05 Julio 2009 Seguir en 
Entre Santa María, Tucumán y Buenos Aires; entre pinturas, esculturas, dibujos, objetos de diseño y arte textil. Así pasa sus días Enrique Salvatierra, que lleva produciendo arte desde hace 30 años, y acaba de ganar uno de los más importantes salones del país, el Premio Trabucco, organizado por la Academia Nacional de las Artes y la fundación que lleva ese nombre.
No es, ciertamente, la primera distinción que recibe. Fue galardonado en el Museo Sívori, en el Salón Nacional de Cerámica, en el Premio Escultura Relieve, en Buenos Aires, ganó el Premio Miró y también el Konex (en 1992). Pero el Premio Trabucco es especial, porque únicamente participan sólo artistas convocados: este año fueron nueve pintores y 10 dibujantes. "Soy muy curioso, y en un tiempo estuve dedicado casi exclusivamente al arte textil a su investigación y producción, entre 1975-1984. Luego, al estar tan cerca de los artesanos que trabajan el barro en los Valles Calchaquíes, comencé a familiarizarme con el material, y lo que hice fue crear una imagen distinta, ligada a la impronta arquitectónica de las culturas precolombinas asociadas al constructivismo rioplatense", comenta el artista en una entrevista con LA GACETA. Y precisa: "el Premio Miró que me llevó a trabajar en Barcelona fue por una obra de estas características. Y actualmente sigo trabajando con cerámica, alternando con la producción de objetos, esculturas en metal, madera, cuero, y a veces mezclando todos estos materiales en una sola pieza. Me gusta investigar", sintetiza.
Cuando se le pregunta sobre las distintas geografías en las que vive, responde: "divido mi tiempo entre mi casa-taller en Santa María de Catamarca, Valles Calchaquíes, donde realizo mis trabajos, y mi casa estudio en Buenos Aires. Alternar estos dos mundos me hace bien. Tucumán, Santa María y Buenos Aires son lugares que quiero mucho. Por diferentes motivos los quiero y me siento cómodo". Pero para evitar confusiones aclara que nació en San Miguel de Tucumán, en las calles 24 de Septiembre y Junín.
-¿Cómo realizás tus trabajos?
- Lo importante es tener bien en claro una idea. A mí me pasa que a la hora de crear me resulta tan necesaria la reflexión intelectual, el planteo, como seguir guiándome al mismo tiempo por la pulsación visceral e intuitiva. Ultimamente estoy más concentrado con la pintura. Y en los últimos meses tengo un aliado en mi taller. Saqué el piano del living de casa y me lo llevé al taller. Yo toco el piano desde los siete años. No tuve, lamentablemente, la posibilidad de estudiar música. Me gusta escuchar música clásica, pero sólo toco tangos, chacareras y zambas. Tengo también algunas composiciones propias y estas sí se parecen a algunos de mis cuadros, porque también están trabajadas desde la emoción, la reflexión, lo anímico y lo visceral.
- Tus imágenes remiten a las culturas precolombinas...
- En cierta manera, mi mayor preocupación cuando estoy por trabajar una pintura es que sé realmente lo que no quiero, y no me interesa plasmar ni rendir un homenaje a las culturas primitivas. Mi relación con ese mundo misterioso y fascinante es de respeto, de admiración y silencio. Todo eso tuvo una razón de ser en un espacio-tiempo ligado a lo mágico-ritual y religioso de ese momento, con una concepción del mundo y una información filosófica y estética propia. Yo, si bien vivo y trabajo en el mismo lugar, y el mismo sol está, al igual que las montañas y río, soy un hombre del siglo XXI. Tengo otra información y vivo en un mundo muy diferente. Entonces lo que pretendo es que mi obra hable con un concepto contemporáneo, y debo admitirlo, aunque intento sacudirme de toda información emocional y científica que tengo del mundo del pasado, al haber tenido un padre arqueólogo y viviendo en Santa María, noto que mi obra cuenta algo del paisaje o la historia del lugar, y eso sí me gusta si logré que aparezca de un modo decantado y sutil, y que a la vez tenga carácter y contundencia.
- ¿Qué arte te interesa?
- Mis referencias son universales. Me atrae tanto tanto Klee como los indios de la cultura Ciénaga y Aguada, conceptos del Cuchi Leguizamón, la poesía de Pessoa y Luis Franco. La música de Piazzolla, Erik Satie, Keit Jarret, Ravel, la pintura de Tapies, las esculturas de Fonseca, los menhires de Tafí, los petroglifos de Ampajango. Son muchas cosas que me estimulan y que a veces quedan en el inconsciente y algún día aparecen,... o no aparecen nunca. No tengo ningún problema con las expresiones contemporáneas. Visito instalaciones, veo videos y asisto a performances, tanto en Argentina como cuando viajo a Europa o Estados Unidos. Me interesa estar informado. No tengo preconceptos ni dogmas. Tengo conciencia de la necesidad de no estar congelado y me preocupo de informarme y de ver todo tipo de expresión. Y de entender. Soy muy respetuoso de lo que quiere decir el otro. Mi cabeza es joven, mi concepto también lo es. Principalmente, me interesa que se entienda mi obra, y por supuesto, es interesante si se consume.
