Grupos que ayudan a sobrellevar el dolor

08 Mayo 2009
Un escritor estadounidense solía decir que el hombre cuando nace es como una torta; a medida que vive esta comienza a consumirse. En un sentido trágico, señalaba que cada porción que se come equivale a un dolor, a una pérdida, a una muerte. De manera que el ser humano no vuelve a recuperar nunca su estado original. La muerte de un ser amado, especialmente si es un hijo, puede desencadenar un dolor inconsolable. William Shakespeare solía decir que el pesar oculto, como un horno cerrado, quema el corazón hasta reducirlo en cenizas. Superar la congoja exige una actitud de vida, un intento de posicionarse de otro modo ante el suplicio que puede hundirnos en una depresión o desasosiego sin tregua. "Sólo sanamos de un dolor cuando lo padecemos plenamente", sostenía el escritor francés Marcel Proust.
Afortunadamente, el hombre tiene la capacidad de sobreponerse a las tragedias y generar esperanza y optimismo para poder seguir viviendo. En nuestra provincia, hay personas que, a partir de una desgracia, se han agrupado o han creado fundaciones o instituciones civiles que promueven la solidaridad. Una de estas agrupaciones es Renacer, que celebrará su decimosexto aniversario el sábado. Sus integrantes, que se reúnen dos veces al mes, comparten el pesar de haber perdido un hijo.
"Nuestro propósito es enfrentar el dolor y aprender de él, encontrándole un sentido, para trascenderlo y así poder resignificar nuestra vida y seguir adelante", dijeron, al tiempo que aclararon que el grupo no tiene orientación política ni religiosa y que el único requisito para acceder es el deseo de recibir y dar ayuda. La participación es gratuita y no cuenta con aportes de ninguna especie. Sus integrantes comentan que es necesario superar las distintas etapas del duelo que se inician con la negación de la realidad. La primera reacción ante la muerte es la incredulidad. Uno piensa que todo es una pesadilla y que en algún momento se va a despertar. Luego viene una etapa de desesperación, en la que se le promete a Dios cualquier cosa, hasta que le va a levantar un templo, si hace volver al hijo a la vida. Después, la persona siente que la vida ha sido injusta con ella. A veces envidia a los que tienen hijos vivos o los critica. A continuación, sobreviene la idealización, etapa en que los padres tienden a pensar que no habrá nadie como el hijo que partió, pero ello entristece a los hijos restantes porque se consideran poco valorados. Finalmente, cuando se visualiza la luz al final del túnel, se acepta la realidad como irreversible. Es el momento en que se puede dejar de mirar sólo la parte desdichada de la existencia y comenzar a recordar a ese hijo muerto en toda su dimensión humana. Una integrante del grupo dijo que la muerte de un hijo es lo más parecido a la muerte de uno mismo.
Es importante que en una sociedad existan agrupaciones y entidades en las cuales los ciudadanos que hayan sufrido una pérdida irreparable de un ser querido o deban luchar contra adicciones o sobrellevar enfermedades crónicas o penosas discapacidades puedan apoyarse para no quedar anclados en el sufrimiento. De ese modo, tienen la posibilidad de sentirse contenidos afectivamente por personas que han vivido o viven el mismo padecimiento y salir adelante. Bienvenidos sean entonces estos grupos que enseñan que juntos se puede enfrentar la adversidad más temible y doblegarla. Para superar el dolor hay que comenzar por aceptarlo. Tal vez por eso, la cantautora chilena Violeta Parra escribió y cantó: "Gracias a la vida, que me ha dado tanto; me ha dado la risa y me ha dado el llanto, así yo distingo dicha de quebranto".

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