24 Julio 2009 Seguir en 
No debe haber mayor placer que el viernes tipo 8 de la noche. Porque llega el fin de semana, y realmente soy de disfrutarlo. Claro que mi rutina desde que estoy en Buenos Aires, trabajando en Canal 7, cambió bastante. Pero en Tucumán, más precisamente en el barrio La Esperanza de Yerba Buena, todo es un cuento de hadas. Con ogro incluido, en este caso, el sodero, encargado de despertarme los sábados. Nada más lindo que abrir la ventana y ver los cerros desde la cama haciendo fiaca. El televisor, a modo de espejo mágico, siempre me trae las noticias a través de un zapping furioso hasta algún canal de música.
Después llega mi hada madrina, Valeria, con unos mates con yuyos; y los duendes, Lucas y Mariano, que siempre inician una lucha desigual por el control de la computadora. A media mañana, ya con ropa deportiva, llevo a los chicos a la escuelita de fútbol o de rugby, dependiendo de las actuaciones de ambas selecciones nacionales. Por supuesto que la ida al supermercado es obligatoria y, mezclado entre ejércitos de carritos y bolsas, consigo el asadito para la noche. Próximo destino, San Pablo, a jugar fútbol en los campeonatos para mayores de 20 (veteranos me suena a mucho). Ahí si que me relajo del todo para gusto mío y odio de mis compañeros, ya que soy arquero, blanco de gritos, insultos y cargadas. Ya en casa y tras un furioso baño, hay varias opciones. Si no tengo actuación, por lo general salimos con amigos (Gustavo y Ariel, incondicionales) o vienen y hacemos un asado o pizza, mucha pizza. Si tengo función, salgo temprano al teatro pero ni bien termino vuelvo a casa y concluyo la jornada con alguna película, si es un clásico, mejor.
El domingo la computadora es mía y LA GACETA es la primera página que abro. Después suele visitar el sitio www.altoque10.com.ar. Almorzamos con algún familiar y salimos a pasear. Por la nochecita leo algún libro de historia y preparo la semana, esperando con ansias la llegada del viernes, tipo 8 de la noche, en que termina toda la agotadora rutina de la semana. La verdad es que extraño mucho Tucumán y ahora que me dan la oportunidad de contar mi fin de semana, lo extraño aún más.
Después llega mi hada madrina, Valeria, con unos mates con yuyos; y los duendes, Lucas y Mariano, que siempre inician una lucha desigual por el control de la computadora. A media mañana, ya con ropa deportiva, llevo a los chicos a la escuelita de fútbol o de rugby, dependiendo de las actuaciones de ambas selecciones nacionales. Por supuesto que la ida al supermercado es obligatoria y, mezclado entre ejércitos de carritos y bolsas, consigo el asadito para la noche. Próximo destino, San Pablo, a jugar fútbol en los campeonatos para mayores de 20 (veteranos me suena a mucho). Ahí si que me relajo del todo para gusto mío y odio de mis compañeros, ya que soy arquero, blanco de gritos, insultos y cargadas. Ya en casa y tras un furioso baño, hay varias opciones. Si no tengo actuación, por lo general salimos con amigos (Gustavo y Ariel, incondicionales) o vienen y hacemos un asado o pizza, mucha pizza. Si tengo función, salgo temprano al teatro pero ni bien termino vuelvo a casa y concluyo la jornada con alguna película, si es un clásico, mejor.
El domingo la computadora es mía y LA GACETA es la primera página que abro. Después suele visitar el sitio www.altoque10.com.ar. Almorzamos con algún familiar y salimos a pasear. Por la nochecita leo algún libro de historia y preparo la semana, esperando con ansias la llegada del viernes, tipo 8 de la noche, en que termina toda la agotadora rutina de la semana. La verdad es que extraño mucho Tucumán y ahora que me dan la oportunidad de contar mi fin de semana, lo extraño aún más.