No es, ciertamente, la primera distinción que recibe. Fue galardonado en el Museo Sívori, en el Salón Nacional de Cerámica, en el Premio Escultura Relieve, en Buenos Aires, ganó el Premio Miró y también el Konex (en 1992). Pero el Premio Trabucco es especial, porque únicamente participan sólo artistas convocados: este año fueron nueve pintores y 10 dibujantes. "Soy muy curioso, y en un tiempo estuve dedicado casi exclusivamente al arte textil a su investigación y producción, entre 1975-1984. Luego, al estar tan cerca de los artesanos que trabajan el barro en los Valles Calchaquíes, comencé a familiarizarme con el material, y lo que hice fue crear una imagen distinta, ligada a la impronta arquitectónica de las culturas precolombinas asociadas al constructivismo rioplatense", comenta el artista en una entrevista con LA GACETA. Y precisa: "el Premio Miró que me llevó a trabajar en Barcelona fue por una obra de estas características. Y actualmente sigo trabajando con cerámica, alternando con la producción de objetos, esculturas en metal, madera, cuero, y a veces mezclando todos estos materiales en una sola pieza. Me gusta investigar", sintetiza.
Cuando se le pregunta sobre las distintas geografías en las que vive, responde: "divido mi tiempo entre mi casa-taller en Santa María de Catamarca, Valles Calchaquíes, donde realizo mis trabajos, y mi casa estudio en Buenos Aires. Alternar estos dos mundos me hace bien. Tucumán, Santa María y Buenos Aires son lugares que quiero mucho. Por diferentes motivos los quiero y me siento cómodo". Pero para evitar confusiones aclara que nació en San Miguel de Tucumán, en las calles 24 de Septiembre y Junín.
-¿Cómo realizás tus trabajos?
- Lo importante es tener bien en claro una idea. A mí me pasa que a la hora de crear me resulta tan necesaria la reflexión intelectual, el planteo, como seguir guiándome al mismo tiempo por la pulsación visceral e intuitiva. Ultimamente estoy más concentrado con la pintura. Y en los últimos meses tengo un aliado en mi taller. Saqué el piano del living de casa y me lo llevé al taller. Yo toco el piano desde los siete años. No tuve, lamentablemente, la posibilidad de estudiar música. Me gusta escuchar música clásica, pero sólo toco tangos, chacareras y zambas. Tengo también algunas composiciones propias y estas sí se parecen a algunos de mis cuadros, porque también están trabajadas desde la emoción, la reflexión, lo anímico y lo visceral.
- Tus imágenes remiten a las culturas precolombinas...
- En cierta manera, mi mayor preocupación cuando estoy por trabajar una pintura es que sé realmente lo que no quiero, y no me interesa plasmar ni rendir un homenaje a las culturas primitivas. Mi relación con ese mundo misterioso y fascinante es de respeto, de admiración y silencio. Todo eso tuvo una razón de ser en un espacio-tiempo ligado a lo mágico-ritual y religioso de ese momento, con una concepción del mundo y una información filosófica y estética propia. Yo, si bien vivo y trabajo en el mismo lugar, y el mismo sol está, al igual que las montañas y río, soy un hombre del siglo XXI. Tengo otra información y vivo en un mundo muy diferente. Entonces lo que pretendo es que mi obra hable con un concepto contemporáneo, y debo admitirlo, aunque intento sacudirme de toda información emocional y científica que tengo del mundo del pasado, al haber tenido un padre arqueólogo y viviendo en Santa María, noto que mi obra cuenta algo del paisaje o la historia del lugar, y eso sí me gusta si logré que aparezca de un modo decantado y sutil, y que a la vez tenga carácter y contundencia.
- ¿Qué arte te interesa?
- Mis referencias son universales. Me atrae tanto tanto Klee como los indios de la cultura Ciénaga y Aguada, conceptos del Cuchi Leguizamón, la poesía de Pessoa y Luis Franco. La música de Piazzolla, Erik Satie, Keit Jarret, Ravel, la pintura de Tapies, las esculturas de Fonseca, los menhires de Tafí, los petroglifos de Ampajango. Son muchas cosas que me estimulan y que a veces quedan en el inconsciente y algún día aparecen,... o no aparecen nunca. No tengo ningún problema con las expresiones contemporáneas. Visito instalaciones, veo videos y asisto a performances, tanto en Argentina como cuando viajo a Europa o Estados Unidos. Me interesa estar informado. No tengo preconceptos ni dogmas. Tengo conciencia de la necesidad de no estar congelado y me preocupo de informarme y de ver todo tipo de expresión. Y de entender. Soy muy respetuoso de lo que quiere decir el otro. Mi cabeza es joven, mi concepto también lo es. Principalmente, me interesa que se entienda mi obra, y por supuesto, es interesante si se consume.
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