Contaron 2.565 armas, pero todavía faltan 600

La Policía terminó el inventario que había ordenado una fiscala en la sección Secuestros Judiciales y se informatizaron todos los datos. Cuando asumió la actual conducción de la fuerza se detalló que había 740 armas en esa dependencia. Sin embargo en 2003 se habían enumerado casi 1.300.

CLASIFICADAS. Las escopetas y fusiles fueron colocados en estanterías. Las armas cortas, pistolas y revólveres, están guardadas en ficheros con cerraduras. LA GACETA / ENRIQUE GALIDEZ
CLASIFICADAS. Las escopetas y fusiles fueron colocados en estanterías. Las armas cortas, pistolas y revólveres, están guardadas en ficheros con cerraduras. LA GACETA / ENRIQUE GALIDEZ
18 Agosto 2009
El fusil ruso AK-47 Kalashnikov está en perfecto estado. Fue secuestrado en 2003, durante un violento atraco a una sucursal bancaria ubicado en el acceso norte. Entre el material que está guardado en la sección Secuestros Judiciales, el arma (similar a la utilizada entre otros por Silvester Stallone en "Rambo II" o por Nicolas Cage en "El Señor de la Guerra"), es una de las "estrellas" que permanecen en una estantería hasta que la Justicia ordene que se la destruya.
La dependencia fue escenario de un escándalo que estalló el año pasado cuando se descubrió que se habían estado vendiendo armas que estaban a disposición de la Justicia. La semana pasada terminó el inventario general con una sorpresa: se encontró casi un 288% más de armas que las que se creía secuestradas. Pero, al mismo tiempo, según los registros, faltarían casi 600 armas que no se sabe cuándo fueron sustraídas.
El escándalo se destapó como consecuencia de un doble cruce de información entre el Renar (Registro Nacional de Armas) y el Repar (Registro provincial de armas) sobre la base de los informes del plan de desarme que desarrollaba la Nación en 2008. El plan consistía en la entrega de dinero a cambio de armas. Cuando se comenzaron a chequear las numeraciones de las armas que entregaban los civiles se descubrió que hubo gente que había vendido escopetas,  pistolas o revólveres que deberían haber estado depositadas en la oficina de Secuestros Judiciales.
La denuncia fue interpuesta por el Renar e investigada por la fiscala Teresita Marnero quien, además de intentar averiguar a quiénes habían vendido las armas, ordenó que se hiciera un inventario de todo lo que hubiera en esa dependencia. Además ocho empleados de esa dependencia fueron imputados por la Justicia y pasados a disponibilidad por las autoridades de la fuerza de seguridad.
Hasta hace un año, todo lo que no fuera vehículos, era guardado en cuatro oficinas que estaban absolutamente derruidas. Con las tapas de los techos podridos, sin luz ni ventilación adecuada se arrumbaban armas, material genético, ropas y elementos de computación. Gran parte de lo que debía ser material de investigación se perdió por el desastroso estado en el que había sido preservado. "Era un caos", resumió el jefe de Policía, comisario general Hugo Sánchez. Cuando se descubrió que habían desaparecido las armas, la cúpula de la Policía ordenó que se informatizara todo y que se construyera un nuevo depósito, acorde a la ley nacional 25.938 de armas decomisadas. La tarea fue encomendada al jefe de la repartición, Nelson Córdova, que contó con la colaboración del oficial Elio Alzogaray y de los suboficiales Ariel Martínez y Sebastián Albornoz, este último un ingeniero que integra el  cuerpo de profesionales de la fuerza. "Trabajamos durante cuatro meses. Primero, antes de la tarea de selección hubo que recuperar todo el material, que estaba en cuatro depósitos en pésimo estado. Cuando sacamos todo empezamos a clasificarlo", indicó Córdova. Albornoz indicó que se creó un programa, similar al Excel, que les permitió catalogar cada una de las armas. "Hay pistolas, revólveres, escopetas, fusiles y hasta 'tumberas' (de fabricación casera). A cada una se le adosó un código de barras que permite identificarla en el acto, con fotografía incluida y todos los datos necesarios del arma partiendo de dato de la causa en relación a la cual fue secuestrada", explicó Albornoz. La idea de la jefatura de Policía es que cada vez que termina el proceso legal al que está sometida cada arma, sea destruida.

Los faltantes
Tras esto trabajo se llegó a la conclusión que dentro del depósito había 2.565 armas de las que se había incautado la Policía. "Cuando yo me hice cargo de la Jefatura de Policía (N. de la R.: 23 de diciembre de 2005), había un inventario de 740. Es decir que en realidad había muchísimas más que las que nos habían dicho. Eso demuestra el descontrol que había en esta sección", afirmó Hugo Sánchez. El subjefe de Policía, comisario general Nicolás Barrera, indicó que a partir de ahora no habrá dilaciones cuando la Justicia requiera un arma. "Hemos avanzando en la informatización de distintas dependencias. Secuestros Judiciales era un área pendiente", explicó.
Lo que ellos no sabían -relató una fuente policial- es que en julio de 2003 (tres meses antes de la asunción como gobernador de José Alperovich) habían sido inventariadas 1.300 armas. Es decir que desde ese momento hasta diciembre de 2005, desaparecieron casi 600 armas. Esas pistolas, revólveres y escopetas pasaron a engrosar el mercado negro de la provincia. Los policías intentaron hacer un cruce de información sobre la base de los libros de registro, pero fue imposible ya que la gran mayoría estaba inutilizado, producto de la humedad. El nuevo depósito tiene todavía espacio suficiente para muchas armas. Sin embargo, a un ritmo de cinco por semana como se está secuestrando actualmente, pronto quedará chico. Por eso ya se pensó en ampliarlo. "El control va a ser estricto", finalizó Sánchez, mientras observaba el AK-47, al cual pretende exhibir, como a otras armas "especiales" en un museo que también tienen pensado construir dentro de poco.

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