Una hipoteca con tasa flotante
Cristina Fernández de Kirchner volverá y será millones, en la medida que Tucumán le responda. La ayuda fiscal depende del resultado electoral.Por Marcelo Aguaysol - Redacción LA GACETA.
Tucumán tomó un crédito electoral que puede resultarle caro si no cumple la promesa. Su principal acreedor, el Gobierno nacional, pasó por la provincia para hacer las evaluaciones del caso, con el fin de establecer si la gestión del gobernador, José Alperovich, puede convertirse en sujeto de crédito. En tiempos de crisis -económica y política- no son muchos los que pueden calificar ante ese gran banco llamado kirchnerismo. La presidenta, Cristina Fernández, comenzó su gira a tierras de aliados. Alperovich pagó el primer tributo. En presencia de su nueva acreedora, el mandatario dijo que dentro de 53 días, va a llenar las urnas con votos para el Frente para la Victoria. No le queda otro remedio: obtener las cuatro bancas de diputados en juego y la mayoría en el Senado es la nueva gran hipoteca alperovichista.
En política, la amistad es perdurable mientras haya votos, reconoce el presidente subrogante de la Legislatura, Sergio Mansilla, cuando se le consulta acerca de las relaciones institucionales, políticas y económicas con la Casa Rosada. Esta semana, Alperovich estuvo en el ojo de la tormenta kirchnerista. Los rumores acerca de cierto contacto con el santafecino Carlos Reutemann le han cambiado el humor. A tal punto que, el martes, durante su discurso en el Teatro San Martín denotó nerviosismo por las repercusiones nacionales de un acto realizado sólo para Cristina. Ni siquiera lo calmó la llamada que el lunes le hizo el ex presidente Néstor Kirchner. "Quedate tranquilo, José. Te están operando", cuentan que le dijo el santacruceño al gobernador. El kirchnerismo necesita cerrar filas con los aliados y Tucumán es uno de sus principales. Hay creencias que detrás de los rumores está un ex jefe de Estado que supo tener buenas migas con Alperovich en tiempos mirandistas.
Cristina volverá y será millones en la medida en que Tucumán le responda. Las cifras del Presupuesto nacional dan cuenta de la alta dependencia del poder central. El gasto previsto por la Nación en Tucumán llegará este año a los $ 3.800 millones. La mayor parte de esos fondos corresponden a las jubilaciones y al sostenimiento de los planes sociales y laborales (unos $ 1.700 millones). Otra porción, discrecional por cierto, será destinada a las obras con financiamiento federal por unos $ 1.000 millones. Por fuera del presupuesto, la asistencia nacional también es multimillonaria. Alperovich puede despreocuparse de pagar los vencimientos de la deuda pública porque Cristina Fernández le concedió cerca de $ 400 millones para atender los vencimientos de capital y de intereses. La última visita a esta ciudad le costó a la Presidenta unos $ 55 millones, un monto simbólico si se toma en cuenta las anteriores inyecciones de dinero. En realidad, la jefa de Estado vino a cosechar votos. Apenas Cristina retornó a la Capital Federal, Alperovich se quedó cerca de dos horas en su despacho reflexionando sobre el compromiso que renovó ante los Kirchner.
La inquietud del mandatario tenía sustento. El discurso presidencial le puso entre la espada y la pared. En la Casa de Gobierno, indicaron que el gobernador le dio letra a la Presidenta para inclinar el eje de la campaña hacia lo realizado en los últimos seis años, el tiempo que los Kirchner controlan el poder político en la Argentina. En el Gobierno creen que un repaso acerca de lo realizado durante la gestión servirá para ganar las elecciones o, en otras palabras, obtener entre el 55% y el 60% de los votos en los comicios del 28 de junio.
"El que está en política sabe que en una elección se juega todo. Se puede ganar mucho; pero también se puede perder todo", comenta un alperovichista de la primera hora, como un modo de reafirmar que el Gobierno tiene los dos pies puestos en el plato kirchnerista. Lealtades de coyuntura, dirían desde la vereda opositora. Sin embargo, hay otra parte del discurso presidencial que pone incómodo al gobernador. Es el revisionismo que Cristina le reclama a los opositores: de decir qué cuota de responsabilidad tuvo la dirigencia política en la debacle de fines de 2001 y más atrás. Alperovich fue ministro de Economía de Julio Miranda. Y eso es una mochila difícil de portar. Por eso, hay opositores que le recuerdan su pasado mirandista, y el radical también.
Si hay problemas, que no se note. Si la plata no alcanza para mostrar una gestión ordenada, hay que patear los compromisos para adelante. La evolución de las finanzas públicas y de los grandes proyectos de infraestructura está atada al resultado electoral. No sólo por una cuestión estratégica, sino porque la amistad política entre el alperovichismo y el kirchnerismo puede llegar hasta el 28 de junio, si no se ganan las elecciones.
Por ahora, la estrategia oficial sigue siendo la del "divide que reinarás", mientras que las decisiones empresariales están anestesiadas hasta después de los comicios. Ninguna encuesta o proyección puede anticipar cómo será la economía poseleccionaria. En el Gobierno siguen tocando las puertas en Buenos Aires para capitalizar una victoria electoral. Los millones que se prometen desde la Nación siguen en el terreno de la hipótesis hasta tanto Alperovich cumpla con la obligación o pague la deuda electoral.







