30 Marzo 2003 Seguir en 
La incertidumbre es lo que mata. La angustia no deriva tanto de la catástrofe económica, financiera y cambiaria que azota al país, sino de las inquietante confusión que produce la indefinición electoral.
Ninguna encuesta puede predecir quién se hará cargo de la presidencia dentro de apenas dos meses y mucho menos qué políticas aplicará para superar la crisis y la herencia duhaldista.
Este caldero hirviente altera los ánimos en Tucumán. Hasta los comicios del 27 de abril se vivirá una historia y a partir de ese día habrá otra realidad, según quién se perfile como ganador en la carrera presidencial.
Mientras tanto, es poco lo que hacen las empresas para ponerse en marcha, porque las dominan los temores, la falta de crédito y el exceso de Bocade. Sólo las que pueden encajarse en nichos rentables de la economía, exportando o abasteciendo al mercado interno, se animan a invertir y a ocupar gente, y confían en que vendrán tiempos mejores.
La visión de varios operadores, incluso de los bancos, es que se tocó el fondo y que ahora varias actividades tucumanas están, aunque parezca exagerado, condenadas a mejorar. Peor no pueden estar y más conflictos no les pueden llover del cielo. La clase dirigente no va a seguir cometiendo errores y no puede creer a la vez, para agravar las cosas, que está actuando bien.
Un análisis empresario vaticina que este año habrá: a) menos inflación (puede llegar al 20%) que la calculada por los gurúes (en 2002 fue del 41%) y b) tasas bancarias más bajas (superan el 60% anual y para consumo están por encima del 100% al año).
Se estima que los niveles salariales no serán tan altos, pero tampoco tan bajos, a causa de las presiones laborales que brotarán para conseguir mejoras en las remuneraciones. En caso de cumplirse proyecciones no tan pesimistas, en dos años los trabajadores perderán nada menos que el 60% de sus ingresos y eso producirá reacciones en este período netamente electoral.
"El mirandismo tendrá que ser muy torpe e imprudente para llegar al fin de su mandato en medio de escándalos inmanejables. No debe repetir los errores que cometió tantas veces", comentan en los bancos.Se espera un año tranquilo para la economía de Tucumán, con cosechas (caña de azúcar, limones, granos, tabaco) y otras actividades (turismo, construcción cara) que moverán bastante dinero y darán trabajo.Aunque en la sociedad abundan carencias y demandas insatisfechas que deben ser atendidas pronto, ese paquete pasará a la gestión del nuevo gobierno, porque el actual está agotado.
Coexisten un Tucumán rico cada vez más pequeño y un Tucumán pobre, que se agranda sin cesar. Entre ambos, el Estado poco hace con coherencia para remediar la injusticia y redistribuir la riqueza.
Además, el Estado nacional enviará recursos interesantes, como $ 169 millones para el polémico rescate de los Bocade. Esta generosidad deriva del aumento de la recaudación impositiva, por las retenciones al agro, el impuesto inflacionario y el canibalismo recaudador del fisco.
Ciertos funcionarios se alarman por el costo que tendrá el canje, que no será 1 a 1, para las generaciones futuras, cuando este peligro jamás les importó. Es una histeria absurda, para un gobierno que no reordenó sus gastos, cayó en default irresponsablemente y no pagó sus compromisos con la operatoria FET.
Se espera que el gobernador Miranda sea cauteloso y que ponga piloto automático. Le quedan apenas siete meses.Duhalde lo protegerá hasta que abandone la Casa Rosada, el 25 de mayo, y luego el nuevo presidente tratará de evitar conflictos, por lo menos durante el primer tiempo.
Las cosas importantes que no hizo hasta ahora el mirandismo, no las hará en el tramo final y los problemas que no resolvió (crisis social, hambre, analfabetismo, dramas institucionales, inseguridad, desempleo, reactivación económica, reforma del Estado) serán heredados por su sucesor.Tucumán está deslizándose hacia un marco político confuso, que no ayudará a construir un sólido crecimiento económico.
Complica la estabilidad la falta de una fuerza dominante con potencia para imponerse a los grupos de presión que alentó el mirandismo, que tenga planes realistas, se interese en atacar los problemas estructurales y evite la tendencia a gobernar en beneficio propio y no para el bien común. Tucumán necesita un crecimiento acelerado y crear empleo. Si no es así, se confirmará que es una provincia inviable.
Los nuevos gobernantes tendrán que superar la grave fractura social, además de convivir con instituciones débiles, un Estado quebrado y una formidable deuda social. Hay soluciones posibles, pero se necesitarán un esfuerzo conjunto y más sudor y lágrimas.
