Cuando se quiere hablar en sentido figurado sobre cómo la corrupción aparece y se expande en la sociedad se suelen usar un par de ideas referidas a la podredumbre: por un lado se alude a la manzana podrida que infecta al resto en el cajón, o bien al pescado que comienza a podrirse por la cabeza. En una comunidad que se dice organizada -o en vías de organización-, una manzanita en mal estado es un ciudadano entre miles, como los pocos varitas coimeros o los punteros políticos que se apropian de los salarios ajenos. La diferencia está en que un pescado que empieza a destruirse por la cabeza habla de un Estado cuyas autoridades no dan buenos ejemplos sino, por el contrario, con sus actitudes generan dudas sobre su verdadera vocación de servicio y alientan conductas moralmente execrables. ¿Una muestra?: un ex presidente que usufructúa sus influencias políticas y su proximidad conyugal para obtener información confidencial -no apta para las manzanitas y restringida a los exclusivos círculos del poder- y poder hacer negocios adquiriendo millones de dólares. Una operación legal, donde la ética y la moral están ausentes, cualidades que cuando se pierden marcan el inicio de la degradación del resto de cuerpo social.
Coincidencias
Entre el varita que pide lo que no le corresponde, el puntero político que exige lo que no es suyo y un ex presidente que hace lo que no debe, existe un hilo invisible que une estas actitudes reprochables. Y en todos los casos subyacen varios elementos en común: 1)- de alguna forma todos son servidores públicos -unos con más responsabilidad institucional, social y política que otros- 2)- cada uno maneja parcelas de poder -aunque con notables diferencias en cuanto al alcance de sus maniobras y decisiones-, 3)- están en condiciones de exigir y de presionar a ciudadanos, militantes o funcionarios públicos -con las limitaciones propias de sus puestos-, 4)- los controles sobre estas personas son deficientes o no funcionan debidamente -a algunos le temen, en otros casos no se quiere que las cosas cambien-, y 5)- son todos malos ejemplos.
En el caso de Néstor Kirchner lo que primero llama la atención es que haya colaboradores que salgan a dar la cara por él -porque no se anima a dar explicaciones sobre la adquisición de U$S 2 millones y la compra de un hotel- y juren que lo que hizo el ex presidente no es una inmoralidad -es legal, justifican algunos-. Antiguamente, a este tipo de leales a toda prueba se los denominaba popularmente "papel araña".
Si a esta conducta inapropiada le sumamos el estado de debilidad y de caída en picada en la credibilidad del matrimonio presidencial, lo que se verá es que algunos tratarán de obtener beneficios. Nada mejor que un hombre golpeado para presionarlo y sacarle cualquier cosa.
Efectos
El ejemplo que da "el pingüino" al resto de la dirigencia política, aumentando su patrimonio en porcentajes increíbles cuando la pobreza azota al país y haciendo dudosas operaciones inmobiliarias entre familiares en sus pagos, no es como para que lo respeten precisamente. Por el contrario, un hombre que con sus gestos demuestra que está privilegiando el bienestar personal por sobre el público -máxime cuando ocupa una posición importante en la mesa que toma las decisiones del Gobierno-, no puede obtener menos que los mismos gestos de parte de sus compañeros de ruta y en un plano complicado: el institucional. A no extrañarse.
Kirchner casi obliga con su gesto a que los gobernadores también piensen más que nada en su necesidades particulares antes que en las fidelidades al promocionado modelo (algunos se atreven a ironizar que el "modelo" que defiende el matrimonio no parece responder a intereses institucionales sino al de los negocios privados para enriquecerse). Enriquecerse, y sí, lo pueden hacer, pero esta conducta no es para imitar desde la función pública porque se alimenta la sospecha de que hay algo raro en las proximidades del kirchnerismo, y contagioso. Y si aquellos quieren salvarse, no estaría mal que los "leales" también aspiren a sacar provecho de la cercanía al poder, no para mejorar sus situaciones patrimoniales sino para presionar desde las instituciones y obtener respuestas políticas del poder central para que la crisis no los afecte en sus gestiones o para alimentar sueños de reelección. 2011 no está tan lejos como se cree.
