Escasez de recursos del Archivo Histórico

04 Febrero 2010
El Archivo Histórico de la Provincia de Tucumán funciona actualmente en la quinta cuadra de la calle 25 de Mayo. Tal es su local propio, en el que pudo instalarse recién en 2001, tras nueve décadas de permanencia en tres desvencijadas habitaciones de los altos del Archivo General, en calle 24 de Setiembre al 800.

Ese repositorio documental es uno de los más importantes del país. No existe uno mejor provisto, después del Archivo General de la Nación y del Archivo Histórico de Córdoba. Y por cierto, es muy superior a cualquiera de los del noroeste argentino. Contiene la papelería histórica tucumana desde el siglo XVI en adelante, tanto la administrativa como la judicial y la contable, y los protocolos notariales. Esto además de guardar los documentos más antiguos de la Legislatura, o archivos particulares de gran valor, como los de los gobernadores Anselmo Rojo y Ernesto Padilla. Conserva también la colección del vespertino "El Orden", que fue uno de los diarios más importantes de Tucumán desde fines del siglo XIX hasta comienzos del que pasó. Esto para dar una síntesis muy superficial del material que atesora.

Cuando se ingresa actualmente a ese organismo, el investigador recibe una excelente impresión, por sus ambientes amplios y limpios, y por la atenta disposición del personal para orientarlo en la búsqueda. Pero lamentablemente, las condiciones en que luego debe examinar los documentos son de la máxima incomodidad. Esto por la falta del aire acondicionado en la sala de consultas: allí reina un calor infernal, que no logran amortiguar los ventiladores de techo que posee.

No es raro que carezca de la refrigeración, obviamente indispensable en climas como el de Tucumán. Con el exiguo presupuesto que se le destina, jamás podría pagar las facturas de energía eléctrica. En efecto, el Archivo Histórico es la cenicienta de las reparticiones públicas. Apenas se le destina 18.000 pesos por año para todos sus gastos. Por ello es que no puede tampoco afrontar otras erogaciones que resultan fundamentales. Por ejemplo, la encuadernación de los legajos de documentos y la restauración de los antiguos tomos. Tampoco le es posible enriquecer su biblioteca histórica, que es asiduamente solicitada tanto por investigadores como por alumnos de los colegios y escuelas. No puede tampoco mejorar sus precarias instalaciones sanitarias. Una de las oficinas que da a la calle, ha debido ser desalojada por el derrumbe del cielorraso, a causa de las lluvias, y todo el amplio sector de dependencias de la parte posterior clama por arreglos indispensables.

De otro lado, es conocido que en los archivos actuales se juzga prioritaria la adecuada informatización. Si bien el nuestro cuenta con algunas computadoras, el magro presupuesto frena todo intento de actualización de sistemas y de máquinas.

La ninguna generosidad que la Provincia destina al Archivo Histórico, contrasta con la que reciben otras dependencias de la administración pública. Y por cierto contrasta también con las declaraciones de respeto por nuestro patrimonio histórico, que con tanta frecuencia forman parte del discurso oficial, administrativo o legislativo. La realidad es que tenemos uno de los archivos más ricos para el estudio del pasado provincial y regional, y sistemáticamente lo hemos tratado con una asombrosa indiferencia, que no viene de hoy sino que se remonta a muy largos años atrás.

Nos parece que semejante tesitura debe corregirse sin pérdida de tiempo. El Archivo Histórico de la Provincia de Tucumán debe ser dotado de aire acondicionado en todas sus dependencias, así como debe modernizarse al máximo su equipamiento informático. En suma, la repartición tiene que estar dotada de los recursos suficientes para desarrollar la tarea de enorme importancia que cumple desde su fundación por ley, en 1912.

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