Ninguna encuesta puede predecir quién se hará cargo de la presidencia dentro de apenas dos meses y mucho menos qué políticas aplicará para superar la crisis y la herencia duhaldista.
Este caldero hirviente altera los ánimos en Tucumán. Hasta los comicios del 27 de abril se vivirá una historia y a partir de ese día habrá otra realidad, según quién se perfile como ganador en la carrera presidencial.
Mientras tanto, es poco lo que hacen las empresas para ponerse en marcha, porque las dominan los temores, la falta de crédito y el exceso de Bocade. Sólo las que pueden encajarse en nichos rentables de la economía, exportando o abasteciendo al mercado interno, se animan a invertir y a ocupar gente, y confían en que vendrán tiempos mejores.
La visión de varios operadores, incluso de los bancos, es que se tocó el fondo y que ahora varias actividades tucumanas están, aunque parezca exagerado, condenadas a mejorar. Peor no pueden estar y más conflictos no les pueden llover del cielo. La clase dirigente no va a seguir cometiendo errores y no puede creer a la vez, para agravar las cosas, que está actuando bien.
Un análisis empresario vaticina que este año habrá: a) menos inflación (puede llegar al 20%) que la calculada por los gurúes (en 2002 fue del 41%) y b) tasas bancarias más bajas (superan el 60% anual y para consumo están por encima del 100% al año).
Se estima que los niveles salariales no serán tan altos, pero tampoco tan bajos, a causa de las presiones laborales que brotarán para conseguir mejoras en las remuneraciones. En caso de cumplirse proyecciones no tan pesimistas, en dos años los trabajadores perderán nada menos que el 60% de sus ingresos y eso producirá reacciones en este período netamente electoral.
"El mirandismo tendrá que ser muy torpe e imprudente para llegar al fin de su mandato en medio de escándalos inmanejables. No debe repetir los errores que cometió tantas veces", comentan en los bancos.Se espera un año tranquilo para la economía de Tucumán, con cosechas (caña de azúcar, limones, granos, tabaco) y otras actividades (turismo, construcción cara) que moverán bastante dinero y darán trabajo.Aunque en la sociedad abundan carencias y demandas insatisfechas que deben ser atendidas pronto, ese paquete pasará a la gestión del nuevo gobierno, porque el actual está agotado.
Coexisten un Tucumán rico cada vez más pequeño y un Tucumán pobre, que se agranda sin cesar. Entre ambos, el Estado poco hace con coherencia para remediar la injusticia y redistribuir la riqueza.
Además, el Estado nacional enviará recursos interesantes, como $ 169 millones para el polémico rescate de los Bocade. Esta generosidad deriva del aumento de la recaudación impositiva, por las retenciones al agro, el impuesto inflacionario y el canibalismo recaudador del fisco.
Ciertos funcionarios se alarman por el costo que tendrá el canje, que no será 1 a 1, para las generaciones futuras, cuando este peligro jamás les importó. Es una histeria absurda, para un gobierno que no reordenó sus gastos, cayó en default irresponsablemente y no pagó sus compromisos con la operatoria FET.
Se espera que el gobernador Miranda sea cauteloso y que ponga piloto automático. Le quedan apenas siete meses.Duhalde lo protegerá hasta que abandone la Casa Rosada, el 25 de mayo, y luego el nuevo presidente tratará de evitar conflictos, por lo menos durante el primer tiempo.
Las cosas importantes que no hizo hasta ahora el mirandismo, no las hará en el tramo final y los problemas que no resolvió (crisis social, hambre, analfabetismo, dramas institucionales, inseguridad, desempleo, reactivación económica, reforma del Estado) serán heredados por su sucesor.Tucumán está deslizándose hacia un marco político confuso, que no ayudará a construir un sólido crecimiento económico.
Complica la estabilidad la falta de una fuerza dominante con potencia para imponerse a los grupos de presión que alentó el mirandismo, que tenga planes realistas, se interese en atacar los problemas estructurales y evite la tendencia a gobernar en beneficio propio y no para el bien común. Tucumán necesita un crecimiento acelerado y crear empleo. Si no es así, se confirmará que es una provincia inviable.
Los nuevos gobernantes tendrán que superar la grave fractura social, además de convivir con instituciones débiles, un Estado quebrado y una formidable deuda social. Hay soluciones posibles, pero se necesitarán un esfuerzo conjunto y más sudor y lágrimas.







