Preludios de Armagedón

El pago de las exportaciones de azúcar a los cañeros será clave para el éxito de la zafra 2009. Intrigas internas en un sector que busca alcanzar un acuerdo. Por Fernando García Soto - Redacción de LA GACETA.

25 Mayo 2009

Aunque el término "acuerdo" se viene usando en las últimas semanas con inusual frecuencia en la actividad azucarera, lo cierto y lo real es que el ambiente en el sector dista bastante de ser armónico. Los industriales desconfían de sus propios pares y toleran a los cañeros; los cañeros desconfían de los industriales, y entre ellos hay notorias diferencias; y por último, los obreros y empleados objetan el manejo del negocio que hacen sus patrones, pero a la vez se miran con recelo entre sí. Los empresarios, por su parte, opinan que los trabajadores no tuvieron en consideración la crisis azucarera a la hora de exigir mejoras salariales. En este ambiente cargado de tensiones se desarrolla la zafra 2009, la del "consenso", según el anhelo optimista del empresario Jorge Rocchia Ferro.
Salvo que ocurra una catástrofe climática de proporciones, la campaña azucarera en marcha arrojará un resultado productivo que será superior al logrado en 2008, cuando se elaboraron 2,29 millones de toneladas de azúcar en la Argentina. Otra diferencia es que el proceso del año pasado no se inició con un stock de alrededor de 200.000 toneladas de azúcar como ocurrió ahora; este volumen se sumará a los números finales de la molienda. Los elevados niveles de existencias -que algunos azucareros se esfuerzan en negar- explican que el precio interno del azúcar no pueda despegar de los ruinosos $ 57 por bolsa de 50 kilos.
Para intentar superar esta coyuntura desfavorable, los azucareros -industriales y cañeros- vienen negociando porcentuales de exportación y formas de pago, pero todavía no logran cerrar el tan mentado acuerdo porque no disponen del dato clave sobre posible producción de azúcar, que cada año elabora la Estación Experimental. En líneas generales, se negocia que los cañeros no exporten más del 35% de la producción, y que los industriales se hagan cargo de exportar una proporción similar, más otro 10%. Otro compromiso es que en la primera etapa de la zafra los ingenios artífices del pacto azucarero elaborarán sólo crudos para exportar. Esta semana, cuando se generalice la zafra en Tucumán, se sabrá si este punto es respetado por las fábricas azucareras (hasta ahora, el ingenio La Florida -el primero en iniciar la zafra- viene cumpliendo y produce sólo crudos).
La forma en que se liquidarán las exportaciones es la clave de la negociación entre industriales y cañeros. De esto dependerá que los productores tengan o no recursos para hacer frente a una campaña en la que no hay financiación bancaria razonable. El tema es que si los cañeros no tienen dinero de inmediato para cubrir sus gastos pondrán el grito en cielo y podría desencadenarse una especie de "Armagedón" en la actividad, en el peor de los casos. En un escenario intermedio, si el esfuerzo de exportar no se traduce en un negocio medianamente rentable para los cañeros, estos saldrán a vender el azúcar que tengan en su poder al precio que sea, lo que podría derivar en una nueva sobreoferta en la plaza local, con el seguro desplome del valor del producto (en esta instancia también entran a tallar los conocidos "compradores de caña", que financian a los cañeros más necesitados y que generan informalidad en el sector). Hay grandes operadores de la actividad que no se dejan seducir fácilmente por cantos de sirena y vislumbran que lo más probable es que a los cañeros no les cierren los números y se termine produciendo una debacle en el sector.
Tal vez en un claro ejemplo de lo que podría convertirse en una "profecía autocumplida", el Centro de Agricultores Cañeros de Tucumán (Cactu) se salió intempestivamente de la mesa de discusión azucarera, con el argumento de que el sector industrial, responsable de la exportación de azúcares al mercado externo, "no cumplió los compromisos asumidos ante el sector cañero". En esencia, la dirigencia de Cactu descree de que esta vez los ingenios hagan bien sus deberes, más si se tiene en cuenta que algunas empresas participantes de las negociaciones en ciernes aún adeudan el pago a los cañeros de las exportaciones de la última campaña. Exigen, en esta línea, que la venta externa del azúcar se canalice a través de brokers serios y no por intermedio de los ingenios.

Distorsiones
La posibilidad de que fracase el programa exportador de este año no les cabe en la cabeza a los mentores de la iniciativa, que hacen todo lo que pueden para transmitir seguridad y solvencia a un mercado que ha demostrado siempre que no se deja engañar fácilmente. Pero lo que no pueden soslayar es que no hay cohesión en la actividad, aun cuando la mayoría de los factores apoye el "plan anticrisis" del azúcar. En la industria, hay tres ingenios que no participan de las reuniones ni firmarán ningún acuerdo de exportación. Cada año, estas empresas generan divisiones en el sector porque operan al margen de la legalidad, actitud que termina desalentando a los que quieren cumplir con las pautas acordadas, y más en un escenario económico-financiero tan crítico como el actual para la mayoría de las empresas azucareras. Estos ingenios, que evidentemente funcionan sin el control del Estado, pueden hacer caer el programa exportador.
El panorama sólo es alentador porque el precio internacional del azúcar es algo mejor que el valor interno del producto, pero por nada más. De manera que no cabe otra posibilidad que actuar con responsabilidad esta vez. Aunque aún se sientan defraudados, los cañeros tendrán que poner de nuevo su grano de arena junto con la industria para mantener saneado el mercado interno. Y en los ingenios deberán actuar en función del bien del conjunto. 

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