06 Febrero 2010 Seguir en 
"Mi vida hubiera sido más chata, más gris, si no hubiera leído todos los libros que me han hecho vivir, viajar, soñar. Los libros nos permiten salir de nuestras vidas mediocres para disfrutar de otros mundos". Así se expresó públicamente hace pocos días, como lo informamos, el gran escritor peruano Mario Vargas Llosa.
Es una idea que ha proclamado con frecuencia. Entiende Vargas Llosa que la ficción "enriquece la existencia de los hombres, la completa, y, transitoriamente, los compensa de esa trágica condición que es la nuestra: la de desear y soñar siempre más de lo que podemos alcanzar". En ese sentido, "la literatura extiende la vida humana, añadiéndole aquella dimensión que alimenta nuestra vida recóndita: aquella impalpable y fugaz pero preciosa que sólo vivimos de mentira", escribió en el prólogo de "La verdad de las mentiras", su compilación de ensayos aparecida en 2002.
Se trata de conceptos que tienen una especial importancia en nuestro tiempo. Los fantásticos adelantos en materia de comunicación, han quitado mucho público al libro. A pesar de que se edita anualmente una cuantiosa nómina de títulos, es un hecho que muchas personas no han incorporado a sus aficiones el recorrido por ese conjunto de hojas encuadernadas que, desde hace muchos siglos, es el alimento cultural humano por excelencia. La cuestión está llena de paradojas. Cada año, la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires es recorrida por muchos millares de personas. Pero una encuesta Gallup de 2008, al establecer que el 58% de los argentinos no leyó ningún libro el año anterior, revelaba que para una muy considerable cantidad de concurrentes a la Feria, visitarla no era más que pasear por un espectáculo.
El contrapunto entre libro e internet se ha analizado largamente en los últimos años. Sabemos que inclusive se han lanzado los "e-books", que permiten leer en la pantalla los textos literarios que se desee. Esto último no conspira en contra del libro, sino que inaugura una nueva forma de frecuentarlos.
Lo que nos parece necesario recalcar, es que la lectura resulta verdaderamente necesaria para los seres humanos. Las expresiones de Vargas Llosa son más que reveladoras en ese sentido. El que lee ejercita su imaginación, viaja, sueña, se dota a sí mismo de nuevas perspectivas acerca de todo lo que lo rodea. Esto además, por cierto, de instruirse y de educar su sensibilidad para percibir, en la vida, algo que vaya más allá del mero exterior.
Aquel ilustre tucumano que fue Nicolás Avellaneda afirmaba, hace casi un siglo y medio, que "leer es mantener siempre vivas y despiertas las nobles facultades del espíritu, dándole por alimento nuevas emociones, nuevas ideas y nuevos conocimientos".
Iba más allá. Además de multiplicar y enriquecer la vida interior, a su juicio leer era "asociarse a la existencia de sus semejantes, hacer acto de unión y de fraternidad con los hombres". Porque el que lee, aunque esté confinado en una aldea, se incorpora de alguna manera "al movimiento universal". Subrayaba que si bien los placeres sociales encantaban al hombre, tenían el problema de que no siempre puede obtenerlos cuando los desea, ni dependen de su voluntad. En cambio, "los placeres que proporciona la lectura son de todo tiempo y de cualquier lugar, y son los únicos que el ser humano puede renovar a su albedrío".
Para el gran presidente, que como ministro de Sarmiento implementó la Ley de Bibliotecas, leer ayudaba poderosamente a "ser mejores". Y aseguraba que "cuando oigo decir que un hombre tiene el hábito de la lectura, estoy predispuesto a pensar bien de él".
Surge de todo esto que debieran profundizarse los esfuerzos para difundir la lectura, empezando por las escuelas y colegios.







