Cuando la economía es la que testimonia
La Argentina del primer trimestre mostró su ingreso a la recesión global. Sin embargo, el Gobierno dice que lo peor ya pasó y juega a las elecciones. Por Marcelo Aguaysol - Redacción LA GACETA.
Llegamos a la meseta. A partir de ahora viene la recuperación. Desde esa óptica oficial, la economía va mostrando un rumbo menos adverso para la política. Y el gobernador José Alperovich testimonió, con aquellas palabras, la sensación kirchnerista de que el mañana será mejor que el hoy, y que los fantasmas que acechan al poder se están disipando. Sin embargo, la recesión aparece como una mala palabra en tiempos de elecciones y los economistas (sin distinción de ideologías) constituyen la nueva oposición, la que con sus mediciones y sus proyecciones destroza el escenario económico que el kirchnerismo trata de sostener a través de los cada vez menos creíbles índices del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).
Son los números
Hay restricciones importantes en todos los sectores como para afirmar que la reactivación está en marcha. El primer trimestre del año ha dejado pruebas cabales de que la Argentina ha ingresado en el terreno más difícil de la crisis global. La incertidumbre ha terminado por convencer a propios y a extraños de que no es conveniente avanzar con proyectos hasta tanto pasen las elecciones del 28 de junio. Hay una suerte de retraso -por no hablar de una paralización- de iniciativas importantes de inversión. También una retracción del consumo, lo que hizo descender el nivel de actividad económica. Esta contracción venía evidenciándose desde hace un año por problemas internos más que por la debacle financiera mundial.
Los anuncios que se hicieron desde la Quinta de Olivos para reactivar la economía perdieron su poder de fuego. No hay una invasión de heladeras; mucho menos de bicicletas. Cada vez son severas las restricciones para acceder al crédito y hasta el mismo Gobierno debió apelar a los recursos previsionales para tapar los agujeros en la caja.
La población observa que la inflación es cada vez menos real y no entiende mucho qué sucede con el dólar; sin embargo, ha considerado que la moneda estadounidense es el mejor refugio para aquel que aún tiene ahorros.
La economía argentina actual es más testimonial que las candidaturas kirchneristas. Se puede dar fe de su evolución con sólo mirar algunos indicadores. La política, en cambio, depende de la fe financiera oficialista, del apego al desembolso del dinero público para captar voluntades.
Son las ecuaciones
Tucumán se ha convertido en el laboratorio de operaciones kirchnerista. Alperovich es como el ratón blanco del proyecto. Néstor Kirchner sabe que vencerá en el distrito, porque considera que el gobernador de turno ya pagó todo el costo político que debía abonar por la aplicación de medidas impopulares. Reajustó los impuestos; autorizó los incrementos en los servicios públicos privatizados; negoció incrementos salariales en el sector público y hasta pateó para más adelante algunos problemas que podrían haber causado más desempleo en la provincia. Pidió subsidios nacionales para sectores privados en crisis. Y hasta le sacó financiamiento discrecional a la Casa Rosada para seguir cortando cintas en las obras públicas. Anunció una reducción del gasto en torno de los $ 500 millones anuales y, desde hace dos meses recortó partidas a todas las áreas del Gobierno (a razón de $ 1 millón diario). El ajuste del gasto público puede ser efectivo o circunstancial. El misterio se develará en agosto, un mes en el que el Estado suele hacer la ampliación presupuestaria para justificar los ingresos y los egresos extra. Sin embargo, en la Argentina kirchnerista hay reactivación. Todo fue a parar bajo la alfombra oficial hasta nuevo aviso.
Son amores políticos
Pero Kirchner vencerá, pero no ganará. En la lógica electoral, el oficialismo puede alcanzar los votos suficientes como para decir que resultó victorioso en la compulsa de junio, pero las dudas crecen acerca de cómo terminará el tablero del Congreso. El ex Presidente se apoyó en sus dirigentes territoriales, tal como Alperovich lo hará en los legisladores, intendentes, comisionados rurales y aliados políticos. En la sumatoria, no habrá derrotas.
El consumo se ha retraído. Por más ventajoso que sea el producto que se coloque en la vidriera, muy pocos atesoran fondos extra para adquirirlo. Ante el ajuste del gasto y la caída de las expectativas económicas, el consumidor no encuentra incentivos para alentar la actividad. Más allá de la lógica kirchnerista, en la política argentina pasa lo mismo que en la economía. El kirchnerismo teje y desteje candidaturas, mientras la oposición no se pone de acuerdo siquiera en el proyecto que ofrecerá en junio. No sabe hilvanar los mensajes testimoniales que necesita una sociedad embargada por la recesión, más que por la elección.







