Cobos es un opositor en los papeles y De Narváez, finalmente, un compañero.

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