La dirigencia en el cadalso

Análisis. Jorge Neri - DyN.

07 Diciembre 2009
El triunfo de Daniel Passarella fue un golpe a la mandíbula que dejó groggy a la dirigencia tradicional, más allá de los resultados de las anunciadas apelaciones de los perdedores.
El club llegó a las elecciones al final de su peor año futbolístico. Es más: de no mediar una evolución rápida del equipo, por primera vez encenderá el alerta rojo en los promedios del descenso en seis meses más.
Esa arista parece sustancial en esta elección. Por eso se explica la inédita aparición de más de 14.000 socios para votar en una jornada lluviosa y gris, y sin que el fútbol  haya atraído público al Monumental.
Estuvo clara la necesidad de participar y de cambiar un rumbo a la gestión de José María Aguilar, golpeada no sólo por los malos resultados sino por la erosión que produjeron las andanzas criminales de los barrabravas y el desmanejo de las finanzas del club.
D'Onofrio llevó como candidato a vice primero a Hugo Santilli, ganador de dos elecciones, aunque en su segundo mandato renunció para asumir como funcionario menemista. El período lo completó Osvaldo Di Carlo, fallecido hace poco, quien perdió las elecciones siguientes ante Alfredo Dávicce.
Justamente Dávicce fue postulante a vice de Antonio Caselli, el joven dirigente que hace algo más de un mes dijo haber juntado a más de 5.000 personas en un acto y que el sábado cosechó menos de la mitad de esos votos.
Tras el gobierno de Dávicce asumió su hombre más cercano y hasta entonces vice, David Pintado, pero luego perdió las elecciones a manos de Aguilar, que arrasó en su reelección, pero que llegó a los comicios actuales en el centro de todas las condenas.
Ninguno de los ex presidentes atrajo votos por sus gestiones. "Si hubiera estado Enzo hubiéramos ganado por 200 o 300 votos más", afirmó Santilli. Una clara confirmación de que los ídolos futbolísticos hoy en River pesan más que los dirigentes históricos.

Comentarios