Shakespeare aún vive en Stratford-upon-Avon

Por Juan Carlos Di Lullo - Redacción de LA GACETA.

31 Julio 2009

Poco menos de un kilómetro en línea recta separa la casa en la que nació William Shakespeare del sitio en el que descansan sus restos, en la Holy Trinity Church de Stratford-upon-Avon. Y, aunque el Bardo concretó la obra que inmortalizó su memoria durante los años que pasó en Londres, a un centenar de kilómetros de distancia, decidió adquirir una propiedad en su pueblo natal para pasar los últimos años de su vida. Por eso hoy, Stratford-upon-Avon es una pequeña y deliciosa ciudad en la que el espíritu del mayor poeta y dramaturgo de la lengua inglesa hace sentir su presencia con notable intensidad hasta en el último de sus rincones.La casa natal del poeta está sobre lo que hoy es una calle peatonal cubierta de bares y de negocios de venta de recuerdos, masivamente dedicados a su memoria; algunos, tan forzadamente vinculados con el escritor como unas latitas de excelente té en las que se puede leer esta aclaración: "Shakespeare vivió 50 años antes de que apareciera el té en Inglaterra. Nos preguntamos qué otras profundas y memorables sentencias hubieran surgido de su pluma si hubiera tenido el placer de disfrutar de la bebida nacional favorita". La vivienda en la que nació el poeta ha sido totalmente reconstruida y alberga una suerte de exposición que ilustra a los visitantes acerca de los detalles de la vida cotidiana en el siglo XVI. La afluencia de turistas de todo el mundo y su afán por fotografiarse frente a la casa convierten en una tarea ímproba lograr una imagen de la fachada sin que entre en cuadro la figura de alguien que le sonríe a una cámara.El sepulcro de Shakespeare, al pie del altar de piedra de la iglesia que desde el siglo XIII se levanta en la margen derecha del Avon, es otro de los hitos que concentra la atención de los devotos del poeta. A medio kilómetro de allí está The Courtyard Theatre, sede de la mundialmente famosa Royal Shakespeare Company. El enorme edificio (hoy en remodelación) y el más pequeño Swan Theatre, que se levanta a su lado, sirven para albergar las frecuentes y a veces controvertidas representaciones de las 38 piezas que componen el legado de William Shakespeare. El Bardo está vivo en esos escenarios, y burla con las luces de su genio las tinieblas de la muerte y del olvido.

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