Fue durante la primera mitad de la década del 70. La programación de una gira por toda la provincia nos había llevado al escenario del ex cine Metro de Tafí Viejo con la representación de "Ha llegado un inspector", de John B. Priestley.
En aquellos años, en muchas ciudades se conservaba la costumbre (heredada seguramente de la época de oro de las compañías en gira del radioteatro y reforzada por el ciclo televisivo "Teatro como en el teatro", de Darío Víttori) de saludar la entrada de las primeras figuras con un aplauso a telón abierto. Las estrellas, acostumbradas a esa práctica, solían marcar una pausa en su entrada a escena, con actitud neutra, mientras se extinguía el sonido de las palmas en la platea del teatro.
Algunos de los integrantes de aquel elenco, jóvenes actores del teatro Estable de la Provincia, no estábamos familiarizados con esa práctica, que hasta nos parecía algo anacrónica.
Sin embargo, en esa función taficeña, fuimos siendo saludados por un cálido aplauso a medida que íbamos haciendo la presentación de nuestros personajes en escena. En mi caso particular, personificaba al hijo menor de la familia, que tenía una breve aparición apenas levantado el telón pero que recién al promediar la pieza volvía a escena para desarrollar el nudo de su conflicto dramático.
El hecho es que, luego de la primera aparición (y del aplauso correspondiente por parte de la platea) llegó el momento de volver a escena y el público, sorpresivamente, aplaudió nuevamente mi entrada.
Vanidoso como todo actor, pensé secretamente que el público había tenido una consideración especial hacia mi trabajo o hacia mi persona; después de todo, había sido el único integrante de la compañía que había recibido dos aplausos. Uno de mis compañeros de elenco, un veterano con muchos años sobre los escenarios, fue el encargado de llamarme a la realidad en cuanto terminó la función.
"¿Viste lo que es el público?", me dijo. "Se ve que se olvidaron de tu primera entrada porque te aplaudieron cuando volviste a aparecer".
Debo reconocer que la explicación de mi compañero dejó algo magullada mi autoestima, pero con el paso de los años entendí que resultaba bastante más ajustada a la realidad que mi presuntuosa interpretación del doble aplauso.
03 Julio 2009 Seguir en 







