20 Abril 2009 Seguir en 
Hace una semana, el golf argentino concretó por intermedio de Angel Cabrera la mayor hazaña de la historia. Cuatro rondas muy regulares le permitieron al jugador cordobés adjudicarse el título del Masters de Augusta, el torneo más prestigioso del mundo. La conquista abre para el deporte una nueva puerta camino a su consolidación como uno de los que experimentaron mayores progresos en los últimos años. Al mismo tiempo, constituye una excelente oportunidad para que amplíe su influencia sobre una mayor cantidad de personas. El mismo campeón reflexionó al respecto: "el golf merece ser un deporte popular. Todos los que estamos en él tenemos que hacer nuestra contribución para conseguir esa meta".
Cabrera interpretó que la difusión de su logro marcha a contramano de la tradición elitista del golf y, por ello, celebró que la noticia de su conquista haya tenido una enorme difusión. De hecho, lo que logró el cordobés a los 39 años representa un notable ejemplo de superación personal, pero al mismo tiempo excede ampliamente su figura. Este hito deportivo deberá obrar necesariamente como un punto de inflexión para el futuro de la disciplina; tendrá que hablarse del antes y del después de esta victoria en EE.UU. y ello, sin dudas, representa un desafío exquisito para todos aquellos que, de una forma u otra, se relacionan con el deporte.
En el haber del golf argentino se destaca el notable grupo de jugadores jóvenes dispuestos a consumar otras hazañas. La disciplina se mueve al influjo de una generación talentosa y muy numerosa que, semana a semana, se destaca en los torneos más relevantes. Tucumán, en ese contexto, hace un invalorable aporte con Andrés Romero, el mejor argentino ubicado en el ranking mundial, quien, pese a transitar por una etapa de escasos resultados, cuenta con todas las condiciones para recuperar terreno. Además, su juventud y su carisma le juegan a favor. En este sentido, también fue bueno escuchar una opinión de Cabrera acerca de que las oportunidades para cada jugador son muchas. "En el golf nunca hay techo, siempre se puede trabajar para mejorar el juego. Y, lógicamente, ganar más cosas", señaló. El mensaje es claro y contundente, y bien puede servir como estímulo.
También es cierto que el cordobés se convirtió en un emblema y en el argentino más respetado en el mundo por el ambiente golfístico. Esto último no es algo fortuito ni un producto del generalmente desmedido exitismo que domina el sentimiento nacional frente a triunfos de estas características. La prueba está en que la prensa del mundo, incluso jugadores como Camilo Villegas, 10° del ranking mundial, colocaron a Cabrera en la posición de ídolo. Aún más, el colombiano catalogó lo hecho como un honor para toda Latinoamérica.
Si el necesario roce internacional de nuestros golfistas constituye un aspecto relevante para mantener al deporte en un alto nivel de competencia, también lo es el esfuerzo dirigencial por organizar torneos de relevancia. Incluso es valiosa la voluntad de darles una mayor entidad a los certámenes con invitaciones a los principales jugadores rentados del país para participar de las citas más prestigiosas. Lo sucedido en el Abierto del Centro del pasado fin de semana es un ejemplo: en Córdoba jugó gran parte de los mejores rankeados.
El momento del golf nacional es óptimo, al influjo de Cabrera y de toda una legión de jugadores. Aprovechar de buena manera este impulso, fortaleciendo lo hecho y abriendo al juego a una mayor cantidad de gente, resultará un acto lógico y plausible.
Cabrera interpretó que la difusión de su logro marcha a contramano de la tradición elitista del golf y, por ello, celebró que la noticia de su conquista haya tenido una enorme difusión. De hecho, lo que logró el cordobés a los 39 años representa un notable ejemplo de superación personal, pero al mismo tiempo excede ampliamente su figura. Este hito deportivo deberá obrar necesariamente como un punto de inflexión para el futuro de la disciplina; tendrá que hablarse del antes y del después de esta victoria en EE.UU. y ello, sin dudas, representa un desafío exquisito para todos aquellos que, de una forma u otra, se relacionan con el deporte.
En el haber del golf argentino se destaca el notable grupo de jugadores jóvenes dispuestos a consumar otras hazañas. La disciplina se mueve al influjo de una generación talentosa y muy numerosa que, semana a semana, se destaca en los torneos más relevantes. Tucumán, en ese contexto, hace un invalorable aporte con Andrés Romero, el mejor argentino ubicado en el ranking mundial, quien, pese a transitar por una etapa de escasos resultados, cuenta con todas las condiciones para recuperar terreno. Además, su juventud y su carisma le juegan a favor. En este sentido, también fue bueno escuchar una opinión de Cabrera acerca de que las oportunidades para cada jugador son muchas. "En el golf nunca hay techo, siempre se puede trabajar para mejorar el juego. Y, lógicamente, ganar más cosas", señaló. El mensaje es claro y contundente, y bien puede servir como estímulo.
También es cierto que el cordobés se convirtió en un emblema y en el argentino más respetado en el mundo por el ambiente golfístico. Esto último no es algo fortuito ni un producto del generalmente desmedido exitismo que domina el sentimiento nacional frente a triunfos de estas características. La prueba está en que la prensa del mundo, incluso jugadores como Camilo Villegas, 10° del ranking mundial, colocaron a Cabrera en la posición de ídolo. Aún más, el colombiano catalogó lo hecho como un honor para toda Latinoamérica.
Si el necesario roce internacional de nuestros golfistas constituye un aspecto relevante para mantener al deporte en un alto nivel de competencia, también lo es el esfuerzo dirigencial por organizar torneos de relevancia. Incluso es valiosa la voluntad de darles una mayor entidad a los certámenes con invitaciones a los principales jugadores rentados del país para participar de las citas más prestigiosas. Lo sucedido en el Abierto del Centro del pasado fin de semana es un ejemplo: en Córdoba jugó gran parte de los mejores rankeados.
El momento del golf nacional es óptimo, al influjo de Cabrera y de toda una legión de jugadores. Aprovechar de buena manera este impulso, fortaleciendo lo hecho y abriendo al juego a una mayor cantidad de gente, resultará un acto lógico y plausible.







