Se deben prevenir accidentes en la ruta 38

10 Mayo 2009
Los abuelos solían repetir a menudo dos refranes: "Es mejor prevenir que curar" y "No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy". Ambos tienen el sentido de la anticipación. Sin embargo, pocas veces son llevados por los gobernantes de turno a la práctica en lo que a prevención se refiere. En varias ocasiones nos hemos referido a una de las asignaturas pendientes crónicas: la falta de planificación. Todos los años se presenta la oportunidad de tomar las previsiones del caso, por ejemplo, en materia vial.
La zafra se ha iniciado. Se sabe que en la ruta Nº 38, llamada "de la muerte", se intensifica el tránsito con los transportes cañeros: rastras tiradas por camiones, tractores y por caballos, que se suman a los alrededor de 7.000 vehículos que circulan diariamente por esa carretera. El tránsito se vuelve lento a causa de la estrechez de la 38 y se forman filas interminables de rodados. Esta situación lleva a menudo a los automovilistas a perder la paciencia, y en el afán de pasar estos vehículos corren riesgo de accidentarse si no prevalece la prudencia. Los caminos secundarios y terciarios que pueden ayudar a descomprimir la ruta 38 permanecen deteriorados, según afirman los productores. Hasta el momento no se ha anunciado ninguna campaña de prevención ni de control.
A fines de agosto pasado, el obispo de Concepción había cuestionado los controles que realizaba la Policía Vial en la ruta 38 y sus reflexiones conservan aún actualidad. Afirmó, en la oportunidad, que esos operativos, lejos de mejorar la situación, generaban inseguridad y hasta accidentes. El prelado señaló lo mismo que hemos afirmado: que la 38 es una ruta peligrosa en sí misma porque está superpoblada de vehículos de toda clase. "Por esa vía transitan desde peatones hasta camiones cargados, pasando por las rastras cañeras y los autos de todo tipo y calidad, a veces, en muy malas condiciones", dijo.Entre lo positivo que se está haciendo, el prelado mencionó los trabajos de la nueva traza de la 38 y destacó la repavimentación de la actual. Advirtió, por otro lado, la severa carencia de educación vial, tema que prácticamente no se encara desde el Estado (indicó que no se hacía ni el uno por ciento de lo que debería hacerse) y aconsejó que la educación vial se haga en las rutas, dirigida a la gente que circula por esas vías. Para que ello pueda llevarse a cabo -añadió- deberían participar todas las instituciones que tienen que ver con el tránsito. Por otra parte, insistió en que los controles deben tener un contenido educativo. "Si a uno lo paran, por lo menos que le expliquen lo que está haciendo mal, que lo obliguen a prender las luces o a ponerse el cinturón de seguridad", reclamó. "En esta ruta tan peligrosa el tema de las luces es clave. He visto circular vehículos sin luces, tanto de día como de noche. Hasta me encontré con bicicletas que van por el pavimento sin ninguna luz ni señal... La comunidad les paga el sueldo a los funcionarios para que la cuiden y la atiendan, pero termina sufriendo", agregó.
Un promedio de 40 personas muertas y 360 heridas dejan cada año los 300 accidentes con rastras cañeras que se producen en las rutas tucumanas, según datos proporcionados a mediados el año pasado por la Dirección de Emergencias de la Provincia. Creemos que la Dirección de Transporte no debería esperar que el tránsito en la ruta Nº 38 se haga más intenso ni que se produzcan los primeros accidentes. Debería generarse ya un registro de la cantidad de rastras que hay en la provincia y controlarse efectivamente si están en condiciones de circular. El Gobierno tendría cumplir alguna vez con la histórica promesa de reacondicionar los caminos secundarios. Prevenir, antes que curar. Sería bueno que alguna vez lo entendiéramos.

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios