El libro es un arma que ayuda a elegir

El cine y la literatura sirven para mostrar lo que a veces la coyuntura política oculta: que vencer al analfabetismo es una epopeya cívica. Por Nora Lía Jabif - Editora de Educación y Cultura.

08 Mayo 2009

En "El lector", una película imperdible basada en una novela del alemán Bernard Schlink que se verá la semana próxima en Tucumán, una mujer alemana que trabajó en las cárceles de Hitler durante el nazismo es condenada al final de la guerra por haber colaborado con el régimen, y por haber sido cómplice del exterminio. El filme comienza cuando acaba de terminar la guerra, y una Hanna joven -tal el nombre del personaje que encarna Kate Winslet- se involucra con un adolescente al que inicia en el sexo. Sin embargo, el eje erótico de esa relación no será la genitalidad, sino las largas sesiones de lectura de autores y textos clásicos por parte del adolescente, y la escucha en religioso silencio por parte de Hanna. Al finalizar el filme se conocerá que Hanna tenía un secreto: era analfabeta, y nunca había podido disfrutar de la lectura. Una de las diversas claves que atraviesan al filme es que el analfabetismo es una tragedia que deshumaniza a aquellos que lo padecen; que impide elegir. En otras palabras, la película es una celebración de la lectura -y de la escritura-, tanto en su dimensión estética como en su faceta de ser en sociedad. Y de civismo. En "El lector", el analfabetismo actúa como un justificativo del hecho de haber sido parte de un régimen atroz. Leer es civilizar, es uno de los diversos mensajes que subyacen entrelíneas en el libro de Schlink.
Ya no en Hollywood, sino en Tucumán, también hay mujeres adultas que fueron analfabetas, y que han sido "salvadas" por adolescentes. Esta vez no han sido sus amantes, sino sus hijos. En una jornada que desarrolló el gremio docente ATEP en el marco del mes de la alfabetización, y de cuyos resultados dio cuenta LA GACETA esta semana, se recogieron numerosos testimonios de mujeres que habían dejado la escuela y que decidieron volver a las aulas a instancias de sus hijos. No es casual que en esa crónica haya tantas historias con voz femenina: las estadísticas de organismos internacionales indican que las mujeres conforman el 64% de las personas sin alfabetizar, en el mundo. Son, sin embargo, las paradojas de un presente que enfatiza los extremos, si se piensa que en las universidades hay cada vez más mujeres. Como afirma la pedagoga María Lucía Zamora en la mencionada nota de LA GACETA, "la alfabetización no se limita a adquirir la capacidad de leer, escribir y realizar operaciones matemáticas. Estar alfabetizado implica tener la capacidad de expresar ideas propias y participar como ciudadanos".
No cabe duda de que la escuela es uno de los espacios naturales para el fomento de la lectura. Pero no es el único, como bien señaló la escritora Angélica Gorodischer, que este año inauguró la Feria del Libro. "Donde hay padres lectores habrá hijos que lean", dice la intelectual, en un pensamiento compartido por muchos otros. Sin embargo, como ya se ha dicho antes, este es un presente paradojal: en un extremo hay adolescentes que manejan la PC con más soltura que un egresado del Massachusetts Technological Institute (MIT); en el otro, hay chicos que dejan la escuela para ir a trabajar. "En junio empieza la temporada de cosecha de caña y los chicos dejan la escuela para retomarla al año siguiente, es una constante y una de las principales causas de repitencia", ha dicho Gabriel Gómez, director de una escuela de Cruz Alta. Ante ese panorama, justo ahora , cuando los índices de desempleo crecen -y cuando hay tentación de usar todos los fondos a mano para fines electorales-  el  Estado enfrenta el desafío de sostener y profundizar los programas de alfabetización de adultos, y de retener a los chicos a los que en estos años se pudo incorporar al sistema. El reto de la escolarización no es una cuestión cosmética. La debacle que vivió la Argentina en 2001 dejó una generación de analfabetos funcionales; hay hijos que nacieron de padres que nunca han tenido un empleo. Si la lectura, el libro, la escritura, la escuela, son llave indiscutible de ciudadanía, es tarea del Estado retenerlos a toda costa, y capitalizar lo que se ha construido, en momentos en que, según las principales consultoras, 30 de cada 100 hogares argentinos son pobres.

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