Los franceses se movilizan para enfrentar a la extrema derecha

Le Pen prometió separar a Francia de la Unión Europea y acabar con la corrupción política. Una tendencia creciente en Europa.

TRIUNFAL. El líder del Frente Nacional saluda a sus simpatizantes.
TRIUNFAL. El líder del Frente Nacional saluda a sus simpatizantes.
23 Abril 2002
PARIS.- Más de 100.000 personas salieron a las calles de numerosas ciudades francesas en protesta contra la extrema derecha, que el domingo logró un éxito histórico al conseguir su líder, Jean-Marie Le Pen, pasar a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Las manifestaciones fueron organizadas por estudiantes secundarios y universitarios, y simpatizantes de diferentes partidos políticos y sindicatos. Aunque no cabe duda de que el presidente derechista saliente, Jacques Chirac, vencerá a Le Pen en la segunda vuelta -el 5 de mayo- nadie se arriesga a hacer un pronóstico para las elecciones legislativas de junio.
Chirac obtuvo el 20% de los votos y Le Pen el 17%, mientras el primer ministro socialista, Lionel Jospin, quedó eliminado con el 16%.
Entusiasmado por el inesperado resultado, Le Pen -líder del ultraderechista Frente Nacional (FN)- pidió el voto a los abstencionistas para la próxima ronda y aseguró que su primera decisión al llegar al poder será retirar a Francia de la Unión Europea (UE). Desde su fundación en 1972, el FN se erige como símbolo de la xenofobia y del antisemitismo en Francia. El carismático y locuaz político siempre ha sabido aprovechar los miedos de la población sobre el crecimiento de la violencia y la inseguridad en las ciudades. Con su eslogan "Francia para los franceses", el partido representa un reclamo de orden.
Ayer, en el primer ataque directo a su rival de la segunda vuelta, el candidato de extrema derecha pidió una rebelión popular para acabar "con un sistema político decadente y corrupto".

La izquierda, con Chirac
A su vez, Chirac dijo que Francia estaba herida por la presencia Le Pen en la segunda vuelta. Para todos los analistas estos resultados reflejan una grave crisis del sistema político francés, con una atomización de las fuerzas políticas que amenaza con desembocar en una situación de bloqueo institucional. En la segunda vuelta, Chirac va a beneficiarse -hecho sin precedente- del apoyo de la izquierda, que anunció su voluntad de cerrarle el camino a la extrema derecha. Pero falta saber si podrá contar con una mayoría en el Parlamento. (AFP/TELAM-SNI)

Una tendencia creciente en Europa
Por Paul Taylor. BRUSELAS.- El sorpresivo avance de la extrema derecha xenófoba en Francia dramatizó el giro hacia ese sector en la política de Europa occidental, alimentado por una sensación de pérdida de identidad y ante los temores causados por la inseguridad y por la inmigración. Este nuevo caso se sumó a una tendencia más amplia de derrotas de los partidos de centroizquierda en Europa, que comenzó el año pasado en Italia, se extendió a Dinamarca y Portugal, e inclusive podría continuar en Holanda y Alemania. Claramente, la derecha y la extrema derecha en muchos países supieron explotar los problemas de inmigración y violencia que la izquierda no supo resolver.
Además, existe un desencanto general con la política, dijo Heather Grabbe, director de estudios del Centro para la Reforma Europea en Londres.
En toda Europa, el desvío natural del péndulo político contra gobiernos sostenidos en una economía en retroceso pudo ser amplificado por un alto grado de inseguridad desde los atentados contra Estados Unidos.
El resultado de la primera vuelta francesa también comparte más facetas con otras recientes elecciones europeas -mucha abstención, votos de protesta que se fueron para candidatos extremistas o grupos xenófobos, y el rechazo de la clase trabajadora a la globalización y a la integración europea-.
Un dato curioso: Francia fue uno de los países europeos que más había pedido un boicot político contra Austria en 2000 luego de que el ultraderechista Partido de la Libertad, liderado por Joerg Haider, se sumó al gobierno con el conservador Partido del Pueblo, del canciller Wolfgang Schuessel. (Reuter)

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