28 Mayo 2009 Seguir en 
Las marchas y contramarchas crónicas en temas específicos son a menudo un reflejo de la improvisación o de buscar intentos de solución ya usados para un mismo problema, cuya efectividad es dudosa de acuerdo con la experiencia. Hace ya un tiempo, la Municipalidad de Yerba Buena está tratando de reordenar el tránsito. Primero, se colocaron semáforos en la avenida Aconquija, los cuales sólo funcionaron unos días porque el caos vehicular fue intenso. El proyecto de instalar en esa vía estos aparatos data de 1997.
Luego, para agilizar la circulación se decidió eliminar la rotonda y, recientemente, en una tentativa de desalentar a los corredores, colocó reductores de velocidad en varios puntos de la avenida Aconquija y en algunas calles perpendiculares. Un funcionario de ese municipio dijo que el objetivo es que los automovilistas reduzcan la velocidad al pasar cerca de las escuelas o en los cruces considerados peligrosos. Estos, que fueron pintados de amarillo, se instalaron en ambas trochas de la avenida y varios están en las inmediaciones de colegios. Los conductores no tardaron en quejarse porque la señalización no era buena. Muchos de ellos reconocieron que conducen a alta velocidad y se pronunciaron a favor de los reductores. Los vecinos también están de acuerdo con la medida porque los automovilistas no respetan a nadie. "Piensan que sólo ellos tienen prioridad y no sacan el pie del acelerador por nada del mundo. Para nosotros es un calvario tener que cruzar la avenida los mediodías; es como jugar a la ruleta rusa. Por eso es importante que hagan algo, para que los reductores los vean y frenen", afirmó una mujer.
La instalación de lomos de burro en la avenida Aconquija data ya de fines del siglo pasado. En nuestra edición del 25 de junio de 2002 señalábamos que iban a colocarse más lomos de burro en la Aconquija, a causa del buen resultado que que había tenido la experiencia: la cantidad de accidentes en esa arteria había sido mínima. El 22 de julio de 2003, informábamos que era necesario señalizar con carteles y marcar con pintura fosforescente las elevaciones que había en avenida Aconquija. En diciembre de 2006, se anunciaba que iban a eliminarse los lomos de burro de esa vía y la noticia había sido recibida con satisfacción por la mayoría de los vecinos de esa ciudad. Por su parte, el municipio de Yerba Buena comunicaba su intención de mejorar el flujo del tránsito con la obra de ensanche de la calzada y repavimentación que se iba a efectuar entre la avenida Alfredo Guzmán-Camino del Perú y la rotonda del pie del cerro San Javier.
El 29 de abril de 2005, la Municipalidad comunicaba que la calzada sur de la avenida Aconquija iba a tener cinco nuevos reductores de velocidad que se construirían cerca de las entradas a los colegios, en lugares donde los autos circulan más rápido y en las zonas próximas a las rotondas. Este sector de la calzada tenía en ese momento tres lomos de burros clásicos y uno de los nuevos, con lo cual iba a haber nueve reductores en las 28 cuadras de la avenida.
Si los conductores tuvieran que hacer un curso exigente, con examen eliminatorio, para obtener la licencia de conducir y si la autoridad controlara en forma constante y aplicara sanciones onerosas a los infractores, no sería necesaria la instalación de reductores de velocidad. La salida más fácil es apelar a ellos: se disminuye la velocidad del tránsito pero no se educa, tampoco se modifica sustancialmente el método del otorgamiento del carnet de manejo ni se refuerzan los controles. En lugar de reforzar la aplicación de la ley, se sigue apelando a viejas recetas que se han convertido en parches y no en soluciones.
Luego, para agilizar la circulación se decidió eliminar la rotonda y, recientemente, en una tentativa de desalentar a los corredores, colocó reductores de velocidad en varios puntos de la avenida Aconquija y en algunas calles perpendiculares. Un funcionario de ese municipio dijo que el objetivo es que los automovilistas reduzcan la velocidad al pasar cerca de las escuelas o en los cruces considerados peligrosos. Estos, que fueron pintados de amarillo, se instalaron en ambas trochas de la avenida y varios están en las inmediaciones de colegios. Los conductores no tardaron en quejarse porque la señalización no era buena. Muchos de ellos reconocieron que conducen a alta velocidad y se pronunciaron a favor de los reductores. Los vecinos también están de acuerdo con la medida porque los automovilistas no respetan a nadie. "Piensan que sólo ellos tienen prioridad y no sacan el pie del acelerador por nada del mundo. Para nosotros es un calvario tener que cruzar la avenida los mediodías; es como jugar a la ruleta rusa. Por eso es importante que hagan algo, para que los reductores los vean y frenen", afirmó una mujer.
La instalación de lomos de burro en la avenida Aconquija data ya de fines del siglo pasado. En nuestra edición del 25 de junio de 2002 señalábamos que iban a colocarse más lomos de burro en la Aconquija, a causa del buen resultado que que había tenido la experiencia: la cantidad de accidentes en esa arteria había sido mínima. El 22 de julio de 2003, informábamos que era necesario señalizar con carteles y marcar con pintura fosforescente las elevaciones que había en avenida Aconquija. En diciembre de 2006, se anunciaba que iban a eliminarse los lomos de burro de esa vía y la noticia había sido recibida con satisfacción por la mayoría de los vecinos de esa ciudad. Por su parte, el municipio de Yerba Buena comunicaba su intención de mejorar el flujo del tránsito con la obra de ensanche de la calzada y repavimentación que se iba a efectuar entre la avenida Alfredo Guzmán-Camino del Perú y la rotonda del pie del cerro San Javier.
El 29 de abril de 2005, la Municipalidad comunicaba que la calzada sur de la avenida Aconquija iba a tener cinco nuevos reductores de velocidad que se construirían cerca de las entradas a los colegios, en lugares donde los autos circulan más rápido y en las zonas próximas a las rotondas. Este sector de la calzada tenía en ese momento tres lomos de burros clásicos y uno de los nuevos, con lo cual iba a haber nueve reductores en las 28 cuadras de la avenida.
Si los conductores tuvieran que hacer un curso exigente, con examen eliminatorio, para obtener la licencia de conducir y si la autoridad controlara en forma constante y aplicara sanciones onerosas a los infractores, no sería necesaria la instalación de reductores de velocidad. La salida más fácil es apelar a ellos: se disminuye la velocidad del tránsito pero no se educa, tampoco se modifica sustancialmente el método del otorgamiento del carnet de manejo ni se refuerzan los controles. En lugar de reforzar la aplicación de la ley, se sigue apelando a viejas recetas que se han convertido en parches y no en soluciones.







