La alfabetización para lograr la inclusión social

07 Mayo 2009
El analfabetismo siempre fue una herramienta eficaz para el sometimiento de los pueblos. En 2003, estadísticas de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) señalaban que 861 millones de personas, es decir el 20 % de los adultos del mundo, no sabían leer ni escribir; tampoco participaban plenamente en la organización ni en actividades de las sociedades de las que formaban parte. Dos tercios de esas personas eran mujeres. Además, 113 millones de niños estaban sin escolarizar y por consiguiente tampoco tenían acceso a la enseñanza elemental. Ese año el organismo mundial lanzó el Decenio de la Alfabetización (2003-2012), bajo el lema "La alfabetización, fuente de libertad".
En 2005, la Unesco advirtió que si se mantenían las tendencias de ese momento, en 2015 únicamente sabría leer y escribir el 86 % de la población adulta del mundo, lo cual significaría sólo un progreso del 5 % respecto de las cifras anteriores. En setiembre pasado, el director del Instituto de Educación de la Unesco afirmó que en Latinoamérica 35 millones de personas eran analfabetas, y que en la última década había crecido el alfabetismo del 89 % al 91 % de la población total. "Vivimos en un mundo alfabetizado, dado que la mayor parte de la población del planeta sabe leer y escribir", dijo, aunque advirtió que uno de cada cinco adultos en el mundo carecía de estas habilidades básicas, alrededor de 774 millones de personas.
De acuerdo con un informe de la Confederación de los Trabajadores de la Educación de la República Argentina (Ctera), divulgado durante la jornada sobre alfabetización que organizó la Agremiación Tucumana de Educadores Provinciales (ATEP), en el marco de la campaña internacional "Alfabetizar para incluir", en la Argentina el 34% de los jóvenes de entre 13 y 18 años no asiste a la escuela; el 66 % de los adultos mayores de 25 años no completó la educación obligatoria y cerca de 2 millones de menores de 14 años realizan alguna actividad laboral.
El titular del sindicato afirmó que la calidad del sistema educativo no debe evaluarse sólo en función del número de chicos que repiten de curso, porque muchos de los padres cuyos hijos hoy cursan el secundario no completaron la educación obligatoria, mientras que una psicopedagoga indicó que la alfabetización no se limita a adquirir la capacidad de leer, escribir y realizar operaciones matemáticas. "Estar alfabetizado implica tener la capacidad para expresar ideas propias y participar como ciudadanos", aseveró. Un educador señaló que entre las principales causas de la repitencia o del abandono de la escuela se destacan la cosecha de caña y las horneadas de ladrillos. Durante el encuentro, que se desarrolló en ocho establecimientos educativos, se coincidió en que la escuela debe modificar las estrategias de enseñanza y adaptarlas a las características y a las experiencias de los jóvenes.
Creemos que el analfabetismo es el padre de varios de los complejos problemas sociales que se reflejan en la delincuencia juvenil y en el consumo de drogas. Una buena parte de estos chicos proviene de hogares marginales, cuyos padres, en su mayoría, carecen de educación. Cuando los menores delinquen y los jueces los envían a su casa por ser inimputables, de poco o nada sirve esta acción si sus progenitores no sólo no tienen instrucción, sino que además son desempleados. El Estado debería buscar el modo de no esperar que niños, adolescentes y adultos vayan a la escuela, sino ir a buscarlos. Es el único modo de alfabetizar a los mayores y de integrarlos a la sociedad, como se ha hecho en otros países. No en vano se afirma que sin educación no hay progreso.

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