BUENOS AIRES.- Quienes alguna vez vivieron un déjà vu, habrán sentido un atemorizante escalofrío anoche en La Bombonera. Y no precisamente porque Boca haya tropezado con Guaraní, si no porque se dio un encuentro casi calcado del que ambos habían disputado hace unas semanas en Paraguay. El resultado fue el mismo: 3 a 1 a favor del auriazul, con goles de Martín Palermo, Rodrigo Palacio y Juan Román Riquelme, los mismos tres ases que cambiaron el rumbo de un pleito complicado en el partido de ida. La única diferencia fue que en esta ocasión Boca no comenzó abajo en el marcador.
Apoyado en Jonathan Fabbro, Guaraní enloqueció en los minutos iniciales al local, pero no pudo sellar su autoridad en el marcador y terminó padeciéndolo. Al minuto, Paniagua estrelló un remate en el travesaño y toda La Ribera tembló. Menos la dupla Pa-Pa, que aguantó hasta pasado el primer tramo del acto inicial para hacer notar su presencia en el arco. Fue el número nueve quien abrió el camino de la victoria, todo gracias a un notable desborde del veloz bahiense, que desparramó a su marcador, se coló hasta el corazón del área chica y cedió el balón al “Titán” para que este sentenciara la jugada. Dos minutos después, a los 35’, fue Palacio quien aprovechó una gran asistencia de Román para sellar un 2 a 0 parcial que tenía olor a definitivo.
Sin embargo, los paraguayos no se dieron por vencidos. Menos aún Fabbro ni el propio Paniagua que, en el ocaso del primer tiempo, dejó a cuatro anfitriones en el camino (incluido Abbondanzieri) y descontó.
Boca no se desanimó; es más, dominó a voluntad en el complemento y terminó bajándole la persiana al partido gracias a un penal -mal sancionado- que ejecutó como los dioses Riquelme.
Punto final a un choque que dejó a Boca a un paso de clasificarse a los octavos de final. (Especial)
Un trío mortal
El tridente ofensivo Palermo-Palacio-Riquelme fue una tromba. El “Titán” abrió el marcador, luego le siguió Palacio, mientras que Román sentenció el juego con una exquisita definición en la ejecución de un penal. Lástima que ese penal fue un invento del árbitro.

ANALISIS
Sangre tucumana
Por Guillermo Monti - Prosecretario de Redacción

Hace pocas semanas, se daba por hecho el pase de Juan Angel Krupoviesa a Independiente. LA GACETA lo ubicó en Buenos Aires, con la intención de corroborar la información, y el tucumano fue enfático. “No me voy a ninguna parte”, declaró. La apuesta fuerte que eligió fue dar batalla en el seno de un plantel de estrellas. Plantel en el que, no está de más recordarlo, parecía no tener cabida.
No se achicó en la mala Krupoviesa. Ni las lesiones ni una intrascendente aventura europea le desinflaron el espíritu. Y anoche tuvo una linda revancha.
Por alguna razón que desconocemos, los periodistas estrella de Fox Sports no suelen tratar bien a Krupoviesa durante las transmisiones. Ayer no les quedó más remedio que elogiarlo.
Recordemos que en algún momento se habló de él como firme candidato a la Selección. Y que Boca compró su pase porque Krupoviesa se rompió el lomo y se hizo un nombre con la camiseta de Estudiantes. No es poco.
No es Roberto Carlos. Todos lo sabemos; él lo sabe. Krupoviesa es un honesto profesional del fútbol del que los tucumanos bien debemos enorgullecernos.









