15 Noviembre 2009 Seguir en 

En el vigésimo aniversario de la caída del muro que dividió Berlín, que se cumplió el lunes de esta semana y que se celebró de manera singular en esa ciudad de la Alemania reunificada, orientemos nuestra atención a lo muros de vergüenza que quedan en el Siglo XXI, todavía: el que construyó Marruecos en el Sahara Occidental; el que levantó Israel en Cisjordania; el que construye EE.UU. en su frontera con México; el que separa las dos Corea; el edificado en Nicosia (Chipre), que parte en dos la ciudad.
No son los muros ni las guerras otra cosa que la señal perdurable de la barbarie que aún se manifiesta por obra de los hombres. Y la señal más evidente de la incapacidad de los estadistas de ejercer debidamente esa condición que les es confiada por sus pueblos, rehenes de todas las manipulaciones de la política. Y nada más que números, apenas, cada uno de sus integrantes, en el juego de las democracias de ficción. © LA GACETA
No son los muros ni las guerras otra cosa que la señal perdurable de la barbarie que aún se manifiesta por obra de los hombres. Y la señal más evidente de la incapacidad de los estadistas de ejercer debidamente esa condición que les es confiada por sus pueblos, rehenes de todas las manipulaciones de la política. Y nada más que números, apenas, cada uno de sus integrantes, en el juego de las democracias de ficción. © LA GACETA
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