Atrapados en el juego de la estadística y de las probabilidades

Los discursos oficiales ganarán credibilidad en la medida que se sincere la situación del Indec. El llanto cotidiano. Por Marcelo Aguaysol - Redacción LA GACETA.

23 Julio 2009

En un mundo signado por las cifras y los números, las estadísticas juegan un rol fundamental en las decisiones de Gobierno. Por ejemplo, a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner le enfurece que las consultoras privadas señalen que la pobreza afecte al 40% de los habitantes de la Argentina, un porcentaje que ha puesto a la misma Iglesia en una posición de ofensiva clamando por medidas que contribuyan a paliar esa situación. En los discursos presidenciales, abundan las estadísticas acerca del desenvolvimiento y la fortaleza de la economía, pero persiste una anemia respecto de las cifras del cuadro social. Para justificar una baja de los niveles de desempleo, algunos funcionarios señalan que la fuerte reducción de los planes Jefas y Jefes de Hogar. Según las estadísticas oficiales, en el país quedan 428.000 beneficiarios (unos 17.500 residen en Tucumán) del subsidio estatal, lejos de los 2,5 millones de personas que cobraban los $ 150 mensuales en 2003. Esa puede ser una verdad a medias si no se especifica que gran parte de esa masa de subsidiados ha sido redistribuido en otros programas sociales.
De la misma manera, al gobernador José Alperovich le inquieta que el Gobierno nacional envíe entre un 10% y un 15% menos de los fondos presupuestados como ingresos por coparticipación, por más que luego se compense con partidas discrecionales para obras. Fiel al principio de los economistas, el mandatario apela a aquel recurso de que "hay que llorar todos los días" para que nadie se tiente a gastar dentro de su gabinete o para que la Nación escuche el llanto de su hijo adoptivo. En lo que va del año, se ha dejado de enviar $ 120 millones a Tucumán por coparticipación. Esa cifra equivale a una buena recaudación mensual de Rentas o a una planilla salarial neta de los 80.000 empleados públicos. El que calla, otorga. Después no se vale llorar.
Si todo anduvo bien en la Argentina durante los seis años previos a la crisis global, ¿por qué hoy se paga un precio social tan elevado y un costo fiscal que arrastra hacia el déficit a varias provincias? Los signos del agotamiento de la caja oficial están evidenciándose en todos los sectores. Por caso, Buenos Aires ha tenido que salir a emitir un bono que será colocado en el mercado interno para poder continuar con su programa de obras públicas. Por las dudas, Alperovich ha salido ayer a decir que Tucumán no emitirá cuasimonedas. No obstante, queda abierta la posibilidad de apelar a la impresión de nuevos títulos de la deuda si el horizonte fiscal se complica aún más. Dentro de dos meses, antes de presentar el proyecto de Presupuesto 2010, puede haber novedades respecto de la conducta que puede adoptar la Provincia para obtener financiamiento extra si la Nación cierra el grifo.

Maquillajes
El Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) entró al spa kirchnerista para iniciar un proceso de transformación. A juzgar por los recientes anuncios del ministro de Economía, Amado Boudou, todo cambia para que nada cambie. Sí, un verdadero juego de palabras porque el director técnico del organismo, Norberto Itzcovich, el hombre identificado con el polémico secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, seguirá al frente del organismo.
La tergiversación de los datos estadísticos y su manipulación para conseguir una finalidad determinada, no son siempre obra de profesionales en estadística. De la mesa de un experto puede ser modificado, exagerado o simplificado cualquier informe, supo decir el escritor estadounidense Darrell Huff, autor del Best Seller "Cómo mentir con estadísticas". Esa definición fue acuñada hace más de cuatro décadas. Y bien puede ser aplicar a la Argentina del siglo XXI. Es tiempo de que los políticos dejen el lugar a los técnicos que saben realizar las mediciones para que las estadísticas oficiales recuperen la credibilidad perdida. Así, también, los discursos oficiales tendrán un sesgo mayor de seriedad, con cifras que se adecuen a la realidad cotidiana: la de variaciones de precios en las góndolas, la del flagelo de la pobreza, la de la caída de la producción industrial o la de la desaceleración económica.


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