Una autofinanciación gratutita que llega a su fin

Si hubiesen sido bien manejados, los Bocade podrían haber perdurado en la sociedad de la provincia. El Gobierno no actuó con ese criterio.

06 Abril 2003
E l bono tucumano funcionó durante cerca de dos décadas como un dinero local, aceptado por el público como medio de pago en las transacciones cotidianas sin ningún tipo de desagio. Esto le permitió al gobierno de nuestra provincia contar con una forma gratuita de financiamiento parcial de su gasto público, a la vez que sirvió como agilizador del comercio y del intercambio privado en momentos de restricciones fuertes en la oferta de la moneda nacional.
De esta manera, basado en la confianza que los tucumanos depositaron en este instrumento de pagos, el bono se comportó localmente como cualquier moneda fiduciaria que, como el peso nacional o el dólar, no tienen actualmente otro respaldo que no sea la creencia que tiene el público de que su poder adquisitivo no sufrirá ninguna corrosión en el futuro próximo.

Con una sola alcanza
Se puede muy bien argumentar que la economía de un país no necesita más que una sola moneda nacional, cuya oferta y mantenimiento de valor está a cargo de una autoridad monetaria autónoma y eficiente.
Pero dada la historia de la Argentina, con períodos recurrentes de alta inflación, sazonados con ciclos recesivos donde imperan políticas monetarias fuertemente restrictivas, el instrumento del bono provincial permitió un grado mínimo de autonomía local. A través de esa autonomía se puede, en principio, intentar contrarrestar los problemas causados por políticas nacionales no siempre convenientes.
Está claro que este tipo de instrumentos no son deseables en sí mismos, razón por la cual no abundan en países con economía ordenada, pero está claro también que no es la economía ordenada lo que, por el momento, caracteriza a la Argentina.
En este marco, el bono tucumano manejado con responsabilidad por parte del gobierno provincial podría haberse defendido con argumentos económicos que contemplen la realidad histórica concreta de nuestra economía nacional durante buena parte del siglo XX.

Excesos
Pero, lamentablemente, el gobierno tucumano excedió irresponsablemente los límites de un manejo prudente de la emisión de estos bonos, desencadenando una pérdida creciente de la confianza necesaria para mantener la vigencia plena, sin desagios, de esta suerte de dinero local.
De ahí que la próxima desaparición de los bonos de la economía tucumana puede ser vista desde un doble ángulo. Se trata, por un lado, de una bendición que pone fin a la vigencia forzosa de un instrumento de pagos ya corroído.
Pero, por otro lado, es otra muestra de derrota de un gobierno provincial incapaz de velar responsablemente por un instrumento que, bien administrado, resultaba potencialmente útil para toda la economía tucumana.

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