Negocio
Así las cosas, ser leal en 2010 puede resultar al fin de cuentas un buen negocio, principalmente si se es gobernador y si se tienen votos en el Congreso (Alperovich tiene dos senadores y, al menos por ahora, siete diputados bajo su órbita). A causa del debilitamiento de los Kirchner y del fortalecimiento institucional de la oposición a partir del 10 de diciembre, este año pinta ser el de los kirchneristas puros, el de los amigos del poder, ya que podrían sacar ventajas de esta condición. La fidelidad pasará a tener un costo para el kirchnerismo, especialmente cuando el jefe hace la suya para obtener beneficios en razón de su posición privilegiada en el poder. Salvarse solo no es solidario ni de buen compañero. Ya hay manifestaciones: exigencias de obras públicas y de recursos para las provincias a cambio de que sus representantes parlamentarios levanten la mano a cuanto proyecto oficialista se presente (Ejemplo: Fondo del Bicentenario). En ese marco se puede decir que el gobernador, José Alperovich, picó en punta: pidió $ 50 millones a la Nación, y ya se los habrían dado.
El tucumano ya hizo todos los deberes que le pidieron desde la Nación y sacó la cara por los Kirchner, por lo que le llegó la hora de pedir. O de exigir. O de mostrar que está en condiciones de amenazar con abandonar el barco si en el futuro no lo siguen atendiendo bien. ¿Irán en ese sentido los rumores que circularon la semana pasada sobre que el senador Sergio Mansilla no se sumaría al bloque del Frente para la Victoria? En política hay que decodificar los mensajes de las versiones lanzadas a rodar, aunque parezcan ingenuas. Además -si seguimos en esta línea de razonamiento- qué mejor que esperar una respuesta al pedido de ayuda de $ 50 millones con una velada advertencia.
De cualquier forma, para seguir manteniendo a Alperovich en el redil, Kirchner aseguró hace poco que el tucumano es uno de los posibles presidenciables; una forma de tratar de mantener al "elegido" en el corral: dorándole la píldora, como popularmente se dice. O tal vez sea una maniobra del ex presidente para indicarle a Alperovich de lo que es capaz en caso de que intente abandonar el "modelo": exponerlo públicamente para que empiece a recibir los golpes de la oposición y de los propios oficialistas. En política, al contrincante que saca la cara -o le hacen sacar la cara- de manera temprana, es al primero que la competencia elimina electoralmente. Vulgarmente se diría que se lo arroja a los perros para que lo destruyan. Es un posible mensaje. En política no hay amigos, sino conveniencias.
Además, en vista de que los patagónicos están en su peor momento político hay que observar con atención si estos ceden ante las pretensiones de la propia tropa para no perder las adhesiones conseguidas o si los gobernadores han decidido presionar con la tácita amenaza de cruzarse de vereda si no hay devolución de gentilezas. De por sí los mandatarios pueden sentarse a esperar en sus provincias que los busquen y que les prometan ayuda a cambio de que le garanticen victorias al oficialismo en el Congreso. Aun así hay una débil frontera para distinguir entre los fieles que quieren seguir en el mismo barco porque saben que los Kirchner los necesitan y entre aquellos que están con la mirada puesta en otros horizontes pero que aceptan negociar desde una posición de presión. La complicación, en suma, es para los Kirchner, que deberán determinar quiénes son los que los siguen por conveniencia y los que pueden estar maquinando una traición
Coincidencias
Entre el varita que pide lo que no le corresponde, el puntero político que exige lo que no es suyo y un ex presidente que hace lo que no debe, existe un hilo invisible que une estas actitudes reprochables. Y en todos los casos subyacen varios elementos en común: 1)- de alguna forma todos son servidores públicos -unos con más responsabilidad institucional, social y política que otros- 2)- cada uno maneja parcelas de poder -aunque con notables diferencias en cuanto al alcance de sus maniobras y decisiones-, 3)- están en condiciones de exigir y de presionar a ciudadanos, militantes o funcionarios públicos -con las limitaciones propias de sus puestos-, 4)- los controles sobre estas personas son deficientes o no funcionan debidamente -a algunos le temen, en otros casos no se quiere que las cosas cambien-, y 5)- son todos malos ejemplos.
En el caso de Néstor Kirchner lo que primero llama la atención es que haya colaboradores que salgan a dar la cara por él -porque no se anima a dar explicaciones sobre la adquisición de U$S 2 millones y la compra de un hotel- y juren que lo que hizo el ex presidente no es una inmoralidad -es legal, justifican algunos-. Antiguamente, a este tipo de leales a toda prueba se los denominaba popularmente "papel araña".
Si a esta conducta inapropiada le sumamos el estado de debilidad y de caída en picada en la credibilidad del matrimonio presidencial, lo que se verá es que algunos tratarán de obtener beneficios. Nada mejor que un hombre golpeado para presionarlo y sacarle cualquier cosa.
