30 Marzo 2003 Seguir en 
A pocas semanas de las elecciones las variables financieras no se inquietan. Además el aislamiento de la economía argentina de los mercados financieros internacionales hace que el país, en cierta medida, permanezca inmune a las consecuencias del conflicto bélico en Irak.
Con el dólar acentuando su tendencia decreciente, pese a las medidas de liberación cambiaria, y con un leve estancamiento de los depósitos debido a la restricción monetaria acordada con el FMI, se decide el descongelamiento de los depósitos reprogramados y desde el Banco Central se impulsa el retorno del crédito bancario.
Se juzga positiva la decisión de liberar depósitos reprogramados en la medida que tiende a dar una solución a los ahorristas y a los bancos, y se anticipan los efectos en caso de que se determine una redolarización.
Los ahorristas que opten por descongelar sus fondos serán compensados con bonos del Estado, que también podrían usarse en el caso de los bancos afectados por la devaluación, que impactó en los depósitos pero no en los créditos.
Aunque la solución planteada no convence del todo a los ahorristas, se da un paso necesario en dos sentidos: se tiende a reconstruir el derecho de propiedad y se posibilita avanzar en la redefinición del sistema financiero. Sin embargo, esta necesaria redefinición de la banca está condicionada por las políticas económicas que adopte la próxima gestión y por la confianza que las mismas generen, porque si persisten las vulnerabilidades macroeconómicas y financieras, persistirán también las dificultades que aquejan al sistema bancario.
La cuestión es simple: no puede haber intermediación financiera eficaz y eficiente en un frágil entorno económico e institucional. No puede haber bancos sanos en una economía raquítica, como tampoco puede prosperar una economía sin bancos sólidos. Si los problemas de credibilidad no disminuyen será un claro síntoma de que la crisis aún no se ha superado, y es bajo este planteo que se juzgan insuficientes las medidas tendientes a recomponer el crédito por parte del Banco Central.
Medidas que no alcanzan
Bajar encajes para aumentar la capacidad prestable o la reducción de las exigencias de capital a los bancos de acuerdo con la calidad de sus carteras crediticias, son medidas que no alcanzan para desarrollar el crédito, al menos para el sector PyME.
Bajo esta lógica es que surge la necesidad de reformular el sistema bancario; pero esto exige políticas orientadas a fortalecer la demanda interna y el crecimiento económico sostenible. De lo contrario, todo se reduce a una mera expresión de deseos.
Al hablar de redefinir el sistema se alude a que es necesario establecer qué tipo de banca adoptará el país compatible con el conjunto de políticas que se implementen. Por más que se flexibilicen ciertas normas, no basta para que el crédito vuelva en las condiciones que una economía que debe crecer requiere. En el sistema financiero, hay que insistir, todo se reduce a una cuestión de confianza. En la economía argentina de comienzos de 2003 cómo puede saberse qué sectores serán rentables dentro de un par de meses solamente, cuáles serán más riesgosos, si habrá o no modificaciones tributarias, si habrá cambios bruscos en los precios relativos, si serán viables determinados emprendimientos. Por eso se afirma que restaurar el crédito no pasa sólo por trabajar en el lado normativo, es imprescindible crear condiciones que posibiliten asumir el riesgo crediticio y el endeudamiento bancario.
Con el dólar acentuando su tendencia decreciente, pese a las medidas de liberación cambiaria, y con un leve estancamiento de los depósitos debido a la restricción monetaria acordada con el FMI, se decide el descongelamiento de los depósitos reprogramados y desde el Banco Central se impulsa el retorno del crédito bancario.
Se juzga positiva la decisión de liberar depósitos reprogramados en la medida que tiende a dar una solución a los ahorristas y a los bancos, y se anticipan los efectos en caso de que se determine una redolarización.
Los ahorristas que opten por descongelar sus fondos serán compensados con bonos del Estado, que también podrían usarse en el caso de los bancos afectados por la devaluación, que impactó en los depósitos pero no en los créditos.
Aunque la solución planteada no convence del todo a los ahorristas, se da un paso necesario en dos sentidos: se tiende a reconstruir el derecho de propiedad y se posibilita avanzar en la redefinición del sistema financiero. Sin embargo, esta necesaria redefinición de la banca está condicionada por las políticas económicas que adopte la próxima gestión y por la confianza que las mismas generen, porque si persisten las vulnerabilidades macroeconómicas y financieras, persistirán también las dificultades que aquejan al sistema bancario.
La cuestión es simple: no puede haber intermediación financiera eficaz y eficiente en un frágil entorno económico e institucional. No puede haber bancos sanos en una economía raquítica, como tampoco puede prosperar una economía sin bancos sólidos. Si los problemas de credibilidad no disminuyen será un claro síntoma de que la crisis aún no se ha superado, y es bajo este planteo que se juzgan insuficientes las medidas tendientes a recomponer el crédito por parte del Banco Central.
Medidas que no alcanzan
Bajar encajes para aumentar la capacidad prestable o la reducción de las exigencias de capital a los bancos de acuerdo con la calidad de sus carteras crediticias, son medidas que no alcanzan para desarrollar el crédito, al menos para el sector PyME.
Bajo esta lógica es que surge la necesidad de reformular el sistema bancario; pero esto exige políticas orientadas a fortalecer la demanda interna y el crecimiento económico sostenible. De lo contrario, todo se reduce a una mera expresión de deseos.
Al hablar de redefinir el sistema se alude a que es necesario establecer qué tipo de banca adoptará el país compatible con el conjunto de políticas que se implementen. Por más que se flexibilicen ciertas normas, no basta para que el crédito vuelva en las condiciones que una economía que debe crecer requiere. En el sistema financiero, hay que insistir, todo se reduce a una cuestión de confianza. En la economía argentina de comienzos de 2003 cómo puede saberse qué sectores serán rentables dentro de un par de meses solamente, cuáles serán más riesgosos, si habrá o no modificaciones tributarias, si habrá cambios bruscos en los precios relativos, si serán viables determinados emprendimientos. Por eso se afirma que restaurar el crédito no pasa sólo por trabajar en el lado normativo, es imprescindible crear condiciones que posibiliten asumir el riesgo crediticio y el endeudamiento bancario.







