24 Julio 2009 Seguir en 
Al comienzo son como los niños. Hay que cuidarlos con mucha dedicación para que los vientos no los doblen, las hormigas no los coman y los inadaptados no los destruyan. Ya en la adolescencia, empiezan a desperezarse hacia el cielo y los costados buscando amigos, abrazando de a poco el sol, en la medida que sus fuerzas se lo van permitiendo. Ya maduros, nos cobijan de la intemperie, de las lluvias, del acoso de canícula, oxigenan el aire que respiramos, poniéndoles un escudo a las partículas contaminantes y tratan de esquivar las agresiones de los depredadores. Tal vez antes, mucho antes, los árboles morían de pie -como le gustaba decir a don Alejandro Casona-, a pocos se les ocurría herirlos deliberadamente o matarlos. Porque se sabía que ellos tardan mucho en crecer y cuando logran ser mayorcitos, se tiene un amigo fiel para toda la vida.
Pero los tiempos cambian y a veces para mal. De acuerdo con apreciaciones municipales y de algunas instituciones civiles son muchos los tucumanos que se han dedicado a hacer justicia con mano propia con los árboles y los podan de un modo "inhumano". Los motivos son diversos: van desde levantar con sus raíces las veredas a molestar con sus ramas los domicilios o a entorpecer la iluminación pública. En su opinión, la culpa de cometer esa acción la tiene la Municipalidad, que no responde en tiempo y en forma los pedidos de podazón.
Estos casos que comentamos pueden constatarse en Muñecas, desde Santiago del Estero hasta Sarmiento; en las primeras cuadras de Corrientes o en 25 de Mayo desde el 500 hasta el 700, en Las Heras al 600. En la calle Ayacucho al 500, casi La Madrid, un hermoso árbol fue cortado -ya no quedan rastros de su existencia- porque habría molestado a algún vecino.
Según el titular de la Sociedad Amigos del Arbol esta práctica ilegal se descontrola durante los fines de semana se desata el descontrol. Los vecinos sacan a relucir sus machetes o cuchillos y empiezan a podar ejemplares. A la entidad le preocupa que en los últimos meses aumentó la destrucción de ejemplares debido a las obras en construcción. Un ejemplo de ello es la extracción de añejos y frondosos ejemplares en la parte de atrás de la Facultad de Psicología de la UNT, donde se está efectuando una edificación.
Funcionarios municipales sostienen que pese a que aumentaron las sanciones por la depredación de ejemplares, la situación es compleja porque no siempre se puede probar quién fue el responsable el daño y acotó que algunos les echan agua hirviente y gasoil a las plantas porque molestan. Cuando no intervienen los expertos, la poda le hace daño al árbol porque no se respeta la relación directa que debe tener la raíz con el follaje, entonces se termina matando al ejemplar con el paso del tiempo. Las autoridades se propusieron plantar 100.000 árboles hasta 2011, pero -según dijeron- deben luchar contra esta depredación sin demasiados recursos. Por su parte, la Sociedad Amigos del Arbol les pidió que hicieran respetar las ordenanzas que protegen los árboles que están en las veredas. Según la norma, estos son patrimonio de la ciudad y no de los frentistas.
El microcentro tucumano se caracteriza por una casi ausencia de árboles y esta situación se siente notablemente durante el verano porque el calor del pavimento se potencia al no haber sombra. Es cierto que una de nuestras enfermedades incurables -por lo menos hasta ahora- es la burocracia, pero los árboles no tienen que ser las víctimas de nuestras frustraciones, impotencia e intolerancia. Una frase sobre el sentido de la vida que solían repetir nuestros abuelos y padres era: "hay que plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro". Parece que muchos tucumanos lo han olvidado.
Pero los tiempos cambian y a veces para mal. De acuerdo con apreciaciones municipales y de algunas instituciones civiles son muchos los tucumanos que se han dedicado a hacer justicia con mano propia con los árboles y los podan de un modo "inhumano". Los motivos son diversos: van desde levantar con sus raíces las veredas a molestar con sus ramas los domicilios o a entorpecer la iluminación pública. En su opinión, la culpa de cometer esa acción la tiene la Municipalidad, que no responde en tiempo y en forma los pedidos de podazón.
Estos casos que comentamos pueden constatarse en Muñecas, desde Santiago del Estero hasta Sarmiento; en las primeras cuadras de Corrientes o en 25 de Mayo desde el 500 hasta el 700, en Las Heras al 600. En la calle Ayacucho al 500, casi La Madrid, un hermoso árbol fue cortado -ya no quedan rastros de su existencia- porque habría molestado a algún vecino.
Según el titular de la Sociedad Amigos del Arbol esta práctica ilegal se descontrola durante los fines de semana se desata el descontrol. Los vecinos sacan a relucir sus machetes o cuchillos y empiezan a podar ejemplares. A la entidad le preocupa que en los últimos meses aumentó la destrucción de ejemplares debido a las obras en construcción. Un ejemplo de ello es la extracción de añejos y frondosos ejemplares en la parte de atrás de la Facultad de Psicología de la UNT, donde se está efectuando una edificación.
Funcionarios municipales sostienen que pese a que aumentaron las sanciones por la depredación de ejemplares, la situación es compleja porque no siempre se puede probar quién fue el responsable el daño y acotó que algunos les echan agua hirviente y gasoil a las plantas porque molestan. Cuando no intervienen los expertos, la poda le hace daño al árbol porque no se respeta la relación directa que debe tener la raíz con el follaje, entonces se termina matando al ejemplar con el paso del tiempo. Las autoridades se propusieron plantar 100.000 árboles hasta 2011, pero -según dijeron- deben luchar contra esta depredación sin demasiados recursos. Por su parte, la Sociedad Amigos del Arbol les pidió que hicieran respetar las ordenanzas que protegen los árboles que están en las veredas. Según la norma, estos son patrimonio de la ciudad y no de los frentistas.
El microcentro tucumano se caracteriza por una casi ausencia de árboles y esta situación se siente notablemente durante el verano porque el calor del pavimento se potencia al no haber sombra. Es cierto que una de nuestras enfermedades incurables -por lo menos hasta ahora- es la burocracia, pero los árboles no tienen que ser las víctimas de nuestras frustraciones, impotencia e intolerancia. Una frase sobre el sentido de la vida que solían repetir nuestros abuelos y padres era: "hay que plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro". Parece que muchos tucumanos lo han olvidado.







