24 Julio 2009 Seguir en 
Es increíble. No hay antídoto que pueda contra Harry Potter. Cuando comienza la proyección del filme, el bullicio en la sala se enmudece en un santiamén. Sólo basta ver los gestos de los chicos que tienen la mirada expectante como si les hubiese caído un hechizo en todo el cuerpo que los atornilla a las butacas. Hasta el final de la película no hay poción mágica que pueda distraerlos de la enorme pantalla. Pero el conjuro se propaga por toda la sala hasta envolver también a los adolescentes, a los jóvenes y a unos cuantos adultos que llegan al cine con la excusa de cumplir sólo un papel de acompañantes.
El mago nacido en el Valle de Godric, en Gran Bretaña, invoca los conjuros que se repiten en voz baja en la platea. Hay chicos que se saben de memoria los nombres de los personajes y las acciones más trascendentales en la aventurera vida del pequeño Harry. Ayer, durante el estreno del filme, quedó demostrado que los niños tucumanos son fieles seguidores de la saga de los aprendices de hechiceros.
Minutos antes, con pasos gigantes, Javier Sbrocco, de 12 años, llegó a las salas del Portal de Yerba Buena para ver el estreno. "Leí el libro, pero no quiero perderme la película", dijo el adolescente con la mirada ansiosa mientras compraba su ticket de acceso. Adentro, en el cine nadie usaba barbijos y parecían ni acordarse de los virus gripales. El encantamiento les dura tanto que durante la exhibición del filme no se oye ni un estornudo.
La complicidad grupal
En la mitad de la película hay una escena en la que la profesora Minerva MacGonagall interroga a los protagonistas. "¿Por qué siempre que sucede algo tienen que estar ustedes tres juntos involucrados?", pregunta. "Creáme señorita -dice Ron, el muchacho pelirrojo-, yo me he hecho esa misma pregunta durante seis años". La complicidad de Harry Potter y sus amigos es la misma que comparten algunos chicos que llegaron en grupo para la sexta versión. Desde Tafí Viejo, vinieron Milagros, Noelia, Macarena y Abigail (ex compañeras en el colegio IPEP). Mientras dos de ellas hacían fila para comprar las entradas, las otras dos compraban provisiones de pochoclo y gaseosas para compartir entre todas. Ellas aseguran que no leyeron el libro, porque prefieren, primero, la sorpresa del cine. Atraviesan las butacas hasta tomar ubicación en medio de abuelos, madres, tíos y padrinos que sirven de guía para los más pequeños.
Luego, tras una hora de proyección, se produce un intervalo de 10 minutos. Otra vez se desata el bullicio. Es el momento en que la mayoría sale disparada a comprar más provisiones en forma de pochoclos y galletas.
Al regreso, Harry Potter muestra cierta cercanía de sentimientos con Ginny, la hermana de su mejor amigo. Están a punto de besarse, pero un ruido estruendoso los interrumpe, mientras las adolescentes suspiran en sus asientos. Entre cuchicheos admiten sus ganas de estar en el lugar de la actriz. El amor y los celos adolescentes aparecen en varias pinceladas. Más tarde, cuando por fin se produce el beso, las chicas del público miran con resignación que una actriz se quedó con el premio mayor, como ocurre en las novelas.
Las brujerías de algunos personajes malignos también logran exasperar a los chicos en sus butacas. "La odio", dice alguien cuando una hechicera malvada vocifera sus malas intenciones contra Harry Potter. "Yo también", responde otro a su lado. "Sí, yo también", repite alguien y la queja se extiende como si fuese una cadena de mensajes de texto por celular.
Los "Pottermaníacos" están tan avezados en la vida del mago, que a algunos les sirve de motivación para escribir sus propias ficciones. Luis Uslenghi, de 9 años, leyó todos los libros de Harry Potter y ahora escribe sus propios textos. "Empecé hace dos meses y ya llevo unas 20 páginas. Es sobre criaturas mágicas, porque Harry Potter me dio la idea desde la primera vez que vi la película cuando tenía cuatro o cinco años", detalla con la seguridad de un literato. A su lado, su padre no puede ni quiere contener el gesto de orgullo y presume con una sonrisa. Como un embrujo para mantener a los chicos entretenidos en tiempos de vacaciones, el filme "Harry Potter y el misterio del príncipe" logra atraparlos durante casi tres horas, aunque ello no les hace olvidar que el estomágo pide palomitas de maíz.
