El peor momento para comenzar el cambio
Ahora es el oficialismo el que impulsa la modificación de la ley del menor. Pero lo hace empujado por una nueva tragedia y no como una política de Estado. Por Juan Manuel Montero - Editor de Policiales.
"La gente pide justicia. La gente se cansó de violencia, no quiere saber más nada, la gente quiere ir a trabajar y saber que va a volver a la casa. Terminemos con todo esto, por favor". Facundo Capristo tenía la voz quebrada. Aún no habían pasado 10 horas desde que un chico de 14 años había vaciado el cargador de una pistola calibre 9 mm sobre el cuerpo de su padre. Son millones de personas en todo el país las que sufren el mismo dolor de este joven de 24 años. Son millones los que gritan basta. Son millones los que aspiran a que se encuentre una solución y los que, a diario, lo único que escuchan es una discusión, un enfrentamiento verbal entre miembros de los distintos poderes del Estado que hasta el momento no redundó en beneficios para la sociedad.
Es evidente que ya no se puede tapar el sol con las manos. Que por más que primen las garantías y los derechos humanos, que todos los pactos y convenciones a los que adhirió constitucionalmente la Argentina establezcan que los menores son intocables, que la mano dura y la pena de muerte deban ser sólo malos recuerdos de años afortunadamente ya pasados, algo se debe hacer.
No deja de llamar la atención la opinión del vocal de la Corte Eugenio Zaffaroni, un verdadero garantista a la hora de analizar y de resolver fallos. El criminólogo trata de encontrar una salida acorde con los tiempos que vivimos. Dice no a bajar la ley de imputabilidad. No a llenar de menores las cárceles, los institutos de rehabilitación y las comisarías. Pero dice sí a someter a los adolescentes desde los 14 años a un proceso penal igual al que se lleva adelante contra los adultos. ¿Qué sucederá entonces? Los jueces tendrán la oportunidad de valorar las pruebas y de determinar una responsabilidad penal. Por ende, podrán declararlo culpable o inocente. El problema, irresuelto, y sobre lo que Zaffaroni no se explayó, se plantea con el castigo. Si el menor de 14 años que mató a Daniel Capristo en la noche del miércoles en Valentín Alsina es encontrado culpable, ¿qué se hará con él?
La normativa actual
Hoy los menores de entre 16 y 18 años pueden ser juzgados. Cuando cumplen 18 son sometidos a un proceso oral por miembros de un Tribunal que determina la responsabilidad penal o no del imputado. En caso de ser hallado culpable, es el juez de Menores el que impone una pena, que puede ser de privación de libertad. Eso significa que entonces podrá ir a la cárcel. Daniel Scioli, gobernador de la provincia más azotada por la inseguridad, aprovechó ayer la contingencia y volvió a pedir que los menores puedan ser imputados desde los 14 años. A ningún argentino le hace bien que este debate se plantee en tiempos eleccionarios. Son los momentos en que los políticos son más políticos que nunca. Sus palabras lo único que pretenden es acercar votos. Scioli lo sabe. Fue ungido por el ¿ex? presidente Néstor Kirchner para encabezar una lista por Buenos Aires, aunque el ex motonauta todavía no haya dado el sí público. Ayer, en la mayor provincia del país, todos se desgarraban las vestiduras. En el acto se organizó una marcha contra la inseguridad y hoy decenas de camioneros (Capristo era uno de ellos) se manifestarán con sus vehículos exigiendo cambios. ¿Cambios en qué?
Las palabras de Facundo Capristo laceran: "cuánto más quieren hacer con los derechos humanos? ¿Y el derecho de mi papá? ¿Y el derecho de mi hermano de ver a su papá todos los días? ¿El derecho de mi papá de ver a sus hijos todos los días crecer? Todos los derechos se los sacó un pendejo de 14 años. ¿Va a venir a explicármelo Cristina? No me lo explica nadie, no me lo hace entender nadie". Seguramente Néstor Kirchner lo escuchó. Y el hombre detrás del poder salió a responderle durante un acto en campaña en la localidad bonaerense de San Miguel. "Es hora de que el Congreso comience a discutir seriamente cambios en la ley penal del menor", dijo Kirchner, mirando a Scioli. Más juntos que nunca. Más candidatos que nunca.
Realmente es una lástima. La inseguridad es el tema que más preocupa a los argentinos. Y ahora será utilizado como botín de guerra. Más promesas atraerán más votos, pensarán. ¿A quién le está pidiendo Kirchner que inicie un debate serio? ¿Al mismo Congreso que escuchó a la ministra Ocaña decir que se debía declarar la emergencia sanitaria en el marco de la lucha contra el dengue, a lo que todos estuvieron de acuerdo y luego, a la hora de la votación y tras un increíble llamado de la presidenta Cristina Fernández postergó del debate para no ser tapa de todos los diarios del mundo por la epidemia de mosquitos? No es serio.
Las políticas de seguridad no se hacen de un día para otro. No se puede pensar en rehabilitar primero y al otro día en matar a golpes. La camarista María del Pilar Prieto lo dijo claramente hace una semana, al inaugurar un curso de Criminología: "No se puede cambiar de un día para otro una política equivocada que se sostiene desde hace 20 años". La desigualdad social, la marginalidad extrema, la corrupción en las más altas esferas del poder, la falta de oportunidades y la injusticia son caldo de cultivo de la delincuencia. ¿El Congreso también comenzará un debate definitivo y serio sobre estos tópicos?







