Gracias, Flaco

Por Guillermo Monti - Prosecretario de Redacción.

24 Julio 2009

Entre nevadas, tomas de rehenes a la madrugada, Gran Cuñado VIP y la omnipresente pandemia -con el contador de muertes de Crónica TV relamiéndose de morbosidad-, las buenas noticias suelen pasar de largo. Y que Spinetta haya sido distinguido con el Gardel del Oro es un notición.
No es el momento ni el lugar para hablar del sentido de los premios, de sus miserias ni de su intencionalidad (industria, ¿estás ahí?). Cuando les toca a los distintos, a los prolíficos de talento, los premios encuentran su razón de ser y vale la pena festejarlos.
Películas mediocres ("Rain man", "Shakespeare enamorado", "Africa mía", entre muchas otras) fueron las mejores del año para el tío Oscar. Y, claro, llovieron los dardos sobre la Academia. Cuando levantaron la puntería para elegir ("El padrino II", "Annie Hall", "El francotirador", ejem), es otra la historia. Así funciona.
Spinetta nos regaló un discazo ("Un mañana"), aunque vale apuntar que, a esta altura, cada vez que Spinetta entra a un estudio es para mejorarnos un cachito la vida. No es el mejor de su interminable producción -uno tampoco se imagina meterse en semejante embrollo; a lo sumo podemos pelearnos por separar los... 10 mejores-, pero sirve como inmejorable excusa para decirle a Spinetta: "tomá, ya sabemos que es poco, pero... Bueno, gracias".
La paranoia circulante canceló la fiesta y privaron a Spinetta de desparramarse cansinamente por la alfombrita colorada, de subirse al escenario y de decir algo -muy cortito, seguramente- micrófono de por medio. Poniéndonos sentimentaloides y decididamente cursis, basta saber que todos tenemos un atril en el corazón para que el Flaco desgrane sus versos el tiempo que se le cante.
Máximo poeta de nuestro rock, Spinetta compone y canta con el mismo sentimiento desde hace (¿40?) demasiados años. Y, bendito milagro, siempre tiene un mañana por delante.

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