El estrés K llegó a la Casa de Gobierno

La crisis institucional suscitada en torno de Redrado y del Banco Central generó una onda expansiva hacia el interior del país. El gobernador pasó momentos de apuro. Manzur, vicegobernador y ministro, ejecutó la orden.

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Por Abrehu Carlos 17 Enero 2010
El nerviosismo dominó el mundo gubernamental desde los primeros días de enero. La tozuda resistencia de Martín Redrado a ser despedido de la presidencia del Banco Central de la República Argentina (BCRA) desató tensiones que se focalizaron en los banqueros amigos del matrimonio presidencial, en la Casa Rosada y en el séquito de políticos que vive del tesoro público.

La jueza federal María José Sarmiento puso las cosas en su lugar de entrada, al trabar la destitución de Redrado y la afectación de reservas del BCRA al Fondo del Bicentenario para el pago de deuda, sin intervención del Congreso. Los decretos de necesidad y urgencia (DNU) relativos a esos asuntos entraron en un tembladeral.

El estrés derramó en cascada desde la cúspide de la administración federal hacia los escalones inferiores y a las provincias, donde Tucumán no fue la excepción. La maraña judicial en la que se enredaron los dispositivos usados por Cristina Fernández de Kirchner terminaron por erosionar más la imagen presidencial.

Redrado estira la cuerda lo que más puede. Políticamente le resultará imposible administrar una institución cuyo directorio le es adverso. Pero si la Justicia le da la razón a su defensa cerrada de la institucionalidad, le habrá infligido un severo golpe a la discrecionalidad ilimitada que conlleva el ejercicio del DNU por parte de la Presidenta. Redrado no aceptó ser echado de su puesto como un empleado más de la planta de agentes administrativos del Estado nacional.

El trasfondo político del problema es otro: el Gobierno no admite que desde el 10 de diciembre el Congreso cambió. Negociar leyes con la oposición es una cosa inaudita para el oficialismo. Mucho menos perder votaciones. La realidad es muy dura. Quienes apelaron a distintas argucias para vencer siempre buscan eludir los condicionamientos.

Ardua tarea

La dispersión de sus antagonistas le da oxígeno en los momentos más críticos. El antikirchnerismo es de una heterogeneidad extrema, en la cual se mezclan diferencias ideológicas, diversidad de prematuros candidatos presidenciales y multiplicidad de siglas. En esas condiciones la construcción de una agenda parlamentaria de control del Gobierno se constituye una tarea ardua.

Aun así, el oficialismo no está dispuesto a ceder ni un ápice en su concepción del poder, lo cual le quita espacio a la política. El Congreso es el ámbito donde esta se despliega, pero al matrimonio K le disgusta exponerse a derrotas parlamentarias, como en el caso de la Resolución 125 sobre retenciones móviles a la soja. La intransigencia de la Casa Rosada prepara el terreno para controversias, muchas veces innecesarias.

Ante la vacancia de la solución política, se recurre a los jueces. A las sentencias de estos se las demoniza o beatifica, según fueren contrarias o beneficiosas a las demandas gubernamentales.

El acoso del kirchnerismo despedazando a la jueza Sarmiento es ilustrativo del primer comportamiento. Los repetidos embates del gobernador José Alperovich contra los fallos judiciales que derrumbaron el diseño del Consejo Asesor de la Magistratura (CAM) por decreto, aparece como otro ejemplo de esa tendencia descalificatoria. Los jueces hacen política, decían a propósito de los traspiés sufridos con la Constitución de 2006. El contrapeso judicial a los proyectos políticos despierta enojos y suspicacias de la más variada especie.

Las pruebas de fe

Las circunstancias de agobio que vivió el oficialismo en la primera mitad de enero, exigió la renovación de los votos de lealtad. En Tucumán, la devoción se canalizó a dos bandas. El ex presidente Néstor Kirchner (NK), en un reportaje publicado por "Página 12", ubicó a Alperovich en la lista de candidatos presidenciales para 2011. Es la primera vez que se sincera, por boca del operador más poderoso del aparato pejotista, la posibilidad de que Alperovich integre una fórmula presidencial.

El nerviosismo que imperaba en lo más empinado del kirchnerismo descendió bruscamente a la Casa de Gobierno. Del aprieto en lo que había colocado la inesperada confesión zafó apelando a la receta de estilo. No es tiempo de política, sino de gestión, repitió. Dedicarse a las obras públicas, al lado de vecinos que lo reciben sonrientes, junto a otros funcionarios, es la mejor fórmula de hacer política que descubrió Alperovich. Le da réditos electorales y conserva el monopolio de la palabra con el traje de gobernante.

Un paso más arriba

La ola kirchnerista lo obligó a escalar un paso más cuando atacó duramente al vicepresidente Julio Cobos, al que tildó poco menos que de traidor congénito, por su pase de la UCR al kirchnerismo, y de este a la UCR. Un acto académico de Cobos, en la Facultad Regional de la Universidad Tecnológica Nacional, en noviembre pasado, había sido hostigado por activistas K, sin que hubiera existido protección policial.

El vicepresidente Cobos nunca le cayó bien al alperovichismo, que jamás le perdonó que se haya inmiscuido en el territorio tucumano, sin la venia del gobernador. Eran los tiempos de la naciente transversalidad acunada por el matrimonio presidencial.

El gobernador quedó bien con la Casa Rosada, pero ofreció un blanco perfecto a sus adversarios peronistas y radicales que le recordaron su trayectoria cambiante en materia de identidades partidarias. Fue, en efecto, un conspicuo vocero legislativo del radicalismo durante el gobierno de Antonio Domingo Bussi, antes de ingresar al gobierno de Julio Miranda.

El ministro de Salud Pública, Juan Luis Manzur, sobresalió también en los tumultuosos días de la semana pasada, cuando le reclamó la renuncia a Redrado. Redobló la apuesta en sintonía con otros miembros del gabinete nacional. Así, el gobernador y el vice en uso de licencia mostraron un frente sin fisuras contra la osadía del economista que no se resignó a ser echado con cajas destempladas. Sin embargo, la crisis institucional generó una inestabilidad política que no agrada a la Casa de Gobierno. Es un factor que puede gravitar negativamente en la jurisdicción peronista controlada por Alperovich.

La rebeldía antialperovichista en el peronismo local está lejos de ser orgánica. Sin embargo, la existencia de fisuras en el PJ fue advertida por figuras enfrentadas con el matrimonio K. Emisarios del gobernador Mario Das Neves (Chubut) hallaron tierra fértil para difundir su prédica. Prometen visita.

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