La encrucijada "K" de Alperovich
El oficialismo intentará que el 28 de junio la ciudadanía evalúe la gestión provincial, mientras que la oposición apuntará sus dardos contra el kirchnerismo gobernante. Por Juan Manuel Asis -Prosecretario de Redacción.

El 28 de junio no estará en juego "el modelo", como les gusta repetir hasta el cansancio a los Kirchner, sino su futuro político. No se pondrá en juego un proyecto de país, sino un esquema de poder y la permanencia en él. Sucede siempre, en todos los gobiernos y en cada rito electoral de media gestión, pero en esta ocasión el nerviosismo y la desesperación por no perder -o perder por lo menos posible- parecer haber ganado a los patagónicos, que han decidido navegar en los límites de la legalidad con las candidaturas testimoniales, o falsas, realmente. En los últimos días ambos se dedicaron mucho tiempo a recordar al pasado, apelando a la memoria para pintar una Argentina en crecimiento sostenido desde que ellos, y sólo ellos, están en el Gobierno.
Y si la sociedad no lo entiende así, por las buenas, lo harán entender por otros medios, cargados de psicología. Para que se interprete: sólo a partir de que el matrimonio se hizo cargo del país, el país existe; para atrás únicamente hubo caos, malos políticos y desesperanza social. Es el discurso oficial y que se repetirá hasta el hartazgo durante los próximos 51 días. Los historiadores deberían tener cuidado y trazar una línea y contar los sucesos antes o después de Kirchner (ak o dk). Ojo, si pierden, o mejor dicho, si la sociedad no advierte que ellos tienen que ganar, la historia se volverá dramática.

Apocalipsis argentino
Lo notable es que han hecho tanto hincapié en ello que serán presas de las interpretaciones más finas sobre los resultados del 28 de junio. Si las cifras finales les son adversas -como se cree hasta ahora-, se deducirá que la mayoría no se tragó el anzuelo de la amenaza de apocalipsis argentino que están haciendo. Lo inimaginable y, por ende terrible, sería que en caso de ser derrotados quieran inducir ese caos. No es probable, tanta mezquindad y egoísmo es imposible, porque al político que gobierna siempre le quedan recursos ante la adversidad; especialmente porque tiene la casilla del medio -la del poder- y la lapicera de la generosidad. Nunca faltan excusas para alterar conductas: "el pueblo habló", "hay que saber escuchar", "entendemos el mensaje de las urnas". Siempre hay disposición para ceder un paso -negociar y dialogar, aunque más no sea a regañadientes- para luego ganar dos -retomar la iniciativa política-.
En el fondo, si los "pingüinos" se imponen y no se debilitan en el Congreso, estará a salvo el operativo alternancia en el poder del matrimonio. Kirchner podrá respirar más tranquilo y mirar con mejores expectativas su regreso a la Casa Rosada, a ocupar el sillón que le prestó por cuatro años a su esposa. Porque lo que está en juego para ellos es el "modelo" de perpetuidad en el poder; o alguien puede creer que ninguno de los Kirchner será candidato a Presidente en 2011 si en los comicios de junio les va bien. En ese caso habrá "K" para rato. ¿Acaso aún hay ingenuos que puedan pensar en renunciamientos históricos?
"La" batalla
Si el matrimonio tiene ese propósito es lógico que haya dirigentes -de todos los colores políticos- que intenten cerrarles el paso y que entiendan que el primer hito para ese objetivo debe darse el 28 de junio. Es "la" batalla que hay que ganar. Los que quieran convertirse en alternativa para 2011 saben que los Kirchner tienen que perder en la sumatoria general. El debilitamiento del dúo implicará el fortalecimiento del resto. Claro que los opositores deberán cuidar de no matarse entre ellos en el afan de querer hacer el mejor papel porque el beneficiado será el oficialismo. Es todo un reto para la oposición: diferenciarse del gobierno de turno y también entre ellos para ganar sufragios. Difícil de lograr. Heridos va a haber; los hubo y los habrá hoy, hasta que se cierre a las 24 el período de recepción de las listas de candidatos.
Y si los Kirchner son los que juegan la partida mayor, la pregunta que surge es: ¿qué papel debe cumplir el alperovichismo en esta historia? Obviamente, sumará los votos que obtenga a la alforja kirchnerista, pero tendrá que hacer un esfuerzo adicional para compensar el posible mal humor social con los Kirchner, que conspiraría contra la lista del Frente para la Victoria. ¿Mirará para otro lado y, en caso de que la oposición gane bancas, echará las culpas por los sufragios perdidos al salvavidas de plomo que es el kirchnerismo? En suma, ¿cómo hará para diferenciar -o disimular- su seguro triunfo en las urnas de la derrota de los Kirchner, en caso de que la oposición gane -además de la del senador- una banca de diputado? En Casa de Gobierno conocen del descontento social, han sondeado el campo y descubrieron que la palabra "bronca" aparece en las respuestas de los tucumanos encuestados. Eso llevó al gobernador, José Alperovich, a hablar de éxito electoral en caso de obtener sólo tres de las cuatro bancas de diputados. No perderá una, ganará tres. Eso dicen. Es que, sin bien no es cuantificable el malestar que aparece en los muestreos, se estima que hará posible que un postulante oficialista quede en el camino.
Lo que lamenta el alperovichismo, puertas adentro, es que no tiene control sobre ese malhumor contra los Kirchner, que no tiene forma de contrarrestarlo. Unicamente puede apelar a la estrategia de poner en el tapete la gestión provincial de los últimos seis años para mantener el caudal electoral de casi 400.000 votos.
Lo que sí hay que analizar es la efectividad de la estrategia política del oficialismo provincial para ganar simpatías, cuando dice que hay que llenar de votos las urnas para que la Nación siga ayudando a Tucumán. Es una forma de señalar que gracias al kirchnerismo la provincia está mejor. Pero los que dudan sobre mantener su afecto por los patagónicos pueden entender que se trata de una forma de extorsión de los Kirchner. Ese hecho puede convencerlos de que estos no son confiables, ya que nos les preocupa garantizar la calidad institucional.

