El arzobispo instó a dejar de lado la prepotencia

El último presidente que participó del Tedeum en la Catedral fue Néstor Kirchner, en 2005. Ayer, Cristina Fernández de Kirchner retomó esa costumbre y escuchó la homilía en la que monseñor Villalba reclamó unir "la moral con la política". En su mensaje, el prelado pidió que se "superen las parcialidades y que se vea el conjunto, el fundamento para promover el bien común".

REFLEXIVA. La jefa de Estado siguió con atención las palabras del arzobispo. LA GACETA / FOTOS DE JUAN PABLO SANCHEZ NOLI REFLEXIVA. La jefa de Estado siguió con atención las palabras del arzobispo. LA GACETA / FOTOS DE JUAN PABLO SANCHEZ NOLI
10 Julio 2009

Cristina Fernández de Kirchner no se distrajo ni un segundo. En pose casi religiosa, con sus manos juntas sobre el mentón, la Presidenta escuchó con atención el mensaje leído ayer por el arzobispo de Tucumán, monseñor Luis Héctor Villalba. Durante los trece minutos que demandó la homilía, la jefa de Estado asintió con su cabeza en varias ocasiones y apenas si tomó un sorbo de agua que uno de sus colaboradores le acercó. Al final, estrechó su mano con el pastor, que aprovechó el solemne tedeum para exhortar a la clase dirigente a "edificar la Patria", lejos de los rencores y de la prepotencia.
El religioso dividió en cinco partes a su mensaje. En el primer tramo, fue conciliador. "La Patria no comienza hoy con nosotros, pero no puede crecer y fructificar sin nosotros. Por eso nos toca a nosotros seguir creando y construyendo la Patria. Esta tarea hace renacer en nosotros una gran esperanza. Pero, también, una gran responsabilidad hacia esa inmensa multitud de hermanos que necesitan pan, trabajo, educación, seguridad, paz. Si hay algo que el país reclama es la honestidad, la transparencia: en una palabra, la moral de todos sus ciudadanos, comenzando por quienes tienen mayores responsabilidades políticas, económicas, sindicales, culturales, religiosas", reflexionó.
Luego, el prelado se adentró en las cualidades y en las virtudes políticas que, a su entender, hacen falta en el país. "En los últimos tiempos se ha sentido con urgencia la necesidad de la ética, que en palabras más simples y concretas significa la necesidad de ser virtuosos", sostuvo. E inmediatamente enumeró tres virtudes sociales.
La primera, el amor al prójimo. "San Pablo dirá que el amor al prójimo, la caridad, es paciente, es benigna; no es envidiosa, no es jactanciosa, no se hincha de orgullo, no es descortés, no es interesada; no se irrita, no piensa mal, no se alegra de la injusticia; se complace en la verdad, todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo tolera", sentenció. "Los encarcelados, los enfermos, los discapacitados, los drogadictos, los desocupados, los jóvenes sin futuro, los niños desprotegidos, los ancianos abandonados: estos son los rostros de los excluidos que estamos llamados a reconocer como la presencia viviente de Cristo entre nosotros", añadió.
La segunda virtud, según monseñor Villalba, es la de la benevolencia. "La virtud de la benevolencia nos lleva a no hablar mal de nadie, a no difundir la sospecha ni la calumnia. En la sociedad no se debe tener una actitud de polémica destructiva y de ataque a la dignidad de la persona para afirmar los propios intereses", planteó. Y, en tercer lugar, se refirió a la mansedumbre. "Es lo contrario a la arrogancia. Es contraria a la prepotencia. El manso no guarda rencor, no es vengativo. Permite ponderar los diversos aspectos de los problemas y privilegia la convergencia positiva. Supera las parcialidades y ve el conjunto, que es el fundamento para promover el bien común. Porque el bien común siempre pedirá el sacrificio de algún aspecto particular y la pretensión de afirmar de manera absoluta el propio punto de vista", aseveró.
Para concluir, el arzobispo de Tucumán instó a unir la moral con la política "por la difícil situación que estamos atravesando y que compromete a nuestro país".

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