La lluvia resulta de escasa o nula importancia

Por la irregularidad de las precipitaciones, la soja y la caña serán afectadas en su rendimiento.

01 Abril 2003
Si bien la lluvia tan esperada en la provincia llegó en los tres últimos días de un inusualmente seco mes de marzo, los beneficios, en los distintos cultivos, resultaron de escasa o nula importancia, en especial para la soja.
Salvo excepciones, las precipitaciones fueron de mayor a menor, desde el norte hacia el sur. Así, mientras en la zona sojera de Burruyacu las precipitaciones fluctuaron entre los 60 y 80 milímetros, en los departamentos de Juan Bautista Alberdi, Graneros y La Cocha, sólo se registraron entre 10 y 20 milímetros. Hacia la zona central, en Chicligasta y Río Chico, durante el domingo y el lunes cayeron entre 40 y 50 milímetros.
De todas maneras, la zona norte de la provincia había sido hasta el fin de semana pasado la más perjudicada por la falta de humedad en los suelos. Según las últimas estimaciones, el rendimiento en el área sojera sólo llegaría a los 1.500 kilos por hectárea, cuando en la medición anterior rondaba los 1.800 kilos.
En el sur, hasta ahora, en líneas generales los cultivos se mantuvieron en mejor estado que los ubicados en la zona norte. Según los expertos, salvo en algunos cultivos tardíos, el agua llegó demasiado tarde.El consultor agropecuario Oscar Ricci estimó que en la zona norte, los cultivos de soja tendrán una pérdida promedio de un 50%, sobre los rendimientos estimados al principio de la campaña (300.000 toneladas frente a unas 620.000 toneladas).
La caída en el rendimiento de la soja, según Ricci, no afectó a todos los productores por igual, ya que algunos de ellos perdieron toda la cosecha debido a la seca y, otros, los menos, tendrán una pérdida menor. Los únicos cultivos que saldrán beneficiados de estas lluvias serán los últimos que se realizaron (de grupos largos), pero que son de escasa relevancia en el total, debido a que son lotes chicos. En los otros grupos el daño será aún de mayor consideración.
En algunas zonas, como Garmendia, el agua caída superó los 80 milímetros, acercándose al promedio histórico, pero no podrá compensar la seca que se mantuvo durante gran parte de marzo, y la recuperación de los cultivos en muchos lotes será imposible. Para colmo de males, los pronósticos meteorológicos indican que, después de la seca, estival, el otoño sería inusualmente lluvioso. De tal forma, el temor de los productores se focaliza ahora en un posible exceso de humedad. Cuando la cosecha de soja se está realizando en gran parte de la provincia, un período generalizado de lluvias podría perjudicar aún más el proceso. En caso de que los campos se llenen de agua las cosechadoras estarían imposibilitadas de retirar el grano.

Los cañaverales
Los daños en la caña, no tendrán la significación que sufrió la soja, por ejemplo, pero la caída en los rindes será otro golpe para la agricultura tucumana.
En los departamentos de Chicligasta y Río Chico, en los que hasta fin de enero se observaba un excelente crecimiento de los cañaverales, con un desarrollo superior al de campañas anteriores, la sequía de febrero-marzo paralizó ese proceso. Así, según estimó un productor de Aguilares, la pérdida en el rinde podría oscilar entre un 10% y un 15% -hasta ahora- ya que abril es un mes muy importante para la maduración del cultivo.

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