09 Mayo 2009 Seguir en 
Madrid.-José Carreras tenía apenas 11 años cuando el maestro José Iturbi (1898-1980) le preguntó si le gustaría hacer el papel del niño Trujumán en "El retablo de Maese Pedro", de Manuel de Falla. Y aquel chico, al que los compañeros de clase llamaban "Rigoletto" porque se pasaba el día cantando "La donna e mobile" y que había dado que hablar después de actuar en un programa benéfico de Radio Nacional de España, no lo pensó dos veces. Corría el año 1958 y los diarios de la época quedaron encandilados con el estreno en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona: "Un niño de 11 años, cantante excepcional de ópera", titulaban, destacando su "gracia, valentía y seguridad" así como su "prometedora voz".
Ahora, 51 años después, Carreras ha dicho adiós a la ópera. Su cuerpo ya no le da para aguantar las duras exigencias físicas de un papel sobre las tablas, reconoció en una entrevista con el diario británico "The Times". "Mi carrera operística ha acabado, a no ser que surjan las circunstancias adecuadas", dijo. De ahora en adelante, agregó, se limitará a los recitales.
Esto no será ningún problema para Carreras, porque aquella joven promesa que entonces tenía todavía timbre de soprano sigue siendo hoy, a sus 62 años, uno de los mejores tenores de todos los tiempos.
El cantante, nacido en Barcelona el 5 de diciembre de 1946, entró en contacto con el bel canto por primera vez a los ocho años, cuando de la mano de su padre, un agente de la policía local, asistió en el Gran Teatro del Liceo a una función de la ópera "Aída", con la gran Renata Tebaldi en el papel estelar. Fue entonces cuando el pequeño José, al que su madre permitía cantar en su peluquería a cambio de unas monedas, decidió que un día quería estar allí, sobre las tablas. Carreras estudió en el Conservatorio Superior de Música de esa misma ópera, donde el año pasado celebró sus cinco décadas sobre los escenarios. Fue también allí donde debutó como tenor, en el papel del romano Flavio en "Norma", de Bellini. Y lo hizo junto a la soprano española Montserrat Caballé, que se convertiría en su gran mentora y protectora. El gran tenor tampoco olvidará nunca el aparatoso incendio que destruyó el Liceo en 1994 y que describe como el peor momento de su carrera.
Pero también en lo personal, Carreras ha pasado por momentos muy duros: el 15 de julio de 1987, con 40 años y en la cima de su carrera, le era diagnosticada una leucemia linfoblástica aguda. Otros quizás hubieran claudicado, pero Carreras, con el mismo tesón con el que persiguió su sueño de ser cantante de ópera, se enfrentó a la enfermedad. "Si salgo de esta y gano la batalla, volveré a cantar", se decía entonces. Y lo logró.
Después de un autotrasplante de médula en Estados Unidos, al cual se sometió sin anestesia por temor a que la intubación le dañara las cuerdas vocales, y una terapia de rehabilitación, Carreras volvía a aparecer en público un año después. Comercialmente, el gran éxito lo consiguió junto con sus buenos amigos Plácido Domingo y Luciano Pavarotti, formando parte del fenómeno "Los tres tenores", surgido en 1990 con motivo del Mundial de Fútbol en Italia. (DPA)
Ahora, 51 años después, Carreras ha dicho adiós a la ópera. Su cuerpo ya no le da para aguantar las duras exigencias físicas de un papel sobre las tablas, reconoció en una entrevista con el diario británico "The Times". "Mi carrera operística ha acabado, a no ser que surjan las circunstancias adecuadas", dijo. De ahora en adelante, agregó, se limitará a los recitales.
Esto no será ningún problema para Carreras, porque aquella joven promesa que entonces tenía todavía timbre de soprano sigue siendo hoy, a sus 62 años, uno de los mejores tenores de todos los tiempos.
El cantante, nacido en Barcelona el 5 de diciembre de 1946, entró en contacto con el bel canto por primera vez a los ocho años, cuando de la mano de su padre, un agente de la policía local, asistió en el Gran Teatro del Liceo a una función de la ópera "Aída", con la gran Renata Tebaldi en el papel estelar. Fue entonces cuando el pequeño José, al que su madre permitía cantar en su peluquería a cambio de unas monedas, decidió que un día quería estar allí, sobre las tablas. Carreras estudió en el Conservatorio Superior de Música de esa misma ópera, donde el año pasado celebró sus cinco décadas sobre los escenarios. Fue también allí donde debutó como tenor, en el papel del romano Flavio en "Norma", de Bellini. Y lo hizo junto a la soprano española Montserrat Caballé, que se convertiría en su gran mentora y protectora. El gran tenor tampoco olvidará nunca el aparatoso incendio que destruyó el Liceo en 1994 y que describe como el peor momento de su carrera.
Pero también en lo personal, Carreras ha pasado por momentos muy duros: el 15 de julio de 1987, con 40 años y en la cima de su carrera, le era diagnosticada una leucemia linfoblástica aguda. Otros quizás hubieran claudicado, pero Carreras, con el mismo tesón con el que persiguió su sueño de ser cantante de ópera, se enfrentó a la enfermedad. "Si salgo de esta y gano la batalla, volveré a cantar", se decía entonces. Y lo logró.
Después de un autotrasplante de médula en Estados Unidos, al cual se sometió sin anestesia por temor a que la intubación le dañara las cuerdas vocales, y una terapia de rehabilitación, Carreras volvía a aparecer en público un año después. Comercialmente, el gran éxito lo consiguió junto con sus buenos amigos Plácido Domingo y Luciano Pavarotti, formando parte del fenómeno "Los tres tenores", surgido en 1990 con motivo del Mundial de Fútbol en Italia. (DPA)







