¿Mayoría automática?
Sbdar perdió una buena oportunidad para despegarse de algunos estigmas. La derrota, a veces, es preferible. Por Federico Abel - Redacción LA GACETA.
LA GACETA
07 Octubre 2009 Seguir en 
Claudia Sbdar, vocal de la Corte Suprema de Justicia, perdió ayer una memorable oportunidad para contestarle -con hechos firmes- a quienes, con escepticismo, vaticinaban que era cuestión de darle tiempo, porque, en lo que de veras importa en términos de calidad institucional, iba a demostrar su sincera lejanía o cercanía al gobierno que la ha designado hace un año y seis meses. Su voto decisivo a favor de que fuera elegido presidente del alto tribunal nada menos que Antonio Estofán, ex fiscal de Estado del gobernador José Alperovich, de quien aquel se jacta de ser amigo personal, multiplicará las dudas. Hay quienes, con desasosiego, interpretan que en el segundo piso del Palacio de Tribunales se consolida peligrosamente una mayoría automática, con la alarma que esta expresión connota a partir de la proximidad al menemismo que experimentó la Corte de la Nación durante los años 90.
El constitucionalista Alberto Bianchi suele afirmar -con razón- que una Corte vale por el prestigio de sus precedentes. A Sbdar ni siquiera la desanimó el hecho de que Estofán haya profundizado el derrotero disolvente de una recatada costumbre inaugurada en 1991 en el alto tribunal, según la cual un vocal no podía votarse a sí mismo para presidente. En marzo de 2007, Dato había quebrado la sana tradición sentando una peligrosa doctrina. Fue cuando, tras haber empatado en primera vuelta, en dos votos, con Antonio Gandur (también aspiraba a la reelección aquella vez), sufragó por sí mismo para desempatar la contienda, animado por Alberto Brito: "¡votate vos, Alfredo!". Estofán, esta vez, fue más allá inclusive: en la primera ronda de ayer, luego de que Brito lo había propuesto para el período 2009-2011, optó por él mismo. Anteriormente, Gandur había promovido a René Goane y este a aquel. Es decir, Sbdar pudo forzar un balotaje entre Gandur -sabía que este anhelaba retirarse como titular de la Corte- y Estofán, pero prefirió al amigo del gobernador. No sólo eso: legitimó el auto-voto, que, al parecer, ni siquiera le ofrece reparos éticos.
Las alturas marean
La gran pregunta es si la Casa de Gobierno se mantuvo prescindente de la elección, por lejos, más publicitada y peleada desde que en 1991 la presidencia de la Corte se renueva cada dos años. Hasta el lunes, Sbdar seguía firme en la disputa y se veía con chances, aunque sufrió un baño de realidad cuando advirtió que Brito, en quien tanto confía en lo jurisdiccional, iba a postularlo -obviamente- a Estofán y no a ella. La incógnita era, entonces, qué iba a hacer Sbdar en un escenario de polarización, como finalmente se dio, entre Gandur y Estofán. Hasta el viernes, este último estaba convencido de que, si se veía fuera de juego, Sbdar se iba a inclinar por la continuidad de Gandur. El final fue otro. ¿Qué hizo, entonces, que Sbdar terminara apoyando a quien ya había perdido hasta las esperanzas de obtener su voto?
Demasiada preocupada -y apurada- por sus propias ansias, a lo mejor, Sbdar terminó atrapada entre los amagues de viejos conocedores -y digitadores- de fintas cortesanas. Por eso, Borges solía enseñar que, a veces, "la derrota tiene un matiz de dignidad de la cual el triunfo carece".
Sea como fuera, quedaron perfectamente alineados -cual escuadra- el amigo del gobernador, la vocal a la que también designó Alperovich y, por supuesto, Brito. Este es el único que, en la causa "Colegio de Abogados", concluyó sugestivamente que, si se declaraba nula la atribución conferida por la reforma constitucional de 2006 al Poder Ejecutivo para que moldeara por decreto el Consejo Asesor de la Magistratura (CAM), esto no dejaba en pie ni siquiera la obligación de celebrar concursos públicos para la selección de los futuros jueces. La salida que pergeñó -sinuosamente- era la vuelta al sistema de designación estrictamente político. ¡O sea!
Tal fue el nivel de fricciones que el lunes circuló -con fuerza- la versión de que Goane, en vez de votar a Gandur, iba a abstenerse, lo que hubiera allanado las cosas para Estofán, porque Gandur se habría quedar sin quien lo postulara. Pero el eventual silencio de Goane no hubiera sido entendido, precisamente, como un gesto neutral ni aséptico, sino como una forma elíptica de apoyar a Estofán sin votarlo. Esto, por cierto, hubiera resultado incomprensible, teniendo en cuenta que Goane fue despellejado públicamente por el alperovichismo, que intentó someterlo a juicio político. Pero, finalmente, Gandur y Goane quedaron en minoría, con la ventaja de que, en el caso del segundo, por haber sido ratificado como vocal decano de la Corte, integrará la Junta Electoral cuando Estofán (también presidente desde el martes de dicho órgano) se inhiba -o sea recusado- por su estrecha amistad con el gobernador. Esto no es un dato menor de cara a 2011, en que Alperovich, seguramente, intentará su tercer mandato consecutivo.