Efectos
El ejemplo que da "el pingüino" al resto de la dirigencia política, aumentando su patrimonio en porcentajes increíbles cuando la pobreza azota al país y haciendo dudosas operaciones inmobiliarias entre familiares en sus pagos, no es como para que lo respeten precisamente. Por el contrario, un hombre que con sus gestos demuestra que está privilegiando el bienestar personal por sobre el público -máxime cuando ocupa una posición importante en la mesa que toma las decisiones del Gobierno-, no puede obtener menos que los mismos gestos de parte de sus compañeros de ruta y en un plano complicado: el institucional. A no extrañarse.
Kirchner casi obliga con su gesto a que los gobernadores también piensen más que nada en su necesidades particulares antes que en las fidelidades al promocionado modelo (algunos se atreven a ironizar que el "modelo" que defiende el matrimonio no parece responder a intereses institucionales sino al de los negocios privados para enriquecerse). Enriquecerse, y sí, lo pueden hacer, pero esta conducta no es para imitar desde la función pública porque se alimenta la sospecha de que hay algo raro en las proximidades del kirchnerismo, y contagioso. Y si aquellos quieren salvarse, no estaría mal que los "leales" también aspiren a sacar provecho de la cercanía al poder, no para mejorar sus situaciones patrimoniales sino para presionar desde las instituciones y obtener respuestas políticas del poder central para que la crisis no los afecte en sus gestiones o para alimentar sueños de reelección. 2011 no está tan lejos como se cree.
Negocio
Así las cosas, ser leal en 2010 puede resultar al fin de cuentas un buen negocio, principalmente si se es gobernador y si se tienen votos en el Congreso (Alperovich tiene dos senadores y, al menos por ahora, siete diputados bajo su órbita). A causa del debilitamiento de los Kirchner y del fortalecimiento institucional de la oposición a partir del 10 de diciembre, este año pinta ser el de los kirchneristas puros, el de los amigos del poder, ya que podrían sacar ventajas de esta condición. La fidelidad pasará a tener un costo para el kirchnerismo, especialmente cuando el jefe hace la suya para obtener beneficios en razón de su posición privilegiada en el poder. Salvarse solo no es solidario ni de buen compañero. Ya hay manifestaciones: exigencias de obras públicas y de recursos para las provincias a cambio de que sus representantes parlamentarios levanten la mano a cuanto proyecto oficialista se presente (Ejemplo: Fondo del Bicentenario). En ese marco se puede decir que el gobernador, José Alperovich, picó en punta: pidió $ 50 millones a la Nación, y ya se los habrían dado.
El tucumano ya hizo todos los deberes que le pidieron desde la Nación y sacó la cara por los Kirchner, por lo que le llegó la hora de pedir. O de exigir. O de mostrar que está en condiciones de amenazar con abandonar el barco si en el futuro no lo siguen atendiendo bien. ¿Irán en ese sentido los rumores que circularon la semana pasada sobre que el senador Sergio Mansilla no se sumaría al bloque del Frente para la Victoria? En política hay que decodificar los mensajes de las versiones lanzadas a rodar, aunque parezcan ingenuas. Además -si seguimos en esta línea de razonamiento- qué mejor que esperar una respuesta al pedido de ayuda de $ 50 millones con una velada advertencia.
De cualquier forma, para seguir manteniendo a Alperovich en el redil, Kirchner aseguró hace poco que el tucumano es uno de los posibles presidenciables; una forma de tratar de mantener al "elegido" en el corral: dorándole la píldora, como popularmente se dice. O tal vez sea una maniobra del ex presidente para indicarle a Alperovich de lo que es capaz en caso de que intente abandonar el "modelo": exponerlo públicamente para que empiece a recibir los golpes de la oposición y de los propios oficialistas. En política, al contrincante que saca la cara -o le hacen sacar la cara- de manera temprana, es al primero que la competencia elimina electoralmente. Vulgarmente se diría que se lo arroja a los perros para que lo destruyan. Es un posible mensaje. En política no hay amigos, sino conveniencias.
Además, en vista de que los patagónicos están en su peor momento político hay que observar con atención si estos ceden ante las pretensiones de la propia tropa para no perder las adhesiones conseguidas o si los gobernadores han decidido presionar con la tácita amenaza de cruzarse de vereda si no hay devolución de gentilezas. De por sí los mandatarios pueden sentarse a esperar en sus provincias que los busquen y que les prometan ayuda a cambio de que le garanticen victorias al oficialismo en el Congreso. Aun así hay una débil frontera para distinguir entre los fieles que quieren seguir en el mismo barco porque saben que los Kirchner los necesitan y entre aquellos que están con la mirada puesta en otros horizontes pero que aceptan negociar desde una posición de presión. La complicación, en suma, es para los Kirchner, que deberán determinar quiénes son los que los siguen por conveniencia y los que pueden estar maquinando una traición