Para atenuar efectos
El peligro, lo saben propios y extraños, es hacer campaña centrando el mensaje en la ayuda brindada por los Kirchner. Seguramente, en adelante, el alperovichismo hablará -para atenuar los eventuales efectos negativos- de la ayuda de "la Nación" antes que la de "los Kirchner". El oficialismo está en una encrucijada, no menor, respecto del eje en el qué centrará su accionar proselitista. Hablar de plebiscitar la gestión local es una opción para alejar el apellido Kirchner de la campaña. Claro, se sacaría del medio ese apellido, pero se mostraría otro. Por eso, a no extrañarse de que en la boleta del oficialismo el apellido "Alperovich" aparezca en letras más grandes y relucientes que el de "Rojkés", como una forma de apuntalar indirectamente la gestión del mandatario. Es básico. Otros elementos sutiles adoptados para diferenciarse de los "K" son, por ejemplo, mostrarse menos soberbios y caprichosos a la hora del enfrentamiento sectorial -con las corporaciones-, negar que vaya a haber caos si se pierde la elección -lo dijo Alperovich- o no presentarse en Tucumán como "Frente Justicialista para la Victoria" -tal como lo hace el PJ nacional-, sino como mero Frente para la Victoria.
La minoría ganadora
Ahora bien, si el alperovichismo trata de atenuar el frío efecto "patagónico" en la campaña, la oposición saldrá, con seguridad, a magnificarlo. "Nacionalizar" la campaña, como le dicen. El eje de muchos será contra la gestión de Cristina o, propiamente, contra los Kirchner, eludiendo primariamente la gestión provincial de las críticas. Se centrarían en cuestionar el método kirchnerista de conducción. Será así sea cual fuese la fórmula opositora: Fernando Juri-Pinchetti; José Cano-Juan Casañas, o Ricardo Bussi-Claudio Viña. Uno de ellos será electo senador y, posiblemente, otro de ellos llegue a diputado.
También para los últimos el desafío adicional pasará por seducir a todos los molestos con los Kirchner. Por de pronto, se plantan como opositores. Entre ellos, ¿a quiénes elegirán los descontentos para enviar un mensaje por elevación al Gobierno nacional o bien para castigar al alperovichismo, en menor medida? El bussismo aparece como el sector opositor que puede canalizar la bronca que teme el oficialismo, más por los últimos datos.
Sin embargo, el armado de las listas, los nombres que incluyan y el mensaje final pasarán a ser claves a la hora de elegir. Es probable que, para castigar a los Kirchner, los malhumorados -más allá de sus colores políticos- elijan a la fórmula que crean que puede ganar para definir su voto. Siempre se dice que muchos se deciden a último momento por el que cree que va a ganar. En ese caso, puede ser que se apoye al que se piense que su elección implique una bofetada al kirchnerismo. He ahí el nudo de pelea de los sectores opositores: tratar de llegar a ese grupo de votantes, mostrándose como la única alternativa opositora en el Congreso, ya sean peronistas disidentes, radicales o bussistas.
Desde ya que hay ciertamente rarezas políticas a considerar. Por ejemplo, que los únicos que pueden resultar perdidosos en la contienda son los patagónicos. Es que Alperovich ya dijo que con lograr tres diputados la elección será un éxito para él; mientras que los opositores que ganen una banca de senador y otra de diputado también tendrán motivos para festejar. Ergo, con ese resultado, los que llorarán van a ser los Kirchner.