Como sucedía con Dato, que terminó siendo diputado del oficialismo desde el trampolín de la presidencia del alto tribunal, Estofán se debatirá entre ser la cara política de la Corte o, directamente, la irrupción de la política en ella. Al margen de lo de la mayoría automática, por lo pronto, se sabe que Alperovich tiene un amigo personal -lo que supone un vínculo calificado de relación- en la cabeza del poder llamado, paradójicamente, a controlarlos a los otros. Toda una metáfora acerca de hasta dónde la hegemonía ha avanzado sobre las instituciones tucumanas.
El constitucionalista Alberto Bianchi suele afirmar -con razón- que una Corte vale por el prestigio de sus precedentes. A Sbdar ni siquiera la desanimó el hecho de que Estofán haya profundizado el derrotero disolvente de una recatada costumbre inaugurada en 1991 en el alto tribunal, según la cual un vocal no podía votarse a sí mismo para presidente. En marzo de 2007, Dato había quebrado la sana tradición sentando una peligrosa doctrina. Fue cuando, tras haber empatado en primera vuelta, en dos votos, con Antonio Gandur (también aspiraba a la reelección aquella vez), sufragó por sí mismo para desempatar la contienda, animado por Alberto Brito: "¡votate vos, Alfredo!". Estofán, esta vez, fue más allá inclusive: en la primera ronda de ayer, luego de que Brito lo había propuesto para el período 2009-2011, optó por él mismo. Anteriormente, Gandur había promovido a René Goane y este a aquel. Es decir, Sbdar pudo forzar un balotaje entre Gandur -sabía que este anhelaba retirarse como titular de la Corte- y Estofán, pero prefirió al amigo del gobernador. No sólo eso: legitimó el auto-voto, que, al parecer, ni siquiera le ofrece reparos éticos.
Las alturas marean
La gran pregunta es si la Casa de Gobierno se mantuvo prescindente de la elección, por lejos, más publicitada y peleada desde que en 1991 la presidencia de la Corte se renueva cada dos años. Hasta el lunes, Sbdar seguía firme en la disputa y se veía con chances, aunque sufrió un baño de realidad cuando advirtió que Brito, en quien tanto confía en lo jurisdiccional, iba a postularlo -obviamente- a Estofán y no a ella. La incógnita era, entonces, qué iba a hacer Sbdar en un escenario de polarización, como finalmente se dio, entre Gandur y Estofán. Hasta el viernes, este último estaba convencido de que, si se veía fuera de juego, Sbdar se iba a inclinar por la continuidad de Gandur. El final fue otro. ¿Qué hizo, entonces, que Sbdar terminara apoyando a quien ya había perdido hasta las esperanzas de obtener su voto?
Demasiada preocupada -y apurada- por sus propias ansias, a lo mejor, Sbdar terminó atrapada entre los amagues de viejos conocedores -y digitadores- de fintas cortesanas. Por eso, Borges solía enseñar que, a veces, "la derrota tiene un matiz de dignidad de la cual el triunfo carece".
Sea como fuera, quedaron perfectamente alineados -cual escuadra- el amigo del gobernador, la vocal a la que también designó Alperovich y, por supuesto, Brito. Este es el único que, en la causa "Colegio de Abogados", concluyó sugestivamente que, si se declaraba nula la atribución conferida por la reforma constitucional de 2006 al Poder Ejecutivo para que moldeara por decreto el Consejo Asesor de la Magistratura (CAM), esto no dejaba en pie ni siquiera la obligación de celebrar concursos públicos para la selección de los futuros jueces. La salida que pergeñó -sinuosamente- era la vuelta al sistema de designación estrictamente político. ¡O sea!
Tal fue el nivel de fricciones que el lunes circuló -con fuerza- la versión de que Goane, en vez de votar a Gandur, iba a abstenerse, lo que hubiera allanado las cosas para Estofán, porque Gandur se habría quedar sin quien lo postulara. Pero el eventual silencio de Goane no hubiera sido entendido, precisamente, como un gesto neutral ni aséptico, sino como una forma elíptica de apoyar a Estofán sin votarlo. Esto, por cierto, hubiera resultado incomprensible, teniendo en cuenta que Goane fue despellejado públicamente por el alperovichismo, que intentó someterlo a juicio político. Pero, finalmente, Gandur y Goane quedaron en minoría, con la ventaja de que, en el caso del segundo, por haber sido ratificado como vocal decano de la Corte, integrará la Junta Electoral cuando Estofán (también presidente desde el martes de dicho órgano) se inhiba -o sea recusado- por su estrecha amistad con el gobernador. Esto no es un dato menor de cara a 2011, en que Alperovich, seguramente, intentará su tercer mandato consecutivo.
Como sucedía con Dato, que terminó siendo diputado del oficialismo desde el trampolín de la presidencia del alto tribunal, Estofán se debatirá entre ser la cara política de la Corte o, directamente, la irrupción de la política en ella. Al margen de lo de la mayoría automática, por lo pronto, se sabe que Alperovich tiene un amigo personal -lo que supone un vínculo calificado de relación- en la cabeza del poder llamado, paradójicamente, a controlarlos a los otros. Toda una metáfora acerca de hasta dónde la hegemonía ha avanzado sobre las instituciones tucumanas.







