03 Febrero 2010 Seguir en 
Hace un año, cuando amanecía, a Marcelo Durval Reales lo llamaron para darle la peor noticia de su vida: su hija Cecilia acababa de morir en Yerba Buena, como consecuencia de un terrible choque. "Fue una excelente hija, madre, profesional...", trató de recordarla el hombre, pero el dolor le atragantó las palabras. Ese dolor hace que hoy, cuando se cumple el primer aniversario de la tragedia, los familiares y colegas de la médica opten por conmemorarla con dos misas, y no con una nueva "marcha blanca" frente al Hospital de Niños, donde trabajaba la víctima. "La muerte de mi hija podría haberse evitado; no fue un accidente", remarcó Reales, en una entrevista con LA GACETA.
- Se vio en los últimos tiempos que familiares de víctimas de diferentes delitos realizan protestas para movilizar a las autoridades. ¿Cuál es su experiencia personal?
- Estas marchas son muy necesarias, y no sólo desde el aspecto judicial. Sirven para que la ciudadanía tome conciencia, para que queden evidenciadas las acciones de gente totalmente irresponsable, a la que no le importa la vida ajena. Por eso, no descartamos hacer nuevas marchas en un futuro cercano.
- ¿Cómo recordarán mañana (por hoy) a su hija?
- A la mañana, los compañeros de Cecilia harán una misa en el Hospital de Niños, a las 9. La organizan ellos, que siempre la recuerdan con ceremonias. Los familiares nos reuniremos a la tarde en la parroquia San Gerardo.
- A un año de la tragedia, ¿qué sensación tiene del trabajo que hicieron la Policía y la Justicia?
- En primer lugar, los policías corruptos que se prestaron para la coima me dejaron muy preocupado. Si bien ahora no están trabajando las mismas personas, hubo cinco funcionarios que colaboraron para que no se le hiciera el dosaje alcohólico al chico que manejaba el Ford Fiesta. Y esto es más grave aún sabiendo que había dos botellas de fernet dentro del vehículo.
- ¿Y en cuanto a la investigación judicial?
- Bueno, está un poco lenta, pero también se debe a los planteos que hace la defensa del imputado.
- Muchos organismos públicos quedaron en la mira luego de la muerte de su hija...
- Sí. Yo recorro mucho la zona del choque, porque voy a Yerba Buena a visitar a mi yerno (Ariel Luzcubir) y a mi nieto, que ya tiene dos años. Después de lo que pasó, pusieron algunos reductores de velocidad en la avenida Aconquija (donde fue la colisión). De todas formas, los controles municipales dejan mucho que desear. Una zona así tiene que tener vigilancia todo el día. No puede ser que a la madrugada una persona que anda a 200 kilómetros por hora te choque. La avenida Perón también sigue siendo una pista de carreras. Hay que cambiar muchas cosas.
- Se lo nota mucho más delgado que hace un año...
- Sí... En los primeros tiempos prácticamente no podía ni comer. Ahora ya puedo hablar algo con respecto a lo que sucedió. Suspendimos las marchas porque una colega de Cecilia me lo recomendó. Me veía mal. A mi hija Marcela, hermana melliza de Cecilia, también le afectó mucho lo que sucedió.
- ¿Cómo está su yerno?
- El también sigue muy shockeado. Entre todos tratamos de ayudarnos, porque si no es imposible salir adelante. Hay algo que quiero remarcar. Lo que le pasó a mi hija no fue un accidente de tránsito. Este tipo de hechos deben denominarse siniestros viales. En el caso de Cecilia, manejaba un menor, ebrio, a más de 130 kilómetros por hora; no frenó, violó todas las normas de tránsito. No fue un accidente. Por eso, pediremos que se caratule la causa como homicidio con dolo eventual (en la actualidad está calificado como culposo), lo que equipararía la pena con un homicidio simple. Hasta la Presidencia de la Nación nos da la razón con su campaña televisiva, cuando dice en su slogan: "si se puede evitar, no es un accidente".
- El fallecimiento de su hija indignó a la sociedad...
- Ella era excelente en todos los aspectos. Obtuvo muchos títulos; siempre estaba preocupándose por su formación. Todo esto fue demasiado triste para nosotros.
- ¿Tomó contacto con la familia del chico que manejaba el auto?
- No, jamás hablamos. Tampoco es algo que me interese demasiado. De todas formas, si un hijo mío hiciera algo tan terrible, recorrería la ciudad de rodillas para pedir perdón por lo sucedido.
- Se vio en los últimos tiempos que familiares de víctimas de diferentes delitos realizan protestas para movilizar a las autoridades. ¿Cuál es su experiencia personal?
- Estas marchas son muy necesarias, y no sólo desde el aspecto judicial. Sirven para que la ciudadanía tome conciencia, para que queden evidenciadas las acciones de gente totalmente irresponsable, a la que no le importa la vida ajena. Por eso, no descartamos hacer nuevas marchas en un futuro cercano.
- ¿Cómo recordarán mañana (por hoy) a su hija?
- A la mañana, los compañeros de Cecilia harán una misa en el Hospital de Niños, a las 9. La organizan ellos, que siempre la recuerdan con ceremonias. Los familiares nos reuniremos a la tarde en la parroquia San Gerardo.
- A un año de la tragedia, ¿qué sensación tiene del trabajo que hicieron la Policía y la Justicia?
- En primer lugar, los policías corruptos que se prestaron para la coima me dejaron muy preocupado. Si bien ahora no están trabajando las mismas personas, hubo cinco funcionarios que colaboraron para que no se le hiciera el dosaje alcohólico al chico que manejaba el Ford Fiesta. Y esto es más grave aún sabiendo que había dos botellas de fernet dentro del vehículo.
- ¿Y en cuanto a la investigación judicial?
- Bueno, está un poco lenta, pero también se debe a los planteos que hace la defensa del imputado.
- Muchos organismos públicos quedaron en la mira luego de la muerte de su hija...
- Sí. Yo recorro mucho la zona del choque, porque voy a Yerba Buena a visitar a mi yerno (Ariel Luzcubir) y a mi nieto, que ya tiene dos años. Después de lo que pasó, pusieron algunos reductores de velocidad en la avenida Aconquija (donde fue la colisión). De todas formas, los controles municipales dejan mucho que desear. Una zona así tiene que tener vigilancia todo el día. No puede ser que a la madrugada una persona que anda a 200 kilómetros por hora te choque. La avenida Perón también sigue siendo una pista de carreras. Hay que cambiar muchas cosas.
- Se lo nota mucho más delgado que hace un año...
- Sí... En los primeros tiempos prácticamente no podía ni comer. Ahora ya puedo hablar algo con respecto a lo que sucedió. Suspendimos las marchas porque una colega de Cecilia me lo recomendó. Me veía mal. A mi hija Marcela, hermana melliza de Cecilia, también le afectó mucho lo que sucedió.
- ¿Cómo está su yerno?
- El también sigue muy shockeado. Entre todos tratamos de ayudarnos, porque si no es imposible salir adelante. Hay algo que quiero remarcar. Lo que le pasó a mi hija no fue un accidente de tránsito. Este tipo de hechos deben denominarse siniestros viales. En el caso de Cecilia, manejaba un menor, ebrio, a más de 130 kilómetros por hora; no frenó, violó todas las normas de tránsito. No fue un accidente. Por eso, pediremos que se caratule la causa como homicidio con dolo eventual (en la actualidad está calificado como culposo), lo que equipararía la pena con un homicidio simple. Hasta la Presidencia de la Nación nos da la razón con su campaña televisiva, cuando dice en su slogan: "si se puede evitar, no es un accidente".
- El fallecimiento de su hija indignó a la sociedad...
- Ella era excelente en todos los aspectos. Obtuvo muchos títulos; siempre estaba preocupándose por su formación. Todo esto fue demasiado triste para nosotros.
- ¿Tomó contacto con la familia del chico que manejaba el auto?
- No, jamás hablamos. Tampoco es algo que me interese demasiado. De todas formas, si un hijo mío hiciera algo tan terrible, recorrería la ciudad de rodillas para pedir perdón por lo sucedido.







