18 Agosto 2009 Seguir en 
René Auviex, el propietario de la lavandería en donde el mes pasado explotó una secadora-planchadora, provocando la muerte de cuatro empleados, fue detenido esta tarde por pedido del fiscal Guillermo Herrera. El hombre sufrió un shock emocional al ser buscado por los policías, por lo que debió ser internado en un sanatorio céntrico.
El encargado del local está imputado del delito de estrago culposo, para el cual el Código Penal prevé penas de entre un mes a cinco años de prisión. El 20 de julio, minutos antes de las 20, la máquina, conocida entre los empleados del rubro como Calandra, explotó dentro del local. Una de las tapas salió despedida y atravesó el muro de una concesionaria.
Otras partes de la máquina (el cilindro y la base) embistieron a los empleados Javier Lizárraga, de 27 años, y Carlos Hansen, de 25, quienes murieron en el acto. Otra empleada, Lucía del Carmen Pérez, de 45 años, pereció el miércoles, y Mariana Indiana Raspari, de 40, quien también trabajaba en el local falleció un día después. Dora Argañaraz, José Contreras y María del Valle Díaz Lobo sufrieron heridas.
El fiscal ordenó a personal de Bomberos que efectuara todas las pericias mientras él tomaba testimonios. Los familiares de las víctimas denunciaron desde el primer momento que no se realizaban tareas de mantenimiento a varias de las máquinas. Esto, sin embargo, fue negado por Auvieux. "Esa plancha requiere un mantenimiento básico, de engrasado y esas cuestiones. Cuando ocurrió la explosión yo estaba en mi oficina conversando con el especialista que hace ese trabajo", dijo.
Sin embargo, según el informe de los Bomberos esto no es así. "Esa máquina fue adquirida cómo mínimo hace 25 años a otra empresa, o sea que era usada, y desde entonces no se le hizo nada", indicaron los especialistas. La Calandra funciona con vapor de agua y es alimentada por una caldera que era supervisada por técnicos aunque no de manera regular, de acuerdo con los expertos de Bomberos. LA GACETA ©
El encargado del local está imputado del delito de estrago culposo, para el cual el Código Penal prevé penas de entre un mes a cinco años de prisión. El 20 de julio, minutos antes de las 20, la máquina, conocida entre los empleados del rubro como Calandra, explotó dentro del local. Una de las tapas salió despedida y atravesó el muro de una concesionaria.
Otras partes de la máquina (el cilindro y la base) embistieron a los empleados Javier Lizárraga, de 27 años, y Carlos Hansen, de 25, quienes murieron en el acto. Otra empleada, Lucía del Carmen Pérez, de 45 años, pereció el miércoles, y Mariana Indiana Raspari, de 40, quien también trabajaba en el local falleció un día después. Dora Argañaraz, José Contreras y María del Valle Díaz Lobo sufrieron heridas.
El fiscal ordenó a personal de Bomberos que efectuara todas las pericias mientras él tomaba testimonios. Los familiares de las víctimas denunciaron desde el primer momento que no se realizaban tareas de mantenimiento a varias de las máquinas. Esto, sin embargo, fue negado por Auvieux. "Esa plancha requiere un mantenimiento básico, de engrasado y esas cuestiones. Cuando ocurrió la explosión yo estaba en mi oficina conversando con el especialista que hace ese trabajo", dijo.
Sin embargo, según el informe de los Bomberos esto no es así. "Esa máquina fue adquirida cómo mínimo hace 25 años a otra empresa, o sea que era usada, y desde entonces no se le hizo nada", indicaron los especialistas. La Calandra funciona con vapor de agua y es alimentada por una caldera que era supervisada por técnicos aunque no de manera regular, de acuerdo con los expertos de Bomberos. LA GACETA ©







