"Acampar estos días en El Cadillal estuvo muy bueno", exclama sonriendo Francisco Ibarra, un scout de 11 años que llegó en tren el 9 de enero a Tucumán desde Rafaela, provincia de Santa Fe, con unos 130 scouts más, con dirigentes y con un grupo de padres. "Ocupamos un vagón y medio, todo para nosotros", contó el chico. Como él, todo el grupo de scouts santafesinos se conmovió con dos experiencias: viajar en tren y conocer "la casita de Tucumán".
"Todos los años hacemos un campamento de invierno, corto, y otro de verano, de unos 15 días, como cierre de las actividades del año y en donde ponemos en práctica todo lo aprendido", dijo Mariela Sanmartino, de 39 años, dirigente de la unidad Lobatos, a la que pertenece Francisco, del grupo scout Nuestra Señora de América Latina.
"Buscábamos un lugar especial, conocimos Tucumán durante el año y nos pareció, tanto por el clima como por la topografía y el paisaje, ideal para desarrollar nuestras actividades", añadió José Frund, otro dirigente de los Lobatos. Los scouts le contaron a LA GACETA que en El Cadillal establecieron campamento, hicieron alguna caminata corta y hasta disfrutaron mucho del río.
"Lo pasamos muy bien y hubo muy buen espíritu en todos los acampantes, tanto en grandes como en chicos", afirmó Mariela. "Como somos un grupo católico encontramos en la naturaleza, propia de Tucumán una manera de estar con Dios en todas las cosas", añadió.
Ayer, en la despedida, hubo emoción por partida doble: se reencontraron con la historia, en la Casa de la Independencia, y se subieron al tren, algo que ya no es cosa de todos los días.