El mago nacido en el Valle de Godric, en Gran Bretaña, invoca los conjuros que se repiten en voz baja en la platea. Hay chicos que se saben de memoria los nombres de los personajes y las acciones más trascendentales en la aventurera vida del pequeño Harry. Ayer, durante el estreno del filme, quedó demostrado que los niños tucumanos son fieles seguidores de la saga de los aprendices de hechiceros.
Minutos antes, con pasos gigantes, Javier Sbrocco, de 12 años, llegó a las salas del Portal de Yerba Buena para ver el estreno. "Leí el libro, pero no quiero perderme la película", dijo el adolescente con la mirada ansiosa mientras compraba su ticket de acceso. Adentro, en el cine nadie usaba barbijos y parecían ni acordarse de los virus gripales. El encantamiento les dura tanto que durante la exhibición del filme no se oye ni un estornudo.
La complicidad grupal
En la mitad de la película hay una escena en la que la profesora Minerva MacGonagall interroga a los protagonistas. "¿Por qué siempre que sucede algo tienen que estar ustedes tres juntos involucrados?", pregunta. "Creáme señorita -dice Ron, el muchacho pelirrojo-, yo me he hecho esa misma pregunta durante seis años". La complicidad de Harry Potter y sus amigos es la misma que comparten algunos chicos que llegaron en grupo para la sexta versión. Desde Tafí Viejo, vinieron Milagros, Noelia, Macarena y Abigail (ex compañeras en el colegio IPEP). Mientras dos de ellas hacían fila para comprar las entradas, las otras dos compraban provisiones de pochoclo y gaseosas para compartir entre todas. Ellas aseguran que no leyeron el libro, porque prefieren, primero, la sorpresa del cine. Atraviesan las butacas hasta tomar ubicación en medio de abuelos, madres, tíos y padrinos que sirven de guía para los más pequeños.
Luego, tras una hora de proyección, se produce un intervalo de 10 minutos. Otra vez se desata el bullicio. Es el momento en que la mayoría sale disparada a comprar más provisiones en forma de pochoclos y galletas.
Al regreso, Harry Potter muestra cierta cercanía de sentimientos con Ginny, la hermana de su mejor amigo. Están a punto de besarse, pero un ruido estruendoso los interrumpe, mientras las adolescentes suspiran en sus asientos. Entre cuchicheos admiten sus ganas de estar en el lugar de la actriz. El amor y los celos adolescentes aparecen en varias pinceladas. Más tarde, cuando por fin se produce el beso, las chicas del público miran con resignación que una actriz se quedó con el premio mayor, como ocurre en las novelas.
Las brujerías de algunos personajes malignos también logran exasperar a los chicos en sus butacas. "La odio", dice alguien cuando una hechicera malvada vocifera sus malas intenciones contra Harry Potter. "Yo también", responde otro a su lado. "Sí, yo también", repite alguien y la queja se extiende como si fuese una cadena de mensajes de texto por celular.
Los "Pottermaníacos" están tan avezados en la vida del mago, que a algunos les sirve de motivación para escribir sus propias ficciones. Luis Uslenghi, de 9 años, leyó todos los libros de Harry Potter y ahora escribe sus propios textos. "Empecé hace dos meses y ya llevo unas 20 páginas. Es sobre criaturas mágicas, porque Harry Potter me dio la idea desde la primera vez que vi la película cuando tenía cuatro o cinco años", detalla con la seguridad de un literato. A su lado, su padre no puede ni quiere contener el gesto de orgullo y presume con una sonrisa. Como un embrujo para mantener a los chicos entretenidos en tiempos de vacaciones, el filme "Harry Potter y el misterio del príncipe" logra atraparlos durante casi tres horas, aunque ello no les hace olvidar que el estomágo pide palomitas de maíz.
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