Ojos que no ven, conflictos que crecen

El Gobierno no encuentra el antídoto para resolver el pleito con los médicos. El efecto en las finanzas. Por Marcelo Aguaysol - Redacción LA GACETA.

Marcelo Aguaysol
Por Marcelo Aguaysol 01 Octubre 2009
Las columnas incomodan. Los médicos copan la plaza Independencia. Y son muchos. No es que que la protesta blanca esté imbuida en ideologías. Hay bronca y se percibe. El Gobierno apostó por el tiempo y perdió eso, tiempo, un resultado adverso puede ser medido política como económicamente. Si se analiza desde la primera perspectiva, la gestión del gobernador José Alperovich, que se caracterizó por anticiparse a los problemas, esta vez se equivocó. Miró la protesta desde las ventanas del primer piso de la Casa de Gobierno y, en cierta medida, consideró que fracasaría por el solo hecho de que sus protagonistas no eran orgánicos a una estructura sindical.
El sonido de las bombas de estruendo asustan a los visitantes, ahuyentan inversores y agobia a los funcionarios. Por caso, el propio Alperovich programó ayer a la mañana visitas a Monteros para alejarse del ruido urbano de las marchas en su contra. Por la mañana, no apareció por la sede del Ejecutivo, una señal nada frecuente en él. Sin embargo, se montó una "guardia" de funcionarios que lo representen en caso de que haya acercamientos con los manifestantes.
"En Tucumán somos buenos anfitriones. Estamos recibiéndolos con bombos y platillos", lanzó ayer -con cierto nerviosismo- el ministro de Economía, Jorge Jiménez, al inaugurar el Foro de directores de Presupuesto de la Argentina. En la plaza, las columnas de manifestantes se iban desplegando. La cara de los visitantes, muchos de ellos acostumbrados a las protestas, fue cambiando a medida que los médicos avanzaban por la calle 25 de Mayo hacia la Casa de Gobierno, con una consigna de efectivos de Infantería a ambos lado de la vereda.
La conflictividad social pasó a ocupar un espacio en el lenguaje oficial. Los médicos no fueron recibidos por el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, porque este fue a la Casa Rosada a informarle a la presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, la evolución del conflicto sindical desatado en la fábrica de alimentos estadounidense Kraft (ex Terrabusi). La intranquilidad laboral" es un gran dolor de cabeza para Cristina Kirchner en un momento en el que el desempleo y la pobreza crecen a la sombra de la crisis económica global", publicó ayer el Wall Street Journal. Ese mensaje marcó la inquietud que hoy se apoderó de los empresarios.
Cada provincia puede tener su propia protesta blanca o su propio Kraft porque los fondos que administran los gobiernos están en picada. En muchos distritos el gasto en Personal representa más del 50% del presupuesto. A medida que pasa el tiempo resulta más difícil aplicar ajustes fiscales. Y, por eso, las reformas tributarias son más frecuentes. Esas medidas engloban premios para algunos y castigos para muchos contribuyentes. Es el signo de estos tiempos.

Esos números

Junto con el análisis político del conflicto con los médicos puede realizarse el impacto financiero de la queja salarial. El ministro de Salud, Pablo Yedlin, no se debe haber imaginado tomar las riendas de un sector que se convirtió en una verdadera bomba de tiempo. Más aún con un Ministerio vaciado de técnicos que se fueron a Buenos Aires con el ahora ministro nacional Juan Manzur. Nadie advirtió que el tiempo de la negociación era julio, cuando se definió el 15,5% de aumento a los empleados públicos.
Hoy, según los cálculos oficiales, el reclamo de los profesionales puede costarle al erario no menos de $ 8 millones mensuales, es decir, $ 104 millones anuales, un 25% del total de incrementos otorgados a todos los estatales.  Frente a esa situación, el Ejecutivo se niega a que le marquen la agenda de trabajo. Los funcionarios interpretan que ceder puede significar el adelanto de  cinco meses de las negociaciones salariales. Sucede que los gremios que representan a los estatales están expectantes a los resultados del enfrentamiento Gobierno-médicos.
Los millones no alcanzan para cubrir gastos extra, insisten los voceros cercanos al mandatario. Y eso es lo que anoche trató de transmitir el gobernadores ante los legisladores afines a la gestión.
Este año no hubo razones ni dinero para ampliar el presupuesto provincial. El goteo de recursos nacionales es cada vez menos frecuente por la vía presupuestaria, pero en parte se compensa con las remesas discrecionales que se envían para cubir los planes de trabajos públicos. Es posible que el presupuesto de este año cierre con un nivel de gastos superior a los $ 6.300 millones, más allá de los recortes de partidas, estimados en un 12% del total proyectado para cada repartición.
El déficit volverá a merodear las cuentas públicas. Tucumán cerraría el ejercicio con un rojo fiscal que rondaría los $ 40 millones. "No es un mal escenario si se toma en cuenta la situación global y el comportamiento fiscal de otros distritos", confiesa un hombre del gabinete. En el fondo, el resultado será negativo porque la Nación sigue atrasándose en el envío de fondos para pagar deudas. Así, 2010 será un año de mayores restricciones fiscales.

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