21 Julio 2009 Seguir en 
Las victorias en el deporte aportan su granito de buen humor a los simpatizantes de las diversas disciplinas y esa sensación de bienestar se mantiene durante varios días y al mismo tiempo pueden dejarnos alguna enseñanzas.
El seleccionado nacional de hockey femenino se coronó el domingo campeón del Champions Trophy, que se jugó en Australia. Anteriormente, Las Leonas habían ganado la Copa del Mundo (Australia 2002), tres Champions Trophy (Holanda 2001, Alemania 2008 y Australia 2009), y tres medallas olímpicas (plata en Sydney 2000 y en Atenas 2004, y bronce en Beijing 2008). Esta sumatoria de éxitos no es producto de la casualidad o sólo de la buena suerte, sino de un proceso que se inició en 1993, cuando en Terrasa (España), con una formación joven, el seleccionado argentino ocupó el sexto lugar entre potencias como Australia, Holanda y Alemania. En setiembre de ese año, el combinado sub 21, se consagró por primera vez campeón mundial de la categoría, al ganarle a su similar de Australia por 2-1. Con el correr de los años, el coraje, la mística y el sacrificio se fueron haciendo carne de las jugadoras.
"Este es el resultado de un trabajo silencioso que arrancó hace seis años. Lo que ocurrió con Las Leonas se fue gestando paso a paso, no resultó casual. Aquel comienzo apuntó a lograr la unidad del grupo. En segundo término, intentamos convencerlas que con la garra todo se puede. Y la pasión aumenta con el rendimiento. El mote de Leonas surgió como una estrategia para los Juegos Olímpicos de Sidney 2000. Buscamos junto a ellas un símbolo que las representara y no nos equivocamos. Estas chicas no arrugan ni se entregan. Tienen mentalidad ganadora. Les gusta jugar bajo presión", contó en 2003 la psicóloga del plantel.
En esta ocasión, el entrenador supo oxigenar al grupo que competiría en Australia y dejó afuera a varias jugadoras históricas y convocó a otras mucho más jóvenes, talentosas, pero con escasa experiencia internacional. Como bien dice el refrán, el que arriesga no gana.
Sin embargo, los logros deportivos no siempre llegan de dónde uno los espera. Es el caso, por ejemplo, del Club Estudiantes de La Plata que luego de 39 años, se coronó por cuarta vez campeón de la Libertadores. Su campaña en el campeonato local había sido irregular. Se clasificó en el sexto lugar, a 11 puntos del campeón Vélez Sarsfield; tampoco contaba con figuras, excepto Juan Sebastián Verón, que se halla en el ocaso de su camino futbolístico. Los "pincharratas" habían ganado la Copa Libertadores de América tres veces en forma consecutiva (1968, 1969 y 1970). En 1968 obtuvieron la copa intercontinental al derrotar el Manchester United en Inglaterra (el partido como local lo ganó y el de visitante lo empató). Todos esos campeonatos los ganó de la mano de Osvaldo Zubeldía, cuya siembra germinó en figuras como Carlos Bilardo que llevó a la Argentina a conseguir el campeonato del mundo en 1986 en México, o Carlos Pachamé. Estudiantes de La Plata siempre apostó a las divisiones inferiores, de donde surgió la mayoría de sus jugadores, un ejemplo que deberían imitar varios clubes. Sin la arrogancia y exitismo de los equipos grandes, los pincharratas se alzaron nuevamente con el título más importante de América.
Tanto en este caso, como en el de Las Leonas, los logros obtenidos son un premio al esfuerzo, al sacrificio, a la audacia y a la confianza en sí mismos, virtudes que deberíamos rescatar el resto de los argentinos para tener una nación más digna de vivir y ubicarla entre las primeras del mundo. En toda empresa que se emprende es necesario tener un objetivo, un plan para encararlo, unidad y fortaleza y un buen conductor para lograrlo. Si los argentinos imitáramos a estos deportistas, seguramente, nos subiríamos al tren de progreso.
El seleccionado nacional de hockey femenino se coronó el domingo campeón del Champions Trophy, que se jugó en Australia. Anteriormente, Las Leonas habían ganado la Copa del Mundo (Australia 2002), tres Champions Trophy (Holanda 2001, Alemania 2008 y Australia 2009), y tres medallas olímpicas (plata en Sydney 2000 y en Atenas 2004, y bronce en Beijing 2008). Esta sumatoria de éxitos no es producto de la casualidad o sólo de la buena suerte, sino de un proceso que se inició en 1993, cuando en Terrasa (España), con una formación joven, el seleccionado argentino ocupó el sexto lugar entre potencias como Australia, Holanda y Alemania. En setiembre de ese año, el combinado sub 21, se consagró por primera vez campeón mundial de la categoría, al ganarle a su similar de Australia por 2-1. Con el correr de los años, el coraje, la mística y el sacrificio se fueron haciendo carne de las jugadoras.
"Este es el resultado de un trabajo silencioso que arrancó hace seis años. Lo que ocurrió con Las Leonas se fue gestando paso a paso, no resultó casual. Aquel comienzo apuntó a lograr la unidad del grupo. En segundo término, intentamos convencerlas que con la garra todo se puede. Y la pasión aumenta con el rendimiento. El mote de Leonas surgió como una estrategia para los Juegos Olímpicos de Sidney 2000. Buscamos junto a ellas un símbolo que las representara y no nos equivocamos. Estas chicas no arrugan ni se entregan. Tienen mentalidad ganadora. Les gusta jugar bajo presión", contó en 2003 la psicóloga del plantel.
En esta ocasión, el entrenador supo oxigenar al grupo que competiría en Australia y dejó afuera a varias jugadoras históricas y convocó a otras mucho más jóvenes, talentosas, pero con escasa experiencia internacional. Como bien dice el refrán, el que arriesga no gana.
Sin embargo, los logros deportivos no siempre llegan de dónde uno los espera. Es el caso, por ejemplo, del Club Estudiantes de La Plata que luego de 39 años, se coronó por cuarta vez campeón de la Libertadores. Su campaña en el campeonato local había sido irregular. Se clasificó en el sexto lugar, a 11 puntos del campeón Vélez Sarsfield; tampoco contaba con figuras, excepto Juan Sebastián Verón, que se halla en el ocaso de su camino futbolístico. Los "pincharratas" habían ganado la Copa Libertadores de América tres veces en forma consecutiva (1968, 1969 y 1970). En 1968 obtuvieron la copa intercontinental al derrotar el Manchester United en Inglaterra (el partido como local lo ganó y el de visitante lo empató). Todos esos campeonatos los ganó de la mano de Osvaldo Zubeldía, cuya siembra germinó en figuras como Carlos Bilardo que llevó a la Argentina a conseguir el campeonato del mundo en 1986 en México, o Carlos Pachamé. Estudiantes de La Plata siempre apostó a las divisiones inferiores, de donde surgió la mayoría de sus jugadores, un ejemplo que deberían imitar varios clubes. Sin la arrogancia y exitismo de los equipos grandes, los pincharratas se alzaron nuevamente con el título más importante de América.
Tanto en este caso, como en el de Las Leonas, los logros obtenidos son un premio al esfuerzo, al sacrificio, a la audacia y a la confianza en sí mismos, virtudes que deberíamos rescatar el resto de los argentinos para tener una nación más digna de vivir y ubicarla entre las primeras del mundo. En toda empresa que se emprende es necesario tener un objetivo, un plan para encararlo, unidad y fortaleza y un buen conductor para lograrlo. Si los argentinos imitáramos a estos deportistas, seguramente, nos subiríamos al tren de progreso.







