Las dudas envuelven al rescate de los bonos

El 70% de los tucumanos es pobre y más del 40% de la población económicamente activa tiene problemas de empleo.

06 Abril 2003
La apatía electoral es evidente. A la gente la sacude más la irracional violencia de la guerra de Irak y le preocupa más cómo sobrevivir en el día a día, que las campañas para los comicios. Hasta ahora sólo se muestra un puñado de nombres y consignas para captar votos, pero no hay propuestas que llamen la atención.
La desaparición de los Bocade, la necesidad de que vuelva el crédito y la esperanza de que la situación política y económica se estabilice, forman parte del arsenal de preocupaciones comunes entre las PyME y las grandes compañías.
Sin dar precisiones sobre nombres, también inquieta la debilidad de los futuros gobiernos provincial y municipal, como una derivación de la manipulación institucional, que pulveriza el poder en fracciones autónomas.
Estos conflictos pueden poner en crisis a la gobernabilidad, más allá de las herencias malditas que recibirán todos.A nadie le gustan los candidatos detestables o feroces ni quiere que el gobierno se transforme en un aguantadero. El proceso político de Tucumán deja en evidencia rupturas políticas sin solución y posiciones irreconciliables, en lugar de facilitar la búsqueda de consensos.
Esos acuerdos serán básicos para planificar la salida de la crisis, que apunte a una solución global, destinada a conseguir que se afiance el crecimiento.
Las preocupaciones financieras del Estado se relacionan con los insaciables gastos electorales y de la Legislatura y la Secretaría del Interior, de la que se derivan cuantiosos fondos para municipalidades y comunas.
La clase política no se salvará sola. La desesperación por ocupar espacios de poder bien pagados y repletos de impunidad se enfrenta con las necesidades sociales. El 70% de los tucumanos es pobre y más del 40% de la población económicamente activa tiene problemas de empleo.
La incipiente reactivación de algunas actividades no implica todavía que exista una tendencia de crecimiento. Se recuperan los sectores que pueden exportar bienes (azúcar), algunos nichos industriales que aprovechan la parálisis de las importaciones y las actividades primarias agrícolas (limones, granos), por efecto principalmente de la devaluación y el dólar caro.
Alguna reacción se ve en la construcción privada, que estuvo parada largo tiempo, mientras que la obra pública no aparece.La economía puede crecer 4% este año, pero como entre 2001 y 2002 cayó nada menos que 16%, quedan demasiados escalones por escalar.
La decisión de Duhalde de hacer desaparecer los Bocade terminará con una estafa que transformó a Tucumán en la provincia más cara e impedirá que los tucumanos se sientan kelpers en su propia tierra, cuando reciben devaluados billetes de fantasía.
El Banco Central emitirá dinero para comprar los papeles pintados y la provincia deberá devolver los fondos en varios años.
Para el mirandismo, esta operación es un salvataje que le permitirá limpiar el costo político derivado de la sobreemisión de cuasimonedas. Es un regalo con el que lo premia Duhalde.
Se contagia también a Tucumán en la estrategia de quebrar los contratos en forma ilegal, porque la ley de los Bocade dice que deben ser cambiados 1 a 1 y no por la cotización de mercado (se perderá el 12% o más).
Además, a los que se nieguen a licitar les entregarán en forma compulsiva un título público que vencerá en 2006.Otra vez, en lugar de resguardar el estado de derecho, el duhaldismo modifica en forma unilateral las reglas, sin respetar el orden jurídico.
La operación de canje, que involucra a una enorme porción del dinero circulante ($ 169 millones) tropieza con los intereses divergentes que tienen el FMI, el poder nacional, la provincia y hasta algunos funcionarios.
A los empresarios les preocupan los desequilibrios que sufrirá la plaza financiera, si la recesión se ahonda con la muerte del bono y la gente opta por no gastar los billetes verdaderos. Con los bonos existe una actitud más dispuesta a consumir, pero también a operar en negro.
Tampoco quieren perder los grandes tenedores de bonos otra tajada de su dinero, con la emigración de los Bocade hacia la guillotina, que sea torpe.
Demasiado les quitaron con el desagio y con el corralón que surgió de la Operatoria FET y de la entrega de los títulos Docof, que pocos quieren.
El premio de Duhalde a Miranda tiene su lado negativo. Después de multiplicar los bonos sin freno y sin contemplar las consecuencias, perderá una fuente de financiación sin costos (Operatoria FET), con la que el gobierno siempre trasladó las pérdidas a las billeteras de la sociedad.
Por fin no habrá más bonos, aunque la alegría no será gratuita. La gente todavía desconfía de este milagro monetario y espera que bajen los precios